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Pena de muerte

En el año 2001 el Estado chileno eliminó de sus leyes la pena de muerte para delitos comunes. Hace algunos días, en la ciudad de Valparaíso nuestro hermano Juan Saavedra violó a nuestra hermana Francisca, de 5 años y que era su vecina, luego la golpeó hasta dejarla inconciente, la puso en una bolsa y, aún estando ella viva, la arrojó al mar, donde falleció ahogada. Naturalmente, la reacción de la mayoría de los habitantes de nuestra patria ha sido pedir que se le imponga la pena de muerte al responsable.

Son este tipo de situaciones las que relacionan con muchos temas de este sitio, y por lo tanto no podía menos que consignar algunas reflexiones.

Primero, hemos hablado en este blog acerca de la pena de muerte y el respeto a la vida de todos los seres humanos como presupuesto básico de la convivencia en una nación civilizada. Por lo mismo soy contrario a la pena de muerte y opino que al derogarla, el Estado chileno dio un paso importante en la dirección correcta.

Sin embargo, no puedo decir que la  reacción de quienes sostienen que la pena justa al mal causado es la muerte del responsable, sea incoherente con una postura contraria al aborto.

¿Es posible ser anti aborto y pro pena de muerte? Sí, es posible, porque la norma ética que nos impide matar a un ser humano no  se extiende a todo ser humano, sino sólo un ser humano inocente. A su vez, esta distinción entre humanos inocente y los que no lo son  no es antojadiza, como si sólo se hiciera para resguardar la facultad de que el Estado imponga la pena de muerte, sino que resulta necesaria para que queden amparados quienes actúan en legítima defensa propia o de su familia o de otros.

Ahora bien, dado que la excepción en razón del sujeto se encuentra justificada, es posible decir que el Estado conserva la facultad de imponer la pena de muerte (cumplidos otros requisitos además) a aquellos que no resultan “inocentes”. Yo no estoy de acuerdo con tal aseveración, pues sostengo que aunque exista la excepción, se debe mantener la misma razón original, cual sería la legítima defensa del propio Estado o de terceros, cosa que en este caso no ocurre, pero eso no implica que exista una contradicción directa con el principio en que se funda la oposición al aborto.

Dicho de otro modo, si bien ambas situaciones son comparables en cuanto tienen que ver con la vida y dispensar la muerte, es claro que no los son en cuanto al sujeto, pues el bebé es un inocente y el responsable de una muerte no lo es, por lo que no se encuentran justificadas las acusaciones de inconsistencia entre una y otra situación.

En segundo término, no puedo dejar de mirar el sufrimiento de la familia, y pensar que la opción que tomó el Estado de derogar la pena de muerte aumenta en alguna medida el dolor que ya de por sí provoca la muerte de Francisca.

En este sentido, tal decisión se parece mucho a las opciones que tomamos en la moral, pues si de algo estamos seguros es que toda regla que intentemos establecer nos provocará sufrimiento. Si decimos que no daremos muerte al inocente sufriremos cuando haya un embarazo no deseado; si decimos que no torturaremos, sufriremos cuando haya una bomba a punto de explotar y el responsable no quiera decirnos dónde está.

Luego, si sabemos eso, ¿Podríamos decir que la moral puede tener por objeto “evitar el sufrimiento”? ciertamente que no, al contrario, podemos decir que toda regla ética es causa precisamente de sufrimiento. El punto es convencernos de que ese sufrimiento se justifica en algo superior, algo por lo que vale la pena sufrir, y entonces ese algo se convertirá en la base fundamental de nuestra moral.

Finalmente, observemos qué  natural nos resulta hablar del responsable como un “monstruo”, y les aseguro que me costó mucho escribir “nuestro hermano Juan Saavedra”. Y no me entiendan mal, al hablar así del responsable no trato de ponerme en la actitud del “intelectual-eterno rebelde”, que les hablará del sujeto como una víctima de la incomprensión de la sociedad, y del crimen como un grito de ayuda ¡Nada de esas estupideces! Lo que hizo es un crimen horrible, ejecutado con plena libertad, del cual es culpable y ningún castigo será suficiente para lo que hizo. Pero no por eso deja de ser un humano, un hermano nuestro, cuyos actos nos hablan de la maldad de la que todos somos capaces.

Muchas veces se acusa a la Iglesia o al cristianismo por cometer torturas, genocidios, y otras osas teribles. Implícitamente el acusador nos dice “ellos lo hacen, porque son cristianos; yo, que no lo soy, no lo haría jamás”. Sin embargo, la historia y la realidad nos demuestran que el ser humano es capaz de hacer cosas horribles, tal como lo hizo Juan Saavedra, y que no lo hacemos por ser cristianos, ateos o budistas; lo hacemos porque somos humanos: matamos, torturamos, violamos.

Es claro que no es una religión o una filosofía la que nos ordena hacer estas cosas, lo hacemos bastante sin ellas, y por lo mismo necesitamos urgentemente  una cultura que sea capaz de explicarnos por qué no debemos hacerlas.

Es esta condición del ser humano la que hace imprescindible la doctrina del pecado original… pero ese ya es otro tema.

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Categorías:Política y derecho
  1. Moisés
    28/08/09 en 8:54 am

    “¿Es posible ser anti aborto y pro pena de muerte? Sí, es posible, porque la norma ética que nos impide matar a un ser humano no se extiende a todo ser humano, sino sólo un ser humano inocente.”

    Comparto gran parte de tu escrito, pero en este párrafo me surgen cuestiones a resolver. La pena de muerte tampoco está libre de personas inocentes que, por falsas pruebas o por ruedas de conocimiento erróneas, pueden mandar al corredor de la muerte a personas que no hicieron nada malo. En mi humilde opinión, ya simplemente por esta circunstancia, tengo grandes recelos para instaurar la pena de muerte en cualquier país. Comprendo que el asesinato de Francisca es un crimen horrible y que su autor es un demente. Pero ya digo, según la experiencia en Estados Unidos y otros lugares: ¿no hay muchos inocentes que han muerto o pasado gran parte de sus vidas encerrados en las cárceles por culpa de un juicio incorrecto?

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