Inicio > Iglesia > Ordinatio Sacerdotalis ¿infalible?

Ordinatio Sacerdotalis ¿infalible?

En una entrada anterior, Embajador y G.G. Jolly conversaban acerca de si la encíclica “Odinatio Sacerdotalis” podía ser considerado un pronunciamiento infalible efectuado por Juan Pablo Magno.

Embajador decía

2. Juan Pablo II hizo al menos una declaración ex-cathedra. Fue en la Carta Apostólica Ordinatio Sacerdotalis, al final de la cual dice:“Por tanto, con el fin de alejar toda duda sobre una cuestión de gran importancia, que atañe a la misma constitución divina de la Iglesia, en virtud de mi ministerio de confirmar en la fe a los hermanos (cf. Lc 22,32), declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia.” Tal declaración fue confirmada como definitiva y perteneciente al depósito de la Fe por el “responsum ad dubium” de la CDF que se puede leer aquí

En tanto que G.G. decía

El caso de la Ordinatio Sacerdotalis equivale a lo que, después, mediante la Ad tuendam fidem, casuísticamente se denominó ‘Magisterio ordinario y universal’. Tan no equivale al grado de infalibilidad extraordinaria (definido por el Vaticano I y reinterpretado por el Vaticano II) que, en un futuro, Juan Pablo V podría declarar exactamente lo contrario…

Carcomido por la duda, encontré esta entrada en el blog de Jimmy Akin (visítenlo, postea poco pero sus archivos son muy interesantes y variados), que precisamente disecta este tema, y para aclarar las dudas, voy a intentar resumirlo aquí.

Jimmy parte citando la declaración del Concilio Vaticano I acerca de la infalibilidad, que dice:

enseñamos y definimos como dogma divinamente revelado que el Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra, esto es, cuando (1)en el ejercicio de su oficio de pastor y maestro de todos los cristianos, (2)en virtud de su suprema autoridad apostólica, (3)define (4)una doctrina de fe o costumbres (5)como que debe ser sostenida por toda la Iglesia, posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, aquella infalibilidad de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres

La parte operante es aquella que está en negrita, y de donde se sigue que, para que una declaración sea infalible son necesarios los 5 requisitos ahí señalados.

Es evidente que la declaración al final de Ordinatio Sacerdotalis cumple con los requisitos 4 y 5, es decir, se refiere a cuestiones de fe y moral, que se declaran para ser sostenidas como definitivas por la Iglesia. Los requisitos 1 y 2 también se cumplen pues se invoca la especial labor del ministerio petrino de confirmar en la fe a los cristianos y como pastor de la Iglesia universal.

El problema es que no cumple con el tercer requisito, es decir, no “define”. Uno esperaría que una declaración infalible dijera “declaro y defino”, como se hace en el rito de canonización (por ejemplo, la de Santa Edith Stein), pero no lo hace, y el hecho de que diga “que este dictamen debe ser considerado como definitivo” no permite reemplazar esa carencia, porque no es patente y claro que así, sea, y de conformidad al canon 749 inciso 3° “Ninguna doctrina se considera definida infaliblemente si no consta así de modo manifiesto.”

Jimmy continúa explicando que la doctrina contenida en Ordinatio Sacerdotalis es parte del depósito irreformable de la fe, no en virtud de una declaración papal extraordinaria, sino en virtud de la infalibilidad de la Iglesia, de la cual la encíclica es una declaración formal, no una definición. Hasta aquí la explicación de Jimmy Akin.

Entonces, podemos, con tranquila conciencia ir preparar pancartas y bombas de pintura para pedir la ordenación de mujeres ¿cierto? ¡Definitivamente no!

Ed Peters, abogado canonista, explica que “Herejía” no es sólo la negación obstinada de una verdad acerca de Jesús o María que haya sido declarada infaliblemente, sino que, de acuerdo a la definición canónica, la duda pertinaz también es herejía, momento en que recordamos que declaración del Papa se hizo precisamente para “alejar toda duda sobre una cuestión de gran importancia”.

Siendo que Juan Pablo Magno era un Papa de profunda reflexión teológica, y que estaba asistido por Joseph Ratzinger, reconocidamente uno de los mejores teólogos de nuestro tiempo, no es irrelevante que haya decidido no realizar una declaración dogmática. Los motivos sólo podemos especularlos, pero yo creo que esta forma de decirlo le otorga más fuerza al hecho de que el carácter infalible de esta doctrina no proviene de un Papa, como juez que decide un conflicto entre dos partes (pensemos en la división entre grandes teólogos que hubo acerca de la Inmaculada Concepción), sino de la práctica universal de la Iglesia, que es mejor testigo de lo que han creído los fieles a través de los siglos. Nuevamente Jimmy Akin aporta mejores razones.

Quienes insisten con reformar esta doctrina, que se encuentra amparada por la infalibilidad del magisterio ordinario de la Iglesia, la tradición y la práctica permanente, deberían preguntarse cuál sería su respuesta si alguno dijera que somos libres de negar la resurrección, o de instar que se bautice con aceite y no con agua, por el simple hecho de que no hayan sido definidas en una declaración ex cathedra. Precisamente porque forma parte del magisterio ordinario y universal infalible, la enseñanza de que el sacerdocio instituido por NSJC en la última cena sólo pueden recibirlo los hombres, no podría ser reformado por un Papa posterior.

Anuncios
Categorías:Iglesia
  1. 1/01/10 en 5:30 pm

    Según el catecismo (891) “El Romano Pontífice, Cabeza del Colegio episcopal, goza de esta infalibilidad en virtud de su ministerio cuando, como Pastor y Maestro supremo de todos los fieles que confirma en la fe a sus hermanos, proclama por un acto definitivo la doctrina en cuestiones de fe y moral…”

    Y yo leo algo definitivo en esta frase “declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres”

  2. 1/01/10 en 5:56 pm

    Rojobilbao me ha ganado en rapidez. Efectivamente lo veo como él dice. A mi me parece que se cumplen los 5 requisitos. Y además pienso yo que el Canon 749 está perfectamente salvado si se dan las 5 condiciones, más que nada porque suena un poco absurdo lo contrario (es decir que explicitamente se den las 5 condiciones pero no sea infalible ¿no?).

    En cualquier caso la declaración es definitiva lo dice el Papa y lo dice la CDF. Podría quedar la duda de si es ex-cathedra explicitamente, pero que es definitivo no hay duda. Un Papa posterior no puede modificar ninguna cosa del Depósito de la Fe.

    Eso si, muchas gracias Patoace por haberte tomado la molestia de diseccionar este tema. Te lo agradezco sinceramente.

    Por cierto, donde si que he visto mucha polémica seria (seria en el sentido de bien fundada por ambas partes) es si en las canonizaciones está comprometida o no la infalibilidad.

    PD. ¿Me engaña la memoria al pensar que de hecho esto ya lo discutí en el mismo blog Ululatus Sapiens hace ya ni se la de tiempo?.

  3. 2/01/10 en 8:43 am

    Jimmy Akin ponía un ejemplo al efecto de que si, subido en un ascensor me encuentro con el Papa y le pregunto “Don Bene, ¿es cierto que NSJC era 100% Dios y 100% hombre” y el me responde “¡Pero claro!” esa es una declaración infalible por su materia, más no por su forma (por provenir del Papa), y que algo parecido ocurre acá: la doctrina contenida en Ordinatio Sacerdotalis es infalible per se, pero el Papa no quiso que lo fuera además por su forma.

  4. 3/01/10 en 8:42 pm

    Disiento. Y si bien no estoy a favor del presbiterado femenino ni de la ‘democracia’ eclesial, me parece que estas interpretaciones casuísticas del dogma son no sólo inapropiadas, sino que la Historia de la Iglesia las desacredita: tanto en el primer milenio por la ausencia de un Magisterio tal como lo concebimos hoy día, como seguramente en el tercer milenio, cuando este asunto, de la mano de otro asunto aún irresoluble (el conciliarismo), salgan a la luz en el Vaticano III ó IV… Por no hablar de que los cristianos ortodoxos y reformados (tan seguidores de Jesús como cualquier católico justo) tendrían que objetar a esta interpretación (y con bastante razón).

    Creo firmemente que tan erradas son las eclesiologías reformadas (las ortodoxas son otra historia, pues aceptan el primado de Pedro, más no el centralismo romano) como una eclesiología católica que da un salto mortal del Mt XVI, 19 al pontificado tal como lo conocemos hoy en día (es decir, del siglo XIX a la fecha)… sin la más mínima consideración por el desarrollo histórico y pneumatológico de siglos y siglos…

    • 3/01/10 en 8:46 pm

      Un ejemplo es la miniserie ‘San Pedro’, con Omar Sharif, que retrata a veces de forma caricaturesca el primado. Pedro es recibido en las calles de Roma como lo haría Benedicto XVI hoy día, sólo que sin guardias suizos ni papamóvil; saluda a la multitud en lo que parece una primitiva bendición ‘Urbi et Orbi’ y , justo al final de la serie, pasamos del apóstol crucificado de cabeza a la la columnata de Bernini… ¡zas!

  5. 5/01/10 en 9:21 am

    Yo creo que NSJC está con su Iglesia, no sólo en el principio, sino hasta el fin de los tiempos. Así, no es necesariamente cierto que la Iglesia primitiva sea aquel patrón dorado contra el cual se mide toda otra época.

    Sin dudas que, en 20 siglos, han habido tiempos buenos y malos, pero la Iglesia del S. I tenía sus propios problemas, y bien serios, como lo atestiguan los continuos llamados de San Pablo a la conversión.

    • 5/01/10 en 5:09 pm

      Bueno, ese es el problema de los que confunden la Tradición con la arqueología.

  6. 5/01/10 en 7:30 pm

    Peor aún son los católicos que confunden Tradición con Magisterio…

    Yo nunca dije que el primer milenio fuese una ‘edad de oro’. Eso jamás ha existido en ningún lado ni en ninguna época, menos aún en el ‘hospicio de pecadores’ que es la Iglesia. Estoy de acuerdo: el error de algunas teologías contemporáneas (y, sobre todo, de varias tradiciones reformadas) es reducir el cristianismo a las orillas del Mar de Galilea, como si entre los siglos IV y XX no hubiese habido sino una traición al Evangelio supuestamente ‘original’. Sin embargo, resulta absolutamente necesario darle su justo peso a la Tradición, sobre todo si ésta incluye a la Iglesia indivisa del primer milenio, en una dialéctica de volver a las fuentes (a la Escritura, la Patrística, la escolástica y el Magisterio y la teología actuales), releerlas y reinterpretarlas a la luz de los signos de los tiempos. Eso no es arqueología. Es la vocación de la Iglesia: custodiar su legado de fe y encarnarlo en el mundo, de la mano del Espíritu, sin importar las tensiones que esto provoque.

    Arqueología es maximizar la letra del Vaticano I como si no hubiera un Vaticano II que la aparta del contexto ultramontano que la produjo y la reinserta en una Tradición más amplia, lo que permite, a su vez, ponerla en diálogo con la eclesiología del primer milenio (que no es arqueología, sino la eclesiología viva de las iglesias hermanas de Oriente) y las comunidades reformadas.

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: