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Teología de la propiedad

Advertencia: lo que sigue es una especulación teológica desplegada por quien no cuenta con ninguna forma de preparación formal en asuntos teológicos. Si uno ve a un sujeto haciendo malabares con barras de plutonio en la calle, puede que se acerque por lo novedoso, pero lo hace a su propio riesgo. Valga como advertencia.

Con Jorge conversábamos acerca del fundamento filosófico de la propiedad, a fin de poder conocer si el derecho de dominio que una persona tiene sobre una cosa puede ser limitado por el Estado, la razón o el bien común, o se trata de una facultad absoluta que tiene el dueño de la cosa. De mis lecturas en asuntos de teología, filosofía y religión, que no es tanto tampoco pero ciertamente superior al promedio, no he encontrado una reflexión directa acerca de un aspecto tan importante de la condición humana como puede ser la propiedad. Resulta llamativo, si pensamos que la Iglesia lleva casi dos milenios escribiendo acerca del ser humano y el dominio de los bienes materiales es algo con lo que nos encontramos día a día, y uno de los mandamientos se refiere expresamente a esa relación; pero a la vez es comprensible al observar que el cristianismo pone énfasis en la pobreza y el desapego de los bienes materiales.

Entonces, tal vez podamos compartir algunas ideas acerca de cómo entender la propiedad y el dominio, desde un punto de vista cristiano.

Un primer principio básico es que Dios crea el cielo y la tierra, el universo visible y el invisible, de la nada; el segundo, que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. Del primer enunciado se sigue que Dios no le debe nada a nadie, ni a otra criatura ni a una materia prima preexistente, en tanto que todos le deben su ser a Dios, tanto en su origen como en su permanencia, y que Dios es soberano en su relación con sus criaturas, es decir, que puede crearlas y destruirlas a su plena voluntad, sin que ninguna pueda reprocharle falta de justicia.

Si tomamos esto como un principio para entender la propiedad y lo combinamos con el segundo principio (hombre creado a imagen y semejanza de Dios), vemos que el ser humano también puede adquirir el dominio de las cosas que él ha creado. Pero ¿cómo crea el hombre?

Es interesante anotar aquí otra riqueza más en el relato de la creación que encontramos en el Génesis, y que es pertinente al tema de la propiedad y el trabajo. Si la Biblia relata que Dios descansó en el séptimo día ¿Qué estaba haciendo los otros 6? Desde luego estaba creando el mundo, pero tácitamente nos muestra a Dios que estaba trabajando, pues el descanso sólo tiene sentido luego de trabajar. Esto nos lleva a observar que el primer capítulo del Génesis parece establecer una equivalencia entre trabajar y crear: quien trabaja, crea, y contrariamente a lo que parecen pensar algunos que se consideran artistas, la creatividad es un trabajo. Luego, el trabajador se hace dueño del producto de su esfuerzo, de modo análogo a como Dios es dueño de su creación.

Estos actos de creación nunca serán iguales a los de Dios porque el ser humano no crea de la nada, sino que toma lo que existe en el mundo y le imprime algún cambio. Por lo tanto, la soberanía y dominio que tiene un hombre sobre una cosa es amplia, pero no absoluta, sino que se encuentra limitada por la naturaleza impresa por Dios en las cosas. Así por ejemplo, si Dios dispuso que el hombre se pueda alimentar del maíz, yo puedo hacerme dueño del maíz a través de mi trabajo, pero mi dominio debe reconocer la naturaleza de la maíz como alimento, y así sé no puedo convertirlo todo en biocombustible si existen personas que están muriendo de hambre (o almacenarlo, o dejar que se pudra, o venderlo a un precio que evite que se alimenten).

Por esta vía podemos arribar a la antigua expresión de sensibilidad católica que enseña que no somos dueños de nada en este mundo, sino meros administradores. En efecto, las cosas que llamamos nuestras, son en un 99% de creación divina, sólo el resto es modificación del hombre. Por ejemplo, en un pastel, el huevo, la leche, el trigo, el calor, la forma cómo reaccionan al combinarse, nuestra capacidad de entender la receta, nuestro cuerpo que nos permite asir cosas, son todas creaciones del designio divino, sólo la voluntad de ponerlos juntos es nuestra.

Otro principio enseñado por la Iglesia es que el alma de cada ser humano es creada directamente por Dios, lo que impide que un ser humano sea propiedad de otro, porque ya es creación directa de Dios. Un animal doméstico también es creación en gran parte de Dios, pero a través de los medios naturales, por lo que podemos apoderarnos de él mediante el trabajo que implica mantenerlo y domesticarlo, o como fruto de otro animal que ya poseemos. En el hombre la cosa es diferente, la creación de Dios no procede por medios naturales, sino que cada alma es creada directamente por Dios, por lo que no puede ser esclavo de otro.

Como cada hombre pertenece esencialmente a Dios, puede vivir su vida de la forma que estime conveniente, siempre que no contradiga aquello para lo cual fue creado. Así, no puede vender su dignidad o su libertad, ni siquiera su vida, porque no las posee. Al insistir en la resurrección de los muertos, el cristianismo nos enseña también que la dignidad del hombre comprende no sólo su alma (donde radican aspectos como la dignidad y la libertad), sino también su cuerpo, de lo que se sigue que el ser humano tampoco puede vender órganos, o su cadáver para ser exhibido como entretención después de su muerte.

Este desarrollo nos permite arribar a un concepto de propiedad que es anterior al Estado, pero que a la vez no es absoluto, y que permite distingue entre la propiedad de los hombres sobre otras cosas, y la libertad que tienen sobre sí mismos.

Se podrá criticar que este concepto depende demasiado de bases religiosas, pero para mí, que ya cuento con ese fundamento, resulta superfluo y redundante buscar nuevos principios, que seguramente tendré que sacar del sombrero de mago.

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Categorías:Religión
  1. musa
    29/01/10 en 1:32 pm

    “Luego, el trabajador se hace dueño del producto de su esfuerzo” Para la mayoría de la población mundial esto es incierto.

    • 29/01/10 en 2:36 pm

      Lamentablemente la esclavitud no ha podido ser erradicada, pero no diría que eso es cierto para la “mayoría de la población mundial”. En occidente, al menos, la mayoría recibe dinero por su trabajo ¿Tienes algún caso en mente?

  2. 29/01/10 en 2:52 pm

    No consideraré la parte del argumento que apela a la existencia de dios por razones obvias, son sacadas del sombrero del mago. Partiré desde el argumento entre propiedad y trabajo.

    En primer lugar, no es extraño que en la Biblia se hable del trabajo, pues el ser humano lleva varios millones de años –mucho antes que se escribiera la Biblia- transformando con sus manos la naturaleza y el entorno.

    La caza y la recolección incluso los dibujos en las cavernas son formas de trabajo y creación primitivas sin las cuales la especie no hubiera sobrevivido.

    Lamentablemente ahora se asocia el trabajo con una actividad constante, con horarios, remuneraciones. Una mentalidad de monasterio como decía Weber. Pero escribir poesía, pintar, tocar música, también son un trabajo.

    En segundo lugar, si un hombre crea una escultura con un pedazo de madera de un árbol, esa obra es su propiedad en absoluto, no sólo porque generó un cambio en la naturaleza de una cosa, sino también porque le imprime su espíritu o personalidad, sus ideas a su creación. La escultura no es el árbol sino algo distinto.

    ¿Alguien osaría decir que esa escultura no le pertenece del todo o que su dominio sobre su obra no es absoluto?

    Por eso tu argumento, al decir que “la soberanía y dominio que tiene un hombre sobre una cosa es amplia, pero no absoluta, sino que se encuentra limitada por la naturaleza impresa por Dios en las cosas” es errado. Si fuera así, entonces un Dalí, también le pertenecería al fabricante de pinturas, al que hizo la tela, al que cortó la madera del marco, al que hizo los pinceles, etc…

    Sin embargo, sabemos que ese Dalí es único. Por eso, aún cuando esos mismos fabricantes hubieran reunido esos materiales, sin Dalí, no habría un Dalí pues era necesario su genio para producir una idea en una pintura. Lo mismo se aplica a cualquier cosa creada.

    En cuanto a tu ejemplo de maíz, lo menciona Locke, en cuanto a que uno no debe desperdiciar productos que naturaleza dispone si no los usa. Pero eso se aplica a productos que están disponibles sin depender de la acción del hombre. Sin embargo, todos los productos, incluso el maíz, no crecen espontáneamente sino que hay un trabajo y cuidado.

    En tercer lugar, dices “nuestra capacidad de entender la receta, nuestro cuerpo que nos permite asir cosas, son todas creaciones del designio divino, sólo la voluntad de ponerlos juntos es nuestra”. ¿Y qué pasaría si no hubiera voluntad? ¿No depende acaso de eso la preservación de lo creado por dios?

    ¿Por qué dices los animales son creaciones “a través de medios naturales para distinguirlo del ser humano? ¿Somos creados por medios artificiales?

    En cuarto lugar ¿Para qué fuimos creados? ¿No podemos donar órganos?

    • 30/01/10 en 10:53 am

      Por eso tu argumento, al decir que “la soberanía y dominio que tiene un hombre sobre una cosa es amplia, pero no absoluta, sino que se encuentra limitada por la naturaleza impresa por Dios en las cosas” es errado. Si fuera así, entonces un Dalí, también le pertenecería al fabricante de pinturas, al que hizo la tela, al que cortó la madera del marco, al que hizo los pinceles, etc…

      Si Dalí pagó por esas cosas, le pertenecen, así como la obra que hizo con ellas. En las creaciones artísticas casi no caben límites al dominio porque su impacto en los demás es mínimo.

      Sin embargo, todos los productos, incluso el maíz, no crecen espontáneamente sino que hay un trabajo y cuidado.

      Luego, según Locke, el sembrador ¿podría vender el maíz a Petrobras y dejar que sus vecinos mueran de hambre?

      ¿Y qué pasaría si no hubiera voluntad? ¿No depende acaso de eso la preservación de lo creado por dios?

      Si no hay voluntad no hay pastel. La segunda pregunta no la entiendo.

      ¿Por qué dices los animales son creaciones “a través de medios naturales para distinguirlo del ser humano? ¿Somos creados por medios artificiales?

      Porque cada alma humana es creada sobrenaturalmente, por intervención directa de Dios.

      ¿Para qué fuimos creados?

      Para conocer a Dios y, adorándole, compartir su eterna felicidad.

      ¿No podemos donar órganos?

      Podemos entregar nuestros órganos para que sigan cumpliendo la función con que fueron creados. No podemos venderlos como si fueran cosas.

  3. Jorge
    30/01/10 en 12:25 pm

    1) DICES: Si Dalí pagó por esas cosas, le pertenecen, así como la obra que hizo con ellas. En las creaciones artísticas casi no caben límites al dominio porque su impacto en los demás es mínimo.
    ¿Sólo en las creaciones artísticas? ¿Y si fabrico unas sillas y una mesa no son de mi absoluta propiedad?

    2) El sembrador puede hacer lo que quiera con el maíz que trabajo y cuido, venderlo, regalarlo, etc. ¿Por qué pretendes dirigir un intercambio libre? ¿Acaso lo obligarías a regalarlo?
    El único pero en cuanto a tu pregunta, sería que acaparará más tierras, dejando que una parte del maíz se pudra. El ejemplo de Locke y las nueces es muy claro. Si tomas muchas nueces, más de las que puedes comer y dejas que se pudra, has hecho un robo, porque otro pudo haberlas tomado para sí.

    3) Bingo. “Si no hay voluntad no hay pastel”. Y la pregunta dios refiere a eso. Sin la voluntad del hombre, no habrían muchas cosas que dios no creo realmente. No habría esculturas, ni hermosa música, ni bellos jardines… Si todos fuéramos flojos y zánganos esperando el maná, moriríamos y “la máxima creación de dios, su imagen y semejanza” perecería en días…

    4) “Porque cada alma humana es creada sobrenaturalmente, por intervención directa de Dios”. ¿Y la vida del perro, del águila, la crea qué? ¿Otra cosa que tiene la misma capacidad de dios? ¿La naturaleza es otro dios entonces? ¿O ellos no tienen alma? ¿O relacionas alma con razón, con sentimientos? Vamos, esto se pone interesante.

    ¿Los órganos no son cosas? ¿Por qué puedo vender mi fuerza física y mental (convertida en fuerza de trabajo) y no mis órganos, si provienen del mismo lugar? ¿Cuál es la diferencia?

    • 1/02/10 en 9:18 am

      1) En tanto hayas adquirido válidamente las materias primas, la silla y la mesa son de tu propiedad, no hay duda en ello.

      2) Estoy de acuerdo con Locke, pero voy más allá: suponiendo que las nueces crecieron en mis árboles ¿Por qué sería un robo la mera posibilidad de que otro las haya tomado para sí? Mi respuesta es esta teoría cristiana de los límites de la propiedad. La de Locke, no la conozco.

      4) La tradición escolástica habla de que las plantas tienen un alma vegetativa, los animales suman a ella un alma sensitiva, y el ser humano agrega a las dos anteriores un alma racional. Los tres tipos de alma son creadas por Dios, pero a través de medios diferentes: las dos primeras por medios naturales, la última por intervención sobrenatural directa, y por ello es la única inmortal.

      5) Porque cuando se habla de “vender mi fuerza física” se entiende que lo que entregas es tu trabajo, o el resultado de éste, no tu cuerpo mismo. Los órganos, en cambio, se identifican con tu cuerpo.

  4. 1/02/10 en 10:23 am

    1) Qué significa según tú, “haber adquirido validamente algo”?

    2) Si tu cuidaste los árboles, eres dueño de sus frutos también. Claramente.

    3) No explicas la diferencia entre el modo natural y el modo sobrenatural en que son creadas unas almas y otras. No dices nada.

    4) Pero resulta que mi trabajo es producto del trabajo de mis órganos, de mis extremidades, de mi mente. Si mis pulmones no me pertimen respirar no puedo cortar leña. De hecho, aquí contravienes tu propia teoría de la propiedad.

    • 2/02/10 en 9:24 am

      1) Haber adquirido por alguno de los medios que permiten a las personas adquirir el dominio de las cosas: tradición, accesión, prescripción, ocupación… y creo que se me olvida otro.

      2) Claramente, pero la pregunta es “Si soy dueño ¿por qué no puedo dejar morir de hambre a otro?” Mi respuesta es la que di, la de Locke la ignoro.

      3) ¿Quieres que te diga cómo Dios crea un alma humana? te aseguro que no lo sé. Cómo se crea un alma sensitiva se lo dejo a los biólogos (aunque ellos no usen la palabra “alma”).

      4) ¿Propones que vender el fruto de mi cuerpo (mi trabajo) es esencialmente lo mismo que vender mi cuerpo? Me parece que la diferencia es evidente: si vendo mi trabajo conservo la libertad de cortar leña, tirar de un carro u holgazanear; si vendo mis pulmones, me muero.

  5. 2/02/10 en 9:50 am

    Claramente, si vendes tus pulmones mueres, al igual que si trabajas sin parar por varios días sin comer o tomar agua. Pero nadie hace lo segundo por lo mismo y probablemente tampoco lo primero.

    Sin embargo, si estoy enfermo y sé que morire ¿Podría vender mis órganos sanos -los que no están dañados- para que alguien los use en investigación por ejemplo?

    • 2/02/10 en 10:27 am

      Claramente, si vendes tus pulmones mueres, al igual que si trabajas sin parar por varios días sin comer o tomar agua. Pero nadie hace lo segundo por lo mismo y probablemente tampoco lo primero.

      Ninguna de las dos posibilidades (vender tus pulmones o trabajar hasta morir) son aceptables, mas si el vender tu trabajo. La diferencia es evidente.

      Sin embargo, si estoy enfermo y sé que morire ¿Podría vender mis órganos sanos -los que no están dañados- para que alguien los use en investigación por ejemplo?

      Podrías donarlos, pero no venderlos, y quien los reciba no podrá a su vez venderlos o usarlos para lo que quiera, como si fueran cosas, sino que deberá tratarlos con el respeto debido al cuerpo humano.

  6. 2/02/10 en 3:58 pm

    Pero alguien puede vender su esperma, su sangre. ¿Qué lo impide? Y eso no implica que esté de acuerdo necesariamente.

    Y fíjate que lo mismo se aplica en la venta, puedo venderlos. ¿Qué lo impide?

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