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Desilusionados de la concertación

Parece estar de moda decir que uno se ha “desilusionado de la concertación”. Esa gran fuerza política que a punta de votos sacó a un dictador y buscó restaurar a Chile a su lugar como nación occidental, ahora suele desilusionar a sus votantes, y se enfrenta a su primera elección con desventaja en las encuestas.

A mí no me desilusionó la concertación, porque estuve ahí cuando sus líderes llamaron a participar por el no, y sobre todo porque recuerdo para qué nos llamaron. A los que no estuvieron, les pudo que se fijen en un detalle: el Nombre.

“Concertación de Partidos por la Democracia”.

Cuando se vio que a Pinochet sólo se le podría derrotar según el itinerario que él mismo había fijado, surgió inmediatamente el tema de qué organización adoptar para enfrentar al dictador. Primero se propuso formar un partido, el “Partido por la Democracia” (puede que algunos conozcan un espectro de similar nombre), pero tal idea se desechó porque los líderes políticos no pudieron ponerse de acuerdo en convivir bajo un mismo techo.

Existían los partidos políticos: la Democracia Cristiana, varios Partidos Socialistas, el Partido Radical, el Partido Social Demócrata, la Izquierda Cristiana, y varias combinaciones de esos nombre. Existían los partidos, digo, y  lo esperable era que formaran una alianza, pero no fue posible porque eso implicaría cierta comunidad de fines y estar unidos en las buenas y en las malas, pero los partidos no buscaban eso. ¿Qué queda entonces? ¿una Unión, Unidad, Coalición, Federación, Confedración?

Nada, ninguno de esos nombres podía amparar lo que se intentaba hacer, demasiados resquemores del pasado y acusaciones mutuas, todas transmitían una idea demasiado “cercana”, de compromiso, así que se optó por la forma más ambigua que fue posible,  y así nació la “Concertación de Partidos por el NO”.

¿Qué es una “concertación”? en palabras simples, es ponerse de acuerdo para hacer algo, “tú por tu lado, yo por el mío, a lo mejor nos juntamos en alguna esquina”. Cada uno conservando su identidad y su libertad, se pusieron de acuerdo para llamar a votar que no.

“Sin odio, sin violencia, vota NO”. Ese era todo el mensaje. Muy potente, porque el gobierno era violento y había algunos en la oposición que proponían responder con la misma moneda, y no dudaban en actuar de esa forma. Se ganó el plebiscito, llegó la alegría (ojalá nunca tengamos que volver a vivir ese tipo de alegría), pero todavía había cosas que debían hacerse, y se dio paso a la “Concertación de Partidos por la Democracia”.

Esa es la Historia, así, con mayúsculas, y por eso me molesta profundamente cuando algunos pretenden apropiarse de ella para decir que están “desilusionados de la concertación” ¿Acaso se les prometió algo más que una democracia formal ? ¡Jamás! nosotros no dimos nuestros votos y esfuerzos para hacer de Chile algo diferente de lo que es hoy en día.

Esa Concertación no pidió los votos para convertir a Chile en la copia feliz de Suecia, como pretende Marco Enríquez-Ominami, ni para construir un Estado omnipresente y que satisfaciera todas y cada una de las necesidades que uno pudiera tener, como lo pretende el actual gobierno. Lo que prometió fue poder elegir a nuestras autoridades, poder opinar sin miedo y sin censura, y poco más; no AUGE, ni transantiago, ni igualdad, ni terminar con la delincuencia, ni matrimonios homosexuales, ni siquiera terminar con los campamentos, como parece ser la promesa de campaña más repetida. “Una patria justa y buena, para todos” era el lema que, según dicen, Patricio Aylwin había elegido para su campaña. No es mucho pedir ¿no?

La Concertación se estableció para poner al país de nuevo en pie, no para decirle dónde debe ir, y fue tremendamente exitosa en ello ¿Cómo podría uno decir que está desilusionado?

Lo que queda ahora no es esa Concertación; es una coalición de gobierno, una simple sumatoria de políticos agregados unos sobre otros, y todos sobre el poder. Si es por poner hitos, diría que la Concertación se acabó cuando cumplió su misión al entregar el poder a Ricardo Lagos, el último de sus líderes fundadores. Uno hasta puede imaginarse que, hecho esto, se miraron y se dijeron ¿Y ahora qué hacemos? y empezaron cada uno a ver qué tenía para negociar, conservando eso sí el nombre que les había permitido conservar el poder hasta ese momento.

La actual coalición de gobierno no me puede desilusionar, porque nunca tuve ninguna ilusión en ella, la antigua Concertación tampoco, porque cumplió cabalmente con sus promesas, su verdaderas promesas, las que realmente hizo y no las que cada uno le colgó después.

Lamentablemente, duró más de lo que debió haber sido, sus líderes estaban demasiado apegados al poder, y los políticos de la oposición carecieron de la altura para ver que su oponente había sido reemplazado por un sosias.

Ahora lo que queda es reconciliarnos con la concertación, dar por cumplidas nuestras promesas y vamos cada uno a votar lo suyo.

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