Inicio > Política y derecho > Armas ¿derecho o privilegio?

Armas ¿derecho o privilegio?

El subsecretario [del Interior, Patricio Rosende] insistió en que “tener un arma no es sólo un derecho, es un privilegio que se le entrega a algunas personas, y por lo demás debe estar, en consecuencia de ello, sujeto a restricciones, a limitaciones importantes y a controles”.

La Tercera- 14/05/2009

Debo reconocer que no me agradan las armas de fuego, por causa del trabajo he tenido algunas en mis manos, nunca una cargada, y, a pesar de que uno como abogado conoce de cerca la realidad de los delitos, jamás tendría una en la casa, porque me siento razonablemente seguro de que nadie se arriesgaría a entrar en mi casa con gente dentro (“claro”, me dirá alguien, “hasta que te pase”).

Esta actitud, que creo es compartida en su mayoría por mis compatriotas, encuentra su base en que Chile todavía goza de una cultura relativamente pacífica, producto de una comunidad cohesionada.  Sin embargo, con una bonanza económica mantenida ya por más o menos dos décadas y mayores libertad en múltiples ámbitos, esto ha comenzado a cambiar, se hace más común el ver al otro como un extraño, y por lo mismo, un peligro, y con ello la gente empieza a pensar que no sería mala idea tener un arma en la casa, sólo como protección.

La discusión acerca de las armas no se debe abordar exclusivamente como un problema de seguridad pública –del tipo “¡Debemos defendernos de los delincuentes!” versus “¡Debemos impedir que las armas lleguen a manos de los delincuentes– porque eso es andar pegando palos de ciego: puede que un año bajen o suban las estadísticas de delitos cometidos o repelidos con armas, pero no mira al problema subyacente, cual es la realidad cultural en que uno está dispuesto a disparar contra otro.

En este contexto, el subsecretario del Interior (la más alta repartición encargada de la paz interna del país) señala que poseer un arma “no es un derecho, es un privilegio”.

Preliminarmente, tiendo a pensar que el subsecretario se equivoca, y que tener armas no es un derecho ni un privilegio, sino una libertad. ¿Qué quiero decir con esto? que lo propio de un derecho, lo que lo diferencia de una libertad o de otro tipo de relación, es que lleva aparejado una obligación correlativa y positiva que se encuentra impuesta a otra persona: si tengo derecho a que se me entregue una cosa, es porque alguien, el deudor, tiene el deber de entregármela; si tengo derecho a recibir atención de salud, es porque una persona determinada, generalmente el Estado, tiene la obligación de proveer los medios para que yo reciba esa atención.

Ya sé que hoy en día parece que todo fuera un derecho: la vida, la muerte, el placer, el medio ambiente, la educación, la salud, la TV y la conexión a internet; pero aquí estamos hablando entre gente seria y conviene mantener categorías claras para pensar con claridad.

Decíamos entonces, que un derecho lleva aparejada una obligación positiva de hacer algo, una libertad, en cambio, no lleva consigo una obligación que pese sobre alguien, sino una prohibición. Para que nos encontremos ante una verdadera libertad, la prohibición debe ser amplia y genérica, y su contenido puede ser expresado siempre en la forma de “nadie debe impedir el ejercicio de aquello sobre lo que soy libre”. Es amplia porque, a diferencia de una obligación, no contiene una cosa o lista de cosas determinadas que no se pueden hacer, sino que se mira al resultado, y es genérica porque  no afecta a una persona determinada, como tal deudor o el Estado, sino que a cualquiera que se vea en esa situación. No impide que uno tenga una libertad, el hecho de que pueda ejercerla o no, siempre y cuando ese impedimento no provenga de una persona imputable: quiero decir que, por ejemplo, todos tenemos la libertad de caminar por las playas, incluso los que por su edad o por desplazarse en silla de ruedas, no pueden hacerlo actualmente; en cambio, si alguno viene, amarra mis piernas y me impide caminar, efectivamente ha lesionado mi libertad de caminar por las playas chilenas.

Veamos un caso práctico: “Ud. tiene derecho a guardar silencio” expresa con recia voz el policía al narcotraficante que acaba de detener “y todo lo que diga podrá y será usado en su contra en una corte de justicia”, Pero el “guardar silencio” ¿es un derecho?

Según las categorías que traté de esbozar, claramente no existe el “derecho a guardar silencio”. Lo que el acusado tiene es la libertad de declarar o de no hacerlo, y eso conlleva para la policía y para  cualquier persona que estas tiene la prohibición de ejecutar un acto que le impida ejercer arbitrariamente esa libertad, ya sea presionarlo para que declare, si no quiere hacerlo, o impedirle que tome contacto con el abogado o juez que puedan recibir válidamente su declaración; si así lo hicieren, o tomaren cualquier otra acción con esos resultados, estarían lesionando mi libertad. De acuerdo a esta clasificación, la expresión “derecho a guardar silencio” parece implicar que el Estado se encuentra obligado a hacerme callar, lo cual es claramente absurdo.

Si intentamos un acercamiento etimológico, podríamos decir que un privilegio, es una “ley privada”, aunque más precisamente diremos que es algo que se encuentra prohibido para la generalidad de las personas, pero se permite a ciertos individuos, en razón de una consideración especial hacia su persona o posición. Así por ejemplo, y en eso tiene razón el subsecretario, conducir un vehículo es un privilegio, porque no pueden ejercerlo cualquier persona que cuente con la posibilidad material de subirse a un automóvil y conducirlo, sino que además debe haber demostrado que su persona reúne una característica especial, a saber, que conoce las normativas que regulan el tránsito de tan peligrosas máquinas, y cuenta con la salud, sentidos y sanidad psicológica para hacerlo sin poner en peligro a sus congéneres.

Se puede discutir si de la igualdad nacen derechos, es decir, si a pesar de encontrarnos entregar un privilegio, una vez acreditado que una persona cumple los requisitos surge el derecho del sujeto a contar con el privilegio, y la obligación correlativa del Estado de otorgárselo, pero eso alargaría aún más esta ya prolongada disquisición.

Dicho todo lo anterior, ¿Qué es el tener, portar y usar armas de fuego? Desde luego, no puede ser un derecho porque implicaría que el Estado tenga la obligación de proporcionar armas a todos los ciudadanos que lo soliciten, lo cual es absurdo.

Entonces ¿es una libertad o un privilegio? Ambas categorías (libertad y privilegio) nos permiten ejecutar una conducta sin que nadie nos perturbe, o no ejecutarla, si así lo decidimos; la diferencia estriba en si ese “algo” debe estar generalmente permitido a los ciudadano o no.

Normalmente se adscribirá a la categoría de privilegio aquellas actividades que son peligrosas para los demás, como conducir un vehículo motorizado o mantener un reactor nuclear en el patio de mi casa; y a la de libertad, aquellas que no parecen representar un peligro inmediato a la comunidad, como el caminar, trabajar en la mayoría de las actividades, comer y emborracharse. Desde este punto de vista parece que el tener, portar y usar armas de fuego sería un privilegio, pues nadie duda de los peligros que para la integridad y seguridad de las personas implica el mantener un arma de fuego, sin contar además con las posibilidad de que esas armas terminen en manos de delincuentes.

Sin embargo, ocurre algo especial con las armas de fuego, y que las diferencia esencialmente de conducir un automóvil o tener un reactor, y es que su uso se fundamenta en la libertad esencial que cada individuo tiene de proteger la propia integridad, mientras que no existe una libertad esencial de conducir un automóvil, cuando puedes desplazarte a pie o de otra forma, o de tener estudiar sustancias peligrosas, cuando hay pasatiempos tanto o más interesante como los juegos de rol. Un arma, en cambio, es un medio apto y eficaz para ejercer una libertad esencial y por lo tanto no se le podría considerar un privilegio, sino una libertad de la que todos los hombres somos titulares.

La pregunta entonces se parece a una balanza, donde en un plato se encuentra el peligro de las armas de fuego, y en otro su aptitud y eficacia para ejercer la libertad de autodefensa. Y aquí es donde volvemos a entroncar con el tema de la cultura: en una ambiente de una comunidad cohesionada y pacífica, el peligro disminuye, y parece prevalecer la libertad de los ciudadanos para tener armas; en una sociedad donde los ciudadanos se agreden unos a otros, aumenta el peligro asociado a que las armas sean usadas indiscriminadamente, y entonces el Estado se ve forzado a ejercer su poder y exigir que sean un privilegio; en una tercera fase, donde el Estado ya no es capaz de otorgar seguridad a los ciudadanos, el poder de las armas para entregar esa seguridad hace que pasen nuevamente de ser un privilegio a una libertad.

Al parecer, el gobierno piensa que estamos entrando en esa segunda etapa, y no piensa tomar medidas para impedirlo, sino simplemente asumirlo y adaptarse. Yo creo que todavía tenemos la opción de volver a la primera fase, tener la libertad de portar armas, y no el privilegio. Desde luego el gobierno no tiene porqué adapatarse a mis categorías, así que puesto en la disyuntiva, y a modo de conclusión, debo decir que el tener armas debe ser un derecho y no un privilegio.

Esta entrada me salió extraordinariamente larga, porque las ideas las iba elaborando a medida que escribía. Por lo mismo, todo está sujeto a revisión y me gustaría mucho que los visitantes dejaran su opinión al respecto.

Anuncios
Categorías:Política y derecho
  1. Juan Campos
    3/06/09 en 2:02 pm

    Interesante y Novedoso análisis, aun que en algunos aspectos hago mis reservas. Quizás, creo, en algún punto se confunde el derecho a portar armas de fuego, con la libertad de adquirirlas, y hasta se podría rebatir un concepto de arma, que se colige de vuestra excelente e impecable lógica análisis.
    Por un lado las expresiones del subsecretario se refieren mas bien al uso y posesión de armas de fuego, no a la libertad para adquirirlas “legalmente” y portarlas. En ese aspecto, el grupo social con acceso a ellas es doblemente privilegiado (me refiero a tenerlas legalmente), por un lado por pertenecer a un segmente económicamente privilegiado, dado el alto costo de adquirías, usarlas y mantenerlas, sin considerar el acceso a polígonos de tiro y a cursos de empleo, ahí caemos y mencionamos otro grupo privilegiado, aquellos que por su función las poseen o por ser parte de aquel conglomerado legitimo de personas que representan el ejercicio legal de la fuerza del Estado (FF.AA. y policías). Y tenemos, por ultimo, aquellos números esquivos, aquel tercer grupo que las adquiere en la clandestinidad y en la ilegalidad, y hacen uso y abuso de ellas.
    Considerando lo anterior y también teniendo bien presente que la expresión arma es el continente y arma de fuego la especie, no única, y hasta minoritaria dentro de todas las que por su uso sirven para provocar daño a otro individuo, incluso causarle la muerte, desde esta perspectiva la intencionalidad juega un papel interesante y esencial. Si nos ponemos un tanto más gráficos, me pregunto ¿que sucede con aquella Sra Juanita que va de la tienda, a su casa, portando su portentoso cuchillo de cocina? Si es detenida en el camino podría formalizarse por poseer un arma, sin embargo como su intención y mirando la naturaleza que le dio el fabricante a dicho instrumento, desaparece como arma para convertirse en “herramienta” domestica. Pero si la Sra Juanita llega a su casa y asesina al jardinero, ya seria calificado como asesinato con arma blanca. Así que la amplitud de armas e intencionalidades, califican al objeto. Es sabido que hasta una simple bolsa plástica es un eficaz arma. Ahora todos tenemos la libertad de adquirir objetos (mas aun en esta economía de mercado), mas no tenemos el derecho de quitar la vida de otro, ni con ellos ni sin ellos. Es ahí donde el privilegio de poseer armas con la intencionalidad de quitar la vida de otros resulta eso, “un privilegio”, no quita por ellos, ni excusa, las circunstancias en que pueda ocurrir. Si quisiéramos hacer una analogía con la eolítica de defensa, estaríamos frente a una política disuasiva. Pero la realidad, es que frente a los requisitos, la burocracia y frente a la nueva iniciativa legal que quiere aumentar dichos requisitos y burocracia, la verdad es que nuestro país lleva a cabo una política persuasiva, en el sentido de desincentivar el uso de armas (convencionales y de fuego). De si es un derecho o una libertad, La libertad existe a la hora de adquirirlas, y quien quiera, sumando para ello los requisitos legales(he ahí el privilegio). El derecho, surge en la facultad de exigir del Estado la facultad de tenerlas o portarlas, pues el derecho es, como se dijo, no es de adquirías, ni aun en las condiciones legales (todo derecho exige requisitos, que nacen de su concepto natural). De ahí que en nuestro pais impera la libertad de acceso a las armas de fuego y a todo tipo de armas, pero cuando de armas de fuego se trata, se exige además copulativamente acreditar ciertas idoneidades y conductas. El derecho es a portarlas. Y la igualdad es quizás el aspecto mas débil ¿quizás el Estado debiera subsidiarlas?.-

  2. el gato con botas
    2/08/09 en 7:03 pm

    ¿Se puede pensar, a la altura de los tiempos que corren, que las armas pueden servir para proteger la vida? No creo que dando armas de fuego a la gente voy a proteger mejor mi vida, pues, a buen seguro, el que me ataque también portará una y, quizás, de mayor calibre.

    Por la misma lógica todos los países deben tener la libertad de poseer armas nucleares con las que defenderse de posibles ataques. ¿Así nunca había guerras? ¿Estaría más seguro el mundo? o ¿estaríamos constantemente acongojados? Sinceramente, prefiero que mi vecino no tenga armas de fuego, de esa forma podré discutir con él sin miedo a que me meta un tiro por apártame allá esas pajas.

    • 3/08/09 en 6:24 pm

      Entendería tu punto si la opción fuera entre tener o no tener armas de fuego, pero no es así. Las armas de fuego existen y la pregunta no es si tenerlas o no, sino quién las tendrá. Si mi vecino tiene la libertad de tener una, prefiero que se me reconozca esa misma libertad.

      La analogía con las armas nucleares no es del todo precisa, porque implica asumir que hay ciertas naciones que tienen derecho a mantener un arsenal nuclear y otras que no.

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: