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Conversando con Moisés

Siempre he dicho que lo más interesante de este blog son los lectores, y ya Alemamá nos decía que muchas veces las mejores ideas quedan ocultas en los comentarios. Para que no ocurra eso, entonces, hago una nueva entrada, con la respuesta a un interesante comentario de Moisés en la entrada ¿Moral eterna?

Moisés nos comenta:

Particularmente no creo en los absolutos emocionales, por lo menos en los seres que habitamos este planeta, ya que podemos padecer o disfrutar de emociones de diferente tipo.

Debí explicar que cuando hablamos de amor en un contexto religioso, no nos referimos a la emoción que surge en nosotros como respuesta a lo que aparece al entendimiento como deseable . De ser así, el mandato de “amar a tus enemigos” no tendría sentido, pues la definición de enemigo es precisamente lo contrario, lo que es indeseable.

No, “amar”, en este contexto, significa ver al otro como Dios lo ve y querer para él lo que Dios quiere, que siempre es lo mejor. Amar, entonces, no es una emoción sino un acto de voluntad.

al privilegiar el amor sobre lo demás no queda más remedio que reivindicar como accesorio muchos de los mandamientos que, por ejemplo, otorgara mi homónimo profeta.

Yo no diría “accesorio” pues la Palabra de Dios, como la que recibió Moisés, nunca puede ser accesoria. Yo diría que no es tan universal como el mensaje de NSJC.

¿Cuándo sabremos que la actitud de una persona está fundamentada en el amor y no en otros sentimientos aviesos?

No lo sabemos, y no necesitamos saberlo, pues sólo Dios puede juzgar a las personas. Cosa distinta es juzgar un acto, y para eso estamos aquí.

Niegas que Jesús interpretara las escrituras, al contrario de lo que hacían los rabinos.

Lo puse entre comillas porque algo me decía que se debía explicar más ese término. En varios pasajes de los evangelios, claramente  NSJC interpreta las escrituras, pero en muchos otros va más allá, les agrega algo más, que no se encontraba en ellas (o que estaba oculto, si se quiere), como cuando dice “Se les ha dicho […] pero yo les digo […]”, formula que denota una base en la escritura, pero también una tensión con ella. En ese sentido, su obra es más que la de un intérprete, más de lo que podía o debía hacer un rabino, y nos habla ya de un autor.

¿De que manera podemos contravenir sus enseñanzas de dar siempre amor?

No podemos

¿No deberíamos dejarnos apalear porque así lo ha dispuesto Dios?

Si sabemos que Dios lo ha dispuesto, deberíamos. La cuestión es que también sabemos que Dios nos ama y no quiere que suframos sin sentido, así que hay buenas razones para no dejarnos apalear.

¿No deberíamos, ante cualquier latigazo recibido, devolver un beso o una alabanza a Dios? No cabría interpretación ninguna bajo esta perspectiva ni reacción recíproca ante el daño efectuado. Solo cabría soportar la injuria y rezar por el injuriado, aún al pesar natural nuestro amarlo con todas nuestras fuerzas.

Amarlo con todas nuestras fuerzas, siempre, ese es el mandamiento, alabar a Dios y rezar por nuestros perseguidores también, pero ¿soportar la injuria sin hacer nada? no necesariamente.

Si nuestro enemigo hace un mal al injuriar o provocar dolor (sea a uno mismo o a otro), por amor a él debemos impedirle que lo haga. Lo importante es no actuar por venganza, que es nuestra tendencia natural, sino buscando el mayor bien para mi enemigo.

¿Quién nos asegura que el Magisterio es interpretado de forma correcta?

Nadie, pero nos consuela que el Magisterio, a diferencia de un libro, puede darnos respuestas más cercanas, y fáciles de entender, pues se “escribe” una y otra vez para cada época. En último término, si es crucial resolver un conflicto entre dos interpretaciones, podemos llevarlo ante la Iglesia.

Dada la interpretación en nuestros actos; ¿Es posible dejar fuera de la construcción moral, la salvación o la interpretación correcta de casos concretos a los agnósticos o a los ateos? ¿No puede un ateo merecerse más que un creyente la salvación, aún negando el primero la mayor?

¡Claro que sí! seremos juzgados por el amor, dice San Juan, no por nuestra teología más o menos correcta. En este sentido un cristiano está en mucho mayor “riesgo” que un ateo sincero, pues ha recibido más gracias para creer y amar más, y Dios le pedirá cuenta de ello.

¿La Iglesia no debería escuchar también a agnósticos y ateos en la elaboración de una interpretación más cercana de las Escrituras?

Depende de qué quieras decir con “interpretar” y “Escrituras” 🙂

Si interpretar significa “acercar el lenguaje a los hombres de hoy”, sí; si es “adaptar el evangelio a las ideas de moda”, de ningún modo. Recuerda que el mensaje del evangelio no le pertenece a la Iglesia, ella sólo lo custodia y transmite.

¿Acaso no es preciso distinguir entre el relativismo como actitud científica (en el sentido de que nuestros juicios científicos e históricos están sujetos a constante revisión, y ello es la base de todo progreso futuro)y el relativismo absoluto que puede negar incluso la vida humana (el cual suele ser adjudicado con evidente malicia a ateos y agnósticos)?

Sin dudas que es preciso distinguir. Por otro lado, no creo que alguna autoridad religiosa haya criticado alguna vez el relativismo como actitud científica.

¿No es loable el relativismo que proclama el deseo creciente de integrar más disciplinas y aspectos para lograr una visión unitaria?

No he visto que el relativismo proclame eso, pero puede ser sólo mi experiencia. Por el contrario, lo que me he encontrado es que los ateos tienden a ser reduccionistas más que integradores, del tipo “todo es materia y energía”.

¿Cabría, entonces, la tortura como forma de reconducir a los desviados, a los criminales o a los herejes? ¿La violencia sirve para reconducir? O lo que es más importante; ¿Puede existir libertad de esta forma en el procesado para que se enmiende y pida perdón sincerametne por el daño causado?

Nop, la tortura es contraria a la dignidad del ser humano. Por otro lado, el hecho de que la aplicación habitual de la tortura haya ocurrido en reinos de tradición cristiana no implica que sea una práctica aprobada o propia del cristianismo. Lo mismo podríamos decir respecto de la esclavitud y el adulterio.

No podemos decir que Jesús, por el hecho de ser considerado el Mesías y haber instaurado la Nueva Alianza, renegara de la tradición judía, de sus profetas y de su Dios.

Efectivamente. Por eso la Iglesia Católica conserva en sus liturgias muchísimos elementos de la tradición judía. Siempre existe una tensión entre antigua y nueva alianza, pero la Iglesia quiere conservar ambas, pues una no se entiende sin la otra.

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Categorías:Religión
  1. Moisés
    28/08/09 en 8:34 am

    ¿Cómo estás Patoace? Ciertamente tienes argumentos para todo. Siempre caes de pie 🙂 . No obstante, me ha surgido una duda sobre su contesta.

    “No, “amar”, en este contexto, significa ver al otro como Dios lo ve y querer para él lo que Dios quiere, que siempre es lo mejor. Amar, entonces, no es una emoción sino un acto de voluntad.”

    Pero nosotros no somos Dios y por lo tanto nuestra voluntad puede ser correcta o errada aún pretendiendo hacer el bien. Por esto el amor no puede ser un pívote del todo fiable a través del cual dirigir nuestra voluntad. A menos que sea un amor sin ningún tipo de repercusión material, solo de pensamiento pero no de obra, cuestión que veo absurdo y que, por otro lado, no nos sirve para procurar mejorar la convivencia.

  2. 30/08/09 en 7:35 pm

    NSJC dice “Busquen el Reino de Dios, y su justicia, y lo demás se les dará por añadidura”. La justicia de Dios es el amor, puesto que, según dice el evangelio, seremos juzgados por el amor.

    Nuestra voluntad puede que no sea del todo fiable, en saber qué es el amor, pero el amor en sí siempre lo es. Por eso es que debemos esforzarnos en buscar, porque qué es amor verdadero no siempre será evidente, pero para eso contamos con el auxilio de la gracia.

    Punto aparte es si la moral tenga por finalidad última el mejorar la convivencia.

  3. Moisés
    31/08/09 en 7:21 am

    Para mi la moral se basa esencialmente en la regla de oro. Creo que es un principio por el cual podemos aspirar a tener una convivencia mejor. Lo importante es no perder el norte de la realidad y dejar constancia de los avances científicos para desmoronar las arcaicas estructuras morales que todavía persisten en sociedades atrasadas. Culturas que continúan basando su moralidad en Dios y que por ello se hace imposible su modificación. Es algo irracional. Un ejemplo lo tenemos en la consideración que tiene la mujer en muchos países y su falta de oportunidades. La explicación no puede ser que Jesús dijo que el hombre y la mujer eran hijos de Dios, sino que de nuestra comprensión de las aptitudes de los dos podemos fundamentar de forma universal ese principio. De que los dos tenemos aptitudes semejantes y el negarlo es una analfabeta e ignorante discriminación. Este ejemplo también se puede trasladar a cuestiones raciológicas.

    Algo parecido nos ocurre con las muertes que ocasinamos a los animales, ya sea por necesidad o por diversión. Cuanta más conciencia tengamos de que los animales sinten dolor como nosotros adquiriremos la moralidad de la pertinencia de una muerte sin sufrimiento. Creo que reducir sufrimiento y muerte es uno de los principios más grandes que tiene la moralidad. Todo se basa en una cuestión material y no trascendental. De hecho cuando se pierde el norte de lo que es real, de lo que es la vida y la muerte, podemos llegar a hacer estupideces conforme a un supuesto paraíso y a una supuesta verdadera vida que llega tras la muerte material.

    • 2/09/09 en 2:44 pm

      Por “regla de oro” entiendo que te refieres a la máxima “no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti”.

      Como punto de partida, como intuición de una moral superior, parece aceptable, pero ciertamente que no basta para una reflexión más profunda.

      Por ejemplo, ¿quién es “los demás”? ¿los de mi misma especie, o raza, o género?, por otro lado ¿Qué ocurre con el juez que debe condenar a un ladrón? ¿debe preguntar si el ladrón lo condenaría a él?, más importante aún ¿De dónde surge esa regla? ¿de mí? ¿de mi comunidad? ¿de mi historia?

      El otro punto débil que le veo a ese enfoque es que, al basarse en mi relación con el otro, resulta en una confusión entre el derecho, que siempre mira al acto externo que produce daño, y la moral, que se refiere a la bondad de actos externos o internos.

      No tengo respuestas definitivas en este punto, porque, como te digo, me parece un buen punto de partida, pero creo que se le puede exprimir más, para decir que sea la última palabra.

  4. Moisés
    3/09/09 en 6:16 am

    Efectivamente con la regla de oro me refería a eso.

    -¿quién es “los demás”?- Digamos que esta pregunta puede ser respondida de un modo racional y científico. La contemplación del orden natural nos ha permitido deshacernos de los atavismos evolutivos que nos obligaban a convertirnos en una especie depredadora entre nosotros mismos. Hemos adquirido conciencia de la importancia de potenciar valores (solidaridad, respeto al prójimo, el valor del trabajo comunitario, el diálogo para solucionar nuestras desavenencias, la negación de la violencia como alternativa para solucionar nuestros problemas,etc. Muchas veces no nos damos cuenta de que la violencia es algo irracional, pues con ella se retroalimenta la muerte, un aspecto que todos estamos universalmente de acuerdo -con alguna excepción- en esquivar) que nos ayudan a levantarnos sobre las leyes de la naturaleza y la supervivencia. Hemos aprendido a crear las condiciones para que las personas no se vean obligadas a exteriorizar sus más ancestrales instintos. Y hemos conseguido levantarnos sobre estas condiciones gracias a las mentes maravillosas que ha generado la humanidad, sobre las cuales hemos podido conocer y disfrutar de los avances técnicos, médicos, jurídicos, sociales, etc.

    Conforme a esto “los demás” es todo ser humano sin distinción de pensamiento o raza. Sé que nos ha costado mucho sufrimiento en la historia, siendo la religión muchas veces un obstáculo para la consecución de estos valores, pero la tendencia camina en esa dirección que, por otro lado, no es contraria a la que estableciera Jesús. Además, mi mente quiere ver (deseo creer en esto) que en el futuro el hombre podrá evitar el daño que les hacemos a los animales y a la naturaleza. Seremos seres conscientes de nuestra ligazón a la naturaleza y nuestra supervivencia gracias a ella, pero a la misma vez seremos conciencia de no querer dañar a ningún ser vivo e independizarnos de su ciclo devorador. Hacernos espectadores de ella.

    Estos son “los demás”. Lo primero está cada vez más cerca (los seres humanos). Lo segundo es un sueño de mi razón (los demás seres vivos). ¿Por qué? Porque es una aprendizaje evolutivo y, sobre todo, racional. Una enseñanza de la convivencia social y luego natural, del conocimiento de su importancia y la querencia hacia todo ello.

    -¿Qué ocurre con el juez que debe condenar a un ladrón? ¿debe preguntar si el ladrón lo condenaría a él?- Hasta que la humanidad no adquiera las condiciones materiales y educacionales que universalmente se pretenden, tendremos que seguir haciendo uso de la imperfecta justicia que es capaz de dar el ser humano para salvar una serie de principios inviolables en todo sociedad. El que roba para comer debe ser provisto de alimentos. El que roba por avaricia o por patología (uso de los futuros avances médicos) debe comprender que los demás no le permitiremos esos abusos.

    -¿De dónde surge esa regla? ¿de mí? ¿de mi comunidad? ¿de mi historia?- Pues sí, del conjunto de todos estos ámbitos se puede extraer tal aprendizaje (no me gusta llamarlo regla). La globalización (en su aspecto positivo, ya que no dudo que los hay negativos) hará posible la comunidad global más allá de nacionalismos y otros “ombliguismos”, y con ello una universalización del aprendizaje “convivencial”. La moral funciona, si se me permite el símil, como las leyes del mercado. Hay algo de mano invisible, pero también de sana regulación ante los desmadres. Pero todo es, en definitiva, racional, evolutivo y material. Nada trascendental. Por la trascendencia no se dispone de una buena razón para hacer “el bien”, ya que se obliga y se hace por un premio. Muchas veces el premio se deforma conforme a las apetencias terrenales y nos convertimos en unos terribles hipócritas. Y aquí te enlazo con lo que te comentaba acerca de la caridad. ¿Qué es más valioso? ¿La caridad o la búsqueda de que cada persona tenga un trabajo digno y sea autosuficiente? La caridad está bien mientras se consiga lo segundo, pero no como un medio perpetuo de mantener la situación, algo que, por otro lado, respaldaba el cristianismo durante la Edad Media y el Antiguo Régimen con su adoración al pobre. Todavía habrá muchos que vean en el pobre algo obligado y mandado por Dios. Los privilegiados se han aprovechado de esto para mantener sus posiciones y no hacer nada por sacar a la gente de la pobreza.

  5. Moisés
    3/09/09 en 6:18 am

    Uff, perdona por haberme extendido tanto. Espero que lo puedas leer. Para la próxima intentaré ser más sintético.

  6. Moisés
    3/09/09 en 6:27 am

    Ves, sé que tu tiempo es valioso al igual que el mío y por eso te pido disculpas. Te entiendo en la medida que me entiendo. Me entiendo en la medida que te entiendo. Si Dios está en algún lado es en la Humanidad, en las relaciones que los seres humanos establecemos entre nosotros y en la conciencia racional de nuestro alrededor.

    • 7/09/09 en 8:18 pm

      Bueno, tocas varios temas muy interesantes, que se pueden conversar, pero déjame enfocarme en el que me parece más central, para que no nos alarguemos tanto.

      Hablas de una moral “racional, evolutivo y material. Nada trascendental”. Conozco esa posición, creo que es la que todos los que vivimos en occidente traemos “por defecto”, pero cuando la examiné me di cuenta que, a pesar de decir que era material, me exigía fe en seres inmateriales, como una conciencia común de la humanidad, o una mano invisible que nos guiaba hacia el también invisible progreso moral, y cosas así.

      En definitiva, me encontraba en situación similar a la que describe San Agustín en las Confesiones.

      Sin embargo, desde esta época empecé ya a dar preferencia a la doctrina católica, porque me parecía que aquí se mandaba con más modestia, y de ningún modo falazmente, creer lo que no se demostraba -fuese porque, aunque existiesen las pruebas, no había sujeto capaz de ellas, fuese porque no existiesen-, que allí en donde se despreciaba la fe y se prometía con temeraria arrogancia la ciencia, y luego se obligaba a creer una infinidad de fábulas absurdísimas que no podían demostrar.

      Y así me encontré que necesitaba más fe para creer en la moral materialista que en Dios.

  7. Moisés
    8/09/09 en 8:35 am

    Todo es producido por la materia, incluido las ideas, los dioses y la moral. Si no es así te pediría mi hicieras el favor de explicarme de dónde surge la moral y si de donde surge todavía la podemos aplicar a la actualidad (Biblia).

    Dar la vida por otra persona, aunque vaya contra las leyes de la supervivencia, se puede explicar materialmente. O bien se amaba mucho a la persona o bien se amaba y se temía mucho a Dios. Sigo sin ver nada trascendental si Dios es como dijera Feuerbach una creación humana, que es la única evidencia de la que disponemos para comprender la diversidad de dioses creídos por el hombre a lo largo del tiempo y del espacio.

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