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Cómo me puse así I

Siguiendo el antiguo consejo metodológico, comenzaremos hablando de lo general para luego ir a lo particular. Diremos entonces que tengo un temperamento filosófico.

Entiendo por temperamento filosófico una cierta disposición de la mente que resulta muy molesta, pues no te deja vivir tranquilo en este mundo (esperemos que en siguiente mejore la cosa) y que, enfrentado a un tema o cosa, me lleva a pensar sobre ella desde diferentes ángulos y puntos de vista, a buscar su lugar en el mundo y a seguir sus principios hasta sus últimas consecuencias.

Por ejemplo, los derechos humanos: la mayoría de la gente, sobre todo ante la historia reciente de Chile, tiene en muy alta estima el deber de respetar y promover los derechos humanos… y hasta ahí se queda. Puede que le sirvan para manifestar su justa indignación ante el abuso de los poderosos, pero no va más allá. El temperamento filosófico, en cambio, nos pide pensar ¿Existen realmente los derechos humanos? ¿de dónde surgen? ¿son sólo una convención cultural? si lo son ¿me obligan? Como lo he explicado en otra entrada, constatar que no puedo renunciar a la existencia de los derechos humanos como norma de vida, y la necesidad de llevar las ideas hasta sus últimas consecuencias, me pone en la necesidad imperiosa de afirmar la existencia de Dios, y no de cualquier dios, sino del dios cristiano, que dio lugar a la Iglesia, cuya influencia sobre la occidente fue determinante para que esta cultura (y no otra) afirmara “Todos los los hombres nacen libres e iguales en dignidad y derechos”.

Otro ejemplo, la democracia. Nuevamente influido por el contexto políticos chileno, tenemos un reflejo condicionado en nuestra comunicación que nos hace reaccionar ante la palabra “democrático” como algo bueno, y “dictador” como algo muy malo. Algo parecido ocurre en otras comunidades con palabras como “moderno” o “progresista” y “medieval” o “inquisición”. La mayoría de la gente funciona muy bien con estos parámetros, les sirven para saber de dónde viene, quiénes son, y quién forma parte de su grupo. Yo no tengo esa suerte, mi temperamento me dice que no debo conformarme con convenciones culturales, y me obliga a preguntarme ¿Qué es democracia? ¿Basta con que algo sea democrático para ser bueno? ¿Qué presupuestos tiene la democracia? ¿Son ciertos esos presupuestos o son míticos? ¿Cumple la democracia con lo que promete? Todas estas preguntas, y sobre todo sus respuestas, son tan inconvenientes en el Chile actual, como estudiar el nacional socialismo en Alemania, pero uno no puede evitar arribar a conclusiones, y seguirlas, aunque no las exprese.

La mayoría de la gente no es así, y está bien, el mundo necesita que las cosas se hagan antes de revisar todos los ángulos posible, pero ciertamente que uno se siente solo.

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Categorías:General
  1. Aún no hay comentarios.
  1. 2/02/10 en 2:56 pm

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