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Acuerdo de vida en común

Se acercan las elecciones presidencial en Chile, fijadas para el 11 de diciembre de 2009, y, para nosotros, la posición de los candidatos acerca del aborto tienen el efecto de descartar inmediatamente a 3 de ellos. Jorge Arrate, candidato de la izquierda a la antigua, propone legalizar el aborto por voluntad de la madre, Marco Enríquez Ominami, al estilo del socialismo europeo, promete legalizar el aborto terapéutico, y Frei Ruiz Tagle, de la concertación gobernante, dice estar a favor de legalizar el aborto terapéutico (y cualquier otro que le pidan, al parecer). Sebastián Piñera es el único de los 4 candidatos que se declara “pro vida”, a pesar de apoyar la distribución masiva de la píldora del día después, lo cual lo hace, si no deseable, al menos el que menos perjuicio podría causar.

Por lo tanto resulta necesario reflexionar acerca del otro tema esencialmente valórico que se discute en esta campaña, cual es la regulación legal a las de parejas del mismo sexo.

Al respecto, se discutió un proyecto de “Acuerdo de Vida en Común”, que algunos miembros del comando redactaron y pusieron en conocimiento del candidato Sebastián Piñera, y este se manifestó conforme con el mismo.

Aclaremos en primer lugar que ambos temas no se encuentran en pie de igualdad, cada aborto resulta en la destrucción de un ser humano inocente, en tanto que la protección del matrimonio tiene que ver con el adecuado orden de la sociedad para el bien común. Por lo tanto, ante un candidato contrario al aborto y partidario del matrimonio homosexual y otro que propusiera un verdadero matrimonio, pero estuviera a favor del aborto en cualquiera de sus formas, tendríamos que optar por el primero.

Recordemos además que un cristiano no tiene la obligación de implementar como normas legales todo el ideario cristiano, pues hay diversos ámbitos donde eso resultaría en un perjuicio en definitiva. Lo que sí debe ser nuestro norte es avanzar en la dirección correcta, facilitar que las personas vivan de acuerdo a sus convicciones (siempre que no hagan daño a otro), y nunca establecer normas que constituyan un incentivo a conductas inmorales.

Así por ejemplo, si bien la prostitución es un pecado contra la castidad y una actividad deleznable, no parece que sea conveniente implementar su prohibición absoluta, dados los recursos que demandaría tal medida para el Estado, en comparación con los beneficios, y sí es aceptable para un cristiano instar por su regulación, siempre y cuando tal regulación no la hagan un estado más deseable que una vida honesta. En qué minuto ese régimen pasa de ser una mera regulación y se convierte en un incentivo es algo que depende del juicio político de cada uno.

En tal sentido, debemos concluir que no siempre es necesario rechazar toda regulación de las parejas de hecho e incluso de las homosexuales.

Luego ¿En qué condiciones sería posible estar a favor de tales leyes?

En primer lugar, la situación social debería ser tal que la normativa no constituya un incentivo a las conductas inmorales. Dada la situación actual de nuestra cultura y el poder que el Estado tiene en ella, siempre que se dicta una ley a favor o en contra de cualquier cosa, se envía una poderosa señal a los ciudadanos respecto de qué tipo de conducta es aceptable y qué se espera de ellos. Llamaremos a esto el efecto simbólico de la ley. Por ejemplo, una ley que despenalice el consumo de drogas, aunque sea en contados y restringidos casos, produce necesariamente el efecto de que otras conductas, como el tráfico, aparezcan como más aceptables. Por otro lado, cuando la ley sólo actualiza una normativa que ya no es generalmente aplicada, como ocurrió con la despenalización del adulterio, tal efecto simbólico es mínimo, y puede ser compensado por los beneficios para la paz social que tiene aparejada la ley.

depende mucho de la comprensión de realidad concreta que tenga cada uno saber el efecto simbólico se produce o no, y por lo tanto puede estar abierto a la discusión entre cristianos, sin que ninguna de las posiciones pueda descartar a la otra a priori.

Aplicando esto al caso de las uniones no matrimoniales, creo que lamentablemente desde hace 40 ó 50 años la situación del matrimonio en nuestra cultura se ha venido deteriorando, al punto que hoy las uniones de hecho son tan comunes y aceptadas, que aparece como aceptable algún tipo de regulación. No ocurre lo mismo con las uniones homosexuales, con el nombre que quiera darseles, que no están aceptadas en la sociedad, y por lo tanto su promoción bajo el alero legal tendría un fuerte y negativo efecto simbólico hacia la comunidad.

El segundo punto para tomar una decisión se refiere al contenido concreto de la propuesta, y los efectos que su implementación producirá concretamente en las personas afectadas y el bien común.

Como hemos dicho hablando sobre el matrimonio en general, la posición que predomina en nuestra cultura es bastante superficial, y producto de ello el matrimonio se ha convertido en un contrato que no produce obligaciones a los que lo acuerdan y sólo tiene limitados efectos hacia el Estado o terceros. En tal situación, poner una institución paralela, igualmente sin establecer obligaciones, pero con efectos similares al matrimonio evidentemente tendría un efecto negativo sobre el valor que la sociedad otorga a la unión estable de un hombre y una mujer.

No conozco los detalles de la regulación propuesta y que aceptó el candidato Sebastián Piñera, así que no puedo decir si es buena o mala, pero mi conclusión es que, si bien hay espacio para discutirla, la posición del matrimonio en la legislación chilena es tan precaria que es  muy difícil hacer propuestas que no lo deterioren aún más.

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Categorías:Política y derecho
  1. 9/11/09 en 11:38 am

    Una aclaración, las elecciones son el 13 de diciembre de 2009. Es lamentable la confusión que se establece al dejar en equivalencia la Píldora del día después con el aborto. Si tiene algún estudio que avale la postura, le agradecería me lo haga llegar
    Saludos

    • 10/11/09 en 1:01 pm

      Gracias por la observación, Vero.

      El uso de la PDD se equipara con el aborto, en el sentido que ambos pueden provocar la destrucción de un ser humano inocente. En el caso del aborto es más evidente, pero la PDD, al impedir la anidación, produce el mismo resultado.

      Para afirmar esto no debemos dejarnos influir por estudios “ad-hoc” producidos en Chile, donde se da el debate, y por farmacéuticas que lo que buscan es vender miles de dosis. Además dichos estudios miden los embarazos producidos, pero sólo los cuentan cuando el cigoto llega a anidarse.

      Miro hacia el extranjero, donde las farmacéuticas no tienen nada que ocultar, pues el aborto es legal y un cigoto les da lo mismo, y ellas publican abiertamente que uno de los métodos de acción de la PDD es impedir la anidación.

      http://www.levonelle.co.uk/scripts/pages/Page7.php
      http://www.planb.ca/how.html

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