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Lo impensable

Para una cultura que declara que la sexualidad es el límite último de la privacidad y la libertad (“lo que hagamos en la alcoba no es asunto de nadie más”), no deja de ser llamativo que las políticas públicas acerca del sexo y la reproducción sean parte importante de la discusión pública en cada elección y del programa de todos los gobiernos occidentales. Me imagino a los hijos de los victorianos (que son los que hicieron la revolución sexual) intentando meter la sexualidad en una habitación sellada, mientras la energía y la luz se les escapa por cada rendija.

Debido en gran parte a esa extraña mezcla entre política pública y actividad privada, parece que las medidas que puede tomar un gobierno (salvo el de China) se reducen básicamente a dos: entregar anticonceptivos y proporcionar educación sexual. El resto es discusión acerca de a quién entregar los anticonceptivos y cuál será el contenido de los programas educativos, pero no pueden salir de ahí. Desde luego, de estas dos medidas, la segunda es la más importante, pues la distribución de anticoncepción va siempre acompañada de instrucción acerca de su uso.

Pero ¿se han puesto a pensar cuál es la premisa básica de la educación sexual?

En el fondo la idea de estos programas, es que los jóvenes entre 14 y 20 años cuenten con información precisa y veraz acerca de los riesgos emocionales, médicos y sociales asociados a la actividad sexual, particularmente la posibilidad de un embarazo y los métodos para prevenirlo, de manera que, enfrentados a la situación de un encuentro sexual, puedan tomar decisiones razonables y adecuadas al contexto en que se encuentran, de manera que actúen responsablemente conforme a lo que hayan decidido.

¿Algo les llama la atención de esto?

¡¡Es que es absurdo!!

Esa premisa se opone abiertamente a todo lo que siempre se ha sabido sobre el comportamiento de las personas entre 14 y 20 años, y que la realidad se encarga de recordárnoslo todos los días: los adolescentes son más impulsivos, irracionales y propensos a conductas peligrosas que los adultos (que, reconozcámoslo, no somos mucho mejores), tienen ideas irreales acerca de sus capacidades y su futuro (“eso le pasará a otros, no a mí”), no toman decisiones racionalmente, su juicio es influenciable, se alteran más por el consumo de alcohol y no calculan las consecuencias de sus actos. A consecuencia de esto, constantemente hay accidentes de vehículos y pendencias protagonizados por jóvenes, muchas veces con consecuencias mortales. Las leyes y la comunidad saben y reconocen esto, y por eso no le damos derecho a voto a los menores de 15 años, ni confiamos en ellos para firmar un contrato, aunque tengan el dinero.

Y sin embargo, todo esto desaparece mágicamente de nuestra mente cuando se trata de nuestro tema favorito, y ahí confiamos en que los jóvenes podrán tomar decisiones informadas y racionales acerca de su sexualidad y del uso de métodos anticonceptivos.

¿Y cuál es el resultado de nuestra quijotesca empresa de embestir contra la realidad? Pues que los embarazos adolescentes aumentan en todo occidente y, a pesar de llevar más de 40 años en esto, todavía no se escucha de algún gobierno que pueda decir “nuestra política de educación sexual ha sido exitosa”. Ante esto, nuestros intelectuales responden con la solución del ogro (si un garrote no funciona, traigan un garrote más grande) y  lo único que escuchamos es “ampliar la cobertura” (más educación sexual, a niños más pequeños).

Pero ¿es eso todo lo que hay? ¿Sólo nos queda asumir que el embarazo adolescente (con su secuela de abortos y mujeres heridas) se convierta en parte del paisaje en los países occidentales? Yo creo que existen otras opciones , pero son demasiado terribles o ridículas, para que nuestras élites siquiera la consideren.

Pronto, Lo Impensable ( y no, no es “más programas de abstinencia, a niños más pequeños”).

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Categorías:Sexualidad
  1. 6/01/10 en 2:05 pm

    Al final del artículo pareces prevenirte a priori del contra argumento lógico que diría –según tu propio planteamiento- que si las personas entre 14 y 20 años “son más impulsivos, irracionales” también es absurdo promover la abstinencia. O sea, que tendrán sexo igual.

    Por eso, más me gustaría conocer esas otras opciones que “son demasiado terribles o ridículas”.

    • 6/01/10 en 9:04 pm

      Déjame construir un poco de suspenso 🙂

      En serio, cuando uno tiene ideas raras, lo más probable es que tengan un fallo evidente para cualquiera, así que cuando pregunto “¿es eso todo?”, no es una pregunta retórica, la hago para que los comentaristas destrocen mis premisas antes de exponerme al ridículo.

      Tampoco es la panacea, sólo una posibilidad más dentro del limitado espectro disponible.

  2. 6/01/10 en 3:19 pm

    Esto sucede cuando la famosa ‘educación sexual’ se reduce a libros con diagramas de los aparatos reproductores femeninos y masculinos, una lista de las enfermedades de transmisión sexual y otra de los anticonceptivos.

    Eso es tan deshumanizante y estúpido como la ‘eduación sexual’ de confesionario: ‘¿Te has tocado… allí?’.

    • 6/01/10 en 9:12 pm

      De eso se trata G.G. Llevamos 40 años de revolución sexual y las políticas, cada vez más sofisticadas, no parecen arrojar resultados ¿me equivoco? Digo, dado el entusiasmo y frecuencia con que la prensa titula “Último estudio demuestra que los programas de abstinencia no funcionan” uno esperaría encontrar fácilmente uno que dijera “Programa del Gobierno disminuye en 75% los embarazos no deseados”. Ante el silencio, no es arriesgado concluir que la batalla contra el embarazo adolescente se pierde día a día.

  3. 7/01/10 en 8:44 am

    Ok, démosle más suspenso. Saludos

  4. Ornitorrinco
    7/01/10 en 2:12 pm

    Pues nunca me había planteado lo absurdo de la educación sexual para los adolescentes. La verdad es que has dado en el clavo.

    Lo que ocurre también es que por culpa de las películas y las series de televisión se introduce el sexo en las mentes juveniles mucho antes de lo que se debiera. Y así tienes a niños pequeños de que lo que deberían es estar jugando pensando en sexo.

    Se les está robando la infancia, además de los problemas que tendrán luego: enfermedades (no sólo el SIDA) como la clamidiasis, embarazos no deseados, separaciones, etcétera.

    • 7/01/10 en 2:57 pm

      Hola y bienvenido. Para mí todavía es sorprendente darme cuenta de esto, y por eso me pregunto ¿no estaré pasando por alto alguna cosa?

  5. 7/01/10 en 2:44 pm

    Si hablamos de sujetos practicamente irracionales ¿El absurdo entonces corre para todo tipo de enseñanza relativa a prevenir ciertos comportamientos como consumo de drogas, alcohol, la fidelidad, etc?

    • 7/01/10 en 3:10 pm

      Bueno punto. Démosle una vuelta.

      Yo diría que no es absurdo educar en la prevención de comportamientos riesgosos, lo absurdo es confiar en que sólo la educación bastará para impedir que se incurra en esas conductas. Por eso hablo de las pocas herramientas que tenemos disponibles.

      Por el contrario, no sólo prevenimos la drogadicción, sino que además prohibimos el tráfico de estupefacientes, no sólo educamos contra el alcoholismo, prohibimos la publicidad de bebidas alcohólicas en ciertos horarios y la venta a menores de edad. Con el sexo, como dice Ornitorrinco, nuestra respuesta es directamente la opuesta: la promovemos y publicitamos de todas las formas posibles, y luego esperamos que no crean que tener sexo es lo que hay que hacer para estar a la moda.

      Y lo de la fidelidad… no sé si hay en día alguien esté educando para la fidelidad, pero creo que sería un buen punto para un programa de gobierno. 😉

  6. 7/01/10 en 3:45 pm

    En eso último sí disiento. Definitivamente no creo que ni la prohibición surta ningún efecto. En el caso del alcohol y las drogas, tampoco hay resultados… Y en el caso del sexo, el resultado es más bien contraproducente. La represión sexual (entendida en el sentido psicológico y profundo del término, no sólo como coerción externa) es un arma de dos filos: es estrictamente necesaria, pero, si se sobrepasa una correcta dosis, los efectos son mucho, mucho peores, como los círculos viciosos de culpa que han destrozado tantas vidas…

    Además, yo quisiera más bien que el gobierno dejara precisamente de meterse en lo que no le importa. Me opongo rotundamente a que el gobierno imparta valores, eduque o regule la moralidad de sus ciudadanos, al menos de manera directa y activa.

    • 8/01/10 en 8:25 am

      ¿Disientes de todas las prohibiciones? ¿o sólo de las relativas a la droga y el alcohol? Porque hay prohibiciones que, a pesar de ser ineficaces son absolutamente necesarias, como la de matar a otro, que debe estar prohibido, aunque se produzcan miles de asesinatos cada año.

      En un mundo ideal, podríamos aspirar a que los gobiernos no se metieran en la vida privada de las personas (y a la Iglesia le iría muy bien en ese contexto); en este, olvídalo. Todos las fuerzas políticas aspiran a llegar al gobierno para hacer prevalecer su visión del hombre y el mundo sobre las del oponente ¿es posible esperar otra cosa?

      • 11/01/10 en 12:45 am

        No, no de todas, por supuesto.

        En este caso, las prohibiciones que tienen que ver con los ‘excesos’ de la libertad de expresión y, sí, con el alcohol y las drogas. Y muchas otras cosas… pero no, no soy un anarquista. Creo en el Estado y las leyes. Sólo que me gustaría que esas leyes fuesen pocas y se cumpliesen las más de las veces.

        Quizá sea por mis convicciones políticas o quizá por el contexto de México: un Estado omniabarcante, enorme, caro, corrupto y que se mete en TODO, pero no hace bien su principal tarea: hacer cumplir las leyes. Así, en México, sólo 3 de cada 100 delitos acaban con una sentencia judicial…

  7. 7/01/10 en 4:44 pm

    Dices: “lo absurdo es confiar en que sólo la educación bastará para impedir que se incurra en esas conductas”. Eso inmediatamente deriva en la prohibición, que luego ejemplificas.

    El dilema es si en el ámbito sexual prohibir emisiones de programas o contenidos, podrá frenar el ímpetu de esos jóvenes en pleno auge sexual y además irracionales cuando estén en contacto físico directo. Creo que no. La naturaleza siempre se abre paso.

    Eso, sin tomar en cuenta que para prohibir emisiones y contenidos tendrías que ir en contra de ciertos derechos de propiedad. Más complejo aún sobre todo a la hora de promover la fidelidad por ejemplo.

    ¿Son los vicios crímenes?

    Ayer leía a Maturana y decía que los valores se viven no se enseñan. Y en parte creo que tiene razón.

    • 8/01/10 en 8:28 am

      Yo creo que, así como se regulan los contenidos de los programas dentro de los horarios, no estaría demás tener alguna forma de “formas mínimas” según horario para la publicidad.

      Los vicios ¿son crímenes? depende de la definición de vicio: si el principio de la moral se identifica con el del derecho (no dañar a otro) la respuesta es positiva. Para que podamos decir junto con los liberales que no todo vicio moral es un delito, debemos ser capaces de reconocer un ámbito propio de la moral.

  8. 8/01/10 en 8:42 am

    Buen punto, pero entonces fumar sería un crimen, por ejemplo. ¿No?

    ¿O el ser fanático de los videojuegos?

    Creo que la moral es un aspecto y otra los derechos de propiedad.

    • 8/01/10 en 8:53 am

      Al parecer, por el daño que causa a los otros, estaría cerca de serlo. No creo que ningún sistema moral diga que ser fanático de los videojuegos es inaceptable.

  9. 8/01/10 en 9:55 am

    Pero puede ser un vicio…

  10. forza4
    12/02/10 en 12:00 pm

    A ver… el tema… es que para tomar decisiones racionales y hay que estar informados, y no: los adolescentes ya no son niños, y no les vale el “porque lo digo yo” ni el “porque sí”.

    Y aunque les falte mucho,ya tienen mucho formado de su comportamiento adulto, ¿hemos también de olvidar eso?.

    • 14/02/10 en 10:12 pm

      La pregunta es, si no confiamos en los adolescentes para tomar decisiones racionales acerca de conducir, votar, ¿por qué confiamos en que lo harán respecto a su sexualidad? No son niños, cierto, pero no creo nadie diga que son parangones de racionalidad.

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