Inicio > Sexualidad > Galería familiar

Galería familiar

Tengo un hermano de 21 años, que entró a estudiar medicina en otra ciudad y su padre (somos hermanos por parte de madre), que tiene buena situación económica, le compró un automóvil en premio por su esfuerzo en los estudios. Dicho de otro modo, mi hermano tiene un futuro brillante por delante, y naturalmente mi madre está aterrada.

Ella sabe que un muchacho joven, simpático, bien parecido, inteligente y con infinitas posibilidades es el yerno perfecto, y teme que alguna pérfida jovencita, tal vez alguna “polola” instigada por su oscura madre, se embarace de él, y lo deje “clavado con una guagua” como decimos por acá.

Creo que nadie podría decir que sus temores son injustificados.

Yo, por mi parte, cumplí 35 años y, a pesar de que mi petición diaria a NSJC es que me envíe más hijos, sólo tengo una hija de 7 años. Hemos visitado muchos médicos, ninguno ha sido capaz de determinar las causas de esta situación, pero todos están de acuerdo en que cada día que pasa disminuye las posibilidades de alcanzar un nuevo embarazo, pues se sabe que la fertilidad alcanza su punto más alto alrededor de la segunda década de vida, y luego comienza a disminuir.

Ambas situaciones, tanto la mía como la de mi hermano, son producto del contexto cultural en que vivimos. En concreto, crecimos en una cultura extremadamente compleja y tecnificada, en la que ninguna persona con menos de 20 años de educación formal puede aspirar a desenvolverse razonablemente bien, y si se quiere aprovechar todas las posibilidad que la sociedad nos ofrece, ese período dedicado exclusivamente a la formación puede extenderse fácilmente hasta 25 o 30 años. Si sacamos la cuenta que un niño ingresa a la educación formal a los 3 ó 4 años, esta situación implica que una persona no puede pensar en formar familia con menos de 25 años.

Al comparar esto con la vida que han llevado los seres humanos durante otras épocas, e incluso hoy en los lugares donde la cultura occidental no ha penetrado, parece que vivimos en una gran anomalía. En efecto, fuera de Occidente, la gran mayoría de los trabajos disponibles son poco especializados, con lo que el período de aprendizaje es mínimo, o prima en ellos el uso de la fuerza física, y, en cualquiera de los dos casos, un varón de 15 ó 16 años puede proveerse de medios para llevar una vida razonablemente plena (a vista de su comunidad) y pensar en formar una familia.

Entonces, la diferencia de lo que ocurre en la cultura occidental moderna y la condición “normal” de la humanidad, estriba en formar una familia a los 17 o a los 25 años. El problema es que la biología es la misma en ambos contextos y ella apunta a que las personas inicien su vida sexual alrededor de los 16-17 años. Así, en un caso la cultura se encuentra “ajustada” al reloj biológico, y en el otro no, pero la biología siempre triunfará sobre la cultura (incluida la cultura anticonceptiva) y el resultado será el problema del embarazo adolescente en Occidente, y sin solución a la vista.

Volvamos ahora a mi breve galería familiar, y pongámonos en el peor de los casos ¿Qué ocurriría si mi hermano efectivamente queda embarazado? Pasado el nerviosismo, drama familiar, y todo lo demás, lo más probable es que reconozca su paternidad (más allá de la biología, el muchacho es bueno y responsable), el niño quede al cuidado de su madre y de su abuela materna, mientras que el abuelo paterno, que en el fondo recibirá feliz un nieto más, pagará los gastos de alimentos y mantención hasta que mi hermano tenga la posibilidad de hacerlo por sí mismo, sin interrumpir sus estudios de medicina.

Dentro de las alternativas posibles, ciertamente que este “embarazo adolescente” no es una catástrofe para ninguno de los involucrados: aunque lejos de ser una situación óptima, el resultado a largo plazo será que mi hermano terminaría su carrera, el bebé tendría un padre al que conoce, que a su vez podrá apoyarlo y que mantiene una relación razonablemente fluida con su madre, y sería la luz de sus ojos para los alegres abuelos. No vamos a especular acerca de la madre, pero si ella tuviera la posibilidad, probablemente también terminaría sus estudios. No suena tan malo ¿no?

Pues bien, este resultado es posible gracias al apoyo económico y familiar que viene a través de los abuelos. La pregunta, entonces, ¿será posible replicar estos resultados a través de un programa estatal?

Antes de responder, consideremos otro aspecto ¿Cuál es el verdadero problema con el embarazo adolescente? Desde luego, no es el embarazo en sí, pues las jóvenes tienen un proceso de gestación más saludable, con menos molestias y bebés más sanos que las mujeres de mayor edad. El problema viene por el lado de la crianza, por la falta de recursos y madurez psicológica, y porque el tiempo y cuidados que exige  un cachorro humano muy generalmente hace imposible continuar con la educación formal.

Otro problema, de particular interés para mí y asociado al embarazo adolescente, es la delincuencia. Según una encuesta de la Defensoría Penal Pública, en el universo de las personas actualmente encarceladas en Chile, el 80% declara que su padre también pasó por la cárcel, de lo que se siguen 3 consecuencias relevantes respecto de los padres: que estuvieron ausentes, que fallaron en transmitir a sus hijos normas de comportamiento válidas, y que pusieron a sus hijos un mal ejemplo de comportamiento.

Todo lo anterior es un preámbulo para que consideren esto:

En el fondo, se trata de que el Estado apoye a las parejas jóvenes que se encuentran embarazadas o que planeen estarlo en breve tiempo, a través de un apoyo económico y educativo-laboral, de manera que esa situación lleve aparejada la menor cantidad posible de costos traumáticos para su vida.

Antes de seguir ¿Por qué hablo de “parejas embarazadas”? Pues porque ya es tiempo que la comunidad deje de ver a la mujer como la que tiene el “problema” del embarazo. Un agresor sexual es apenas más despreciable que el varón que deja embarazada a una mujer y luego no se hace responsable de las consecuencias de sus actos, y va siendo hora que la sociedad reconozca la gran injusticia que se le hace a una mujer en esa situación.

Pero como tampoco se trata de mero asistencialismo, sino de entregar herramientas para que cada uno pueda continuar su vida en las mejores condiciones posibles, ese apoyo estatal debería ir acompañado de contraprestaciones por parte de la pareja:

En primer lugar, debería haber un compromiso serio de ambos de participar de forma activa y cercana en la educación del niño. Esto incluye la obligación de fidelidad mutua, porque parte esencial de la educación de un niño es ver que su padre (al menos) respeta a su madre.

En segundo término, debería haber un compromiso mutuo de apoyarse en la educación. Hoy se discute en Chile por el prenatal de 6 meses, pero ¿no sería mejor que la madre pudiera cuidar a su hijo hasta los 2 ó 3 años? En tal caso el hombre deberá seguir estudiando, y trabajando luego, con el compromiso de que, una vez que el niño empiece su educación pre escolar, el padre destine parte de sus ingresos a los gastos de la educación de la madre.

Esto es de justicia, porque el hijo es de ambos, y si el padre contó con el tiempo para educarse (lo que luego le permitió obtener un mejor sueldo) es exclusivamente gracias a que la madre estaba supliéndole en la labor que él también debía cumplir.

A cambio de estos dos compromisos asumidos por la pareja, el Estado se obligaría a garantizarles educación y trabajo.

Por ejemplo, un varón de 19 y una mujer de 17 se encuentran embarazados, postulan al programa y son seleccionados; el varón continúa sus estudios por la mañana por 4 años más, se los paga el Estado, junto a un sueldo mínimo. Al 2° ó 3er año el padre comienza a trabajar por las tardes, obteniendo su propio ingreso, y si al cabo de obtener su grado académico no encuentra trabajo, el Estado le proporciona uno en una empresa asociada o en un servicio público. Por su parte, al cabo de 3 ó 4 años dedicados a la crianza del hijo común, la mujer continúa con sus estudios por 5 ó 6 años más, que son cofinanciados entre el Estado y el padre del niño, y dentro de lo posible en un horario acomodado a la jornada escolar de  su hijo.Así, al final de la intervención, tienen 29 y 27 años respectivamente, ambos con 20 años de educación formal por igual, y uno o dos hijos entre 7 y 10 años.

Esto último es muy importante, porque una de las principales razones por las que las mujeres son discriminadas en el ámbito laboral, para no ser contratadas o para pagarles menos, es por encontrarse en edad fértil o tener hijos pequeños, lo que hasta cierto punto es comprensible. En cambio, una mujer con dos hijos (según encuestas, las chilenas no quieren tener más de dos hijos) grandes tiene “la tarea hecha”, como se dice, y puede plantearse en igualdad de condiciones que un hombre en lo que se refiere a tiempo dedicado al trabajo.

Veamos algunas posibles objeciones:

¡Pero cómo se van a comprometer a tanto! ¡Son muy jóvenes!

Ciertamente que, desde el punto de vista biológico, se encuentran maduros, y desde el punto de vista psicológico, contarían con el apoyo de sus familias y de una agencia estatal que les prestaría orientación. Desde luego, para ingresar al programa se les haría una calificación psicológica para verificar que un programa como este es lo mejor para el bebé, y que se trata de una pareja con posibilidades de comunicarse y respetarse mutuamente.

Desde el punto de vista económico, se les garantizaría un ingreso mínimo familiar, en caso que no puedan conseguir por sí mismos uno mejor.

¿Pero no acabas de decir que sus decisiones no son confiables?

Ciertamente que esto no es para todos los casos; se debe seguir con la educación sexual, y seguirán habiendo embarazos adolescentes, pero por otro lado, si bien los jóvenes toman decisiones estúpidas “en el momento”, enfrentados a las consecuencias y en un momento de fría reflexión, son capaces de adoptar compromisos mucho más radicales y exigentes que los adultos, son más idealistas.

¿Y si no cumplen?

Todo lo que el Estado ha invertido en la pareja (educación, sueldos, orientación) se convierte en una deuda que se les cobra de sus ingresos futuros. Obviamente la idea no es que devuelvan el dinero, ni tampoco me planteo que la mujer deje de cumplir, porque generalmente son más responsables y de mejor criterio. Más bien propongo que exista la posibilidad de cobrar, como un costo a considerar, por ejemplo, cuando el padre se plantee la posibilidad de abandonar a su hijo o, peor aún, agredir a la madre de éste.

Algunas ventajas marginales

  • Mejor sexo, y todo el que quieras. Mejor, porque ya no es a escondidas ni con vergüenza, y porque más allá del sexo con amor se encuentra el sexo con amor y compromiso. Se trata de trabajar con la naturaleza y no contra ella.
  • Mejor educación, porque la mujer ya no tiene que terminarla a causa de un embarazo.
  • Mejor sueldo para las mujeres, porque al momento de salir al mundo laboral ya no las discriminarán por tener menos estudios o hijos que cuidar.
  • Mejor cuidado pos natal. Siempre será poco, 3 meses como ahora, o 6 meses como se propone, pero 3 años establecen un vínculo íntimo, que será esencial en el posterior desarrollo del niño.
  • Una población más joven. Tener hijos a una edad temprana abre la posibilidad de que las mujeres tengan más hijos durante su vida.
  • Menos delincuencia. La presencia del padre en las etapas tempranas de la formación mejora la internación de normas sociales en el sujeto en formación, y disminuyen la posibilidad de incurrir en conductas antisociales.

A modo de conclusión, insisto, esto no va a terminar con los embarazos adolescentes, sólo sería una herramienta más junto con la educación sexual, y sus limitados efectos.

PD: ¿Se fijaron que no se prohíbe nada? estoy muy orgulloso de eso.

Anuncios
Categorías:Sexualidad
  1. 9/01/10 en 11:14 am

    Él tiene 21 años. A los 13 0 14 años, ¿nadie le explicó cómo funcionan los anticonceptivos?

  2. 10/01/10 en 9:07 am

    En el fondo, se trata de que el Estado apoye a las parejas jóvenes que se encuentran embarazadas o que planeen estarlo en breve tiempo, a través de un apoyo económico y educativo-laboral, de manera que esa situación lleve aparejada la menor cantidad posible de costos traumáticos para su vida.

    Como esto supone más dinero y más impuestos, lo mejor es que se fomente la iniciativa privada, que es más eficaz y menos gravosa.

    • 10/01/10 en 5:08 pm

      Me alegro que no te haya parecido descabellado.

      Efectivamente sería una iniciativa costosa, pero creo que a la larga resultaría más barato que los gastos en cuidados de los niños en que incurre el Estado, y los gastos que genera mantener a una persona en prisión.

      Para interesar a los privados en un programa así, tendría que ser financiado por alguna fundación o algo parecido.

  3. 11/01/10 en 9:45 am

    Lo que describes, al hacer la comparación entre la cultura Occidental y otras antiguas o distintas, es la sociedad de capitalismo tardío.

    En cuanto a tu pregunta si “¿será posible replicar estos resultados a través de un programa estatal?”.

    Tomando en cuenta a Chile, su modelo económico y productivo, la respuesta es más un no que un sí.

    Pero algo que me llama la atención es que en el fondo tu propuesta implica la constitución de un estado de bienestar y contiene una profunda pretensión constructivista y de planificación.

    Con tu programa obligadamente se amplia el aparato estatal e impositivo, al pretender que “el Estado le proporciona uno en una empresa asociada o en un servicio público”. Tu medida es socialista.

    En general el problema central es la falta de recursos, pues tal como dices –sino caes en contradicción- la biología se impone sobre la cultura. Porque una persona de 18 años biológicamente hace tiempo es apta para procrear, cultural y educacionalmente no (y por tanto en cuanto al aparato productivo tampoco).

    Pero fíjate que la falta de recursos genera los otros fenómenos, deserción educativa, aborto ilegal, hacinamiento, violencia intrafamiliar, promiscuidad, delincuencia, etc.

    En cuanto a tus propuestas, algunas son inmedibles o ilusas partiendo por el compromiso de fidelidad mutua. Podría pasar algo como lo que ocurre con las hijas de uniformados, que tienen vidas maritales, pero no se casan legalmente para recibir el monte pio.

    En Chile se castiga la maternidad, por todos lados.

    Por ejemplo, sólo hasta el año de vida, una madre tiene derecho a la licencia que se le da a su hijo cuando se enferma, luego presumen -ridículamente- que un niño de 2 años se puede cuidar solo, o que todos tienen asesora del hogar o una abuela que los cuide cuando se enferman. Lo que no es cierto.

    Entonces, la madre se ve obligada a engañar al sistema de salud mediante licencias ficticias o simplemente debe faltar a su trabajo asumiendo el descuento de su sueldo e incluso el riesgo de despido. Toma en cuenta que una pesque cristal tiene 11 días de licencia y cálculo el descuento.

    Lo cierto es que no todos tienen dinero para pagar nanas, enfermeras o cuentan con la familia para que los cuiden cuando se enferman.

    Las madres en muchos casos trabajan porque necesitan hacerlo, porque sino lo hacen, no les alcanza el dinero para vivir tranquilamente, aún cuando el padre trabaje.

    Si te fijas, el incentivo para tener más hijos disminuye (aún cuando la mayoría quisiera tener muchos) si tomamos en cuenta que aún si ambos en la pareja trabajan (incluso en varias partes), no pueden acceder a una vivienda más amplia (para no estar hacinados) o asegurar una educación o una salud como la gente para sus hijos.

    Tus propuestas, para poder ser llevadas a cabo, implican transformar profundamente otras áreas.

    • 11/01/10 en 6:24 pm

      Me alegro que hayas tomado el tiempo de analizar mi idea… yo no la llamaría “propuesta” todavía.

      También noto que en mucho compartes mi diagnóstico ¡eso es bueno para mí! Si bien la falta de recursos genera muchos problemas, no debemos quedarnos ahí y esperar a tener los recursos para solucinarlos.

      Tienes razón en otras dos cosas más: costaría mucho dinero y requeriría transformaciones profundas. A lo primero sólo puedo decir que confío en que un desglose detallado arrojará que el dinero invertido se recuperaría con el dinero ahorrado en licencia médicas truchas, salas cunas y similares. A lo segundo ¡qué quieres que te diga! soy un revolucionario.

      Me llama la atención que se considere iluso un compromiso de fidelidad, porque si le preguntas a cualquier joven entre 16 y 20 años, te dirá que espera ser fiel a su pareja, y que ésta lo sea con él. Considera además que este sería un acuerdo voluntario: a nadie que no se haya comprometido formalmente se le exigiría, y sólo por 10 años. ¿Ha llegado a ser tan cínica la sociedad que es iluso pensar en ser fieles por un tiempo determinado?

  4. 12/01/10 en 8:53 am

    No cuestionó la pretensión de fidelidad ni digo que nadie quiere eso, sino que algunos podrían burlar esos acuerdos para recibir beneficios econonómicos sin generar los resultados requeridos por la política pública. Y eso tiene que ver con cómo monitoreas que la persona es fiel. Es muy difícil.

    No sé si viste el debate, pero ambos candidatos se centran sólo en el post natal, pero ninguno considera lo complejo que es cuidar a un hijo cuando se enferma y ambos padres trabajan y el castigo que se ejerce sobre la madre responsable que lo cuida.

    Algunos podrían decir: “Que contrate a alguien en esos días”. Pero no es llegar y dejar un hijo a manos de cualquiera. No es como contratar a alguien para cortar pasto o limpiar el auto.

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: