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Cómo me puse así

Desde que comencé a escribir en este blog, en noviembre de 2002 luego de encontrar y seguir por unos 6 meses el de Mark Shea, me propuse que no fuera un sitio “sobre mí”, como abundan en la blogósfera, sino un aporte a la Iglesia, para expresar sus ideas (evangelizar, que le dicen) de una forma diferente, que yo sentía que faltaba.

Luego de 6 años, he aprendido que este enfoque tiene una seria desventaja: la gente no me conoce, y por lo tanto, luego de leer lo que escribo, tienden a atribuirme ideas que no he expresado, llenando los blancos que sobre mí existen en su mente, con la imagen que tiene de lo que seguramente opina alguien fundamentalista o ultra conservador.

Así por ejemplo, si levanto un artículo diciendo “cuando la gente habla del matrimonio para toda la vida, no sabe lo que dice” muchos visitantes quedan con la idea que, según patoace, la mujer debe quedarse en la casa cuidando a los hijos.

Algún experto en publicidad me dirá “¡Obvio, patoace! todos saben que un 90% del mensaje es cómo se dice, y sólo un 10% es lo que se dice ¿Acaso no has visto nunca comerciales?”, ante lo cual sólo me queda confesar mi profunda incompetencia comunicacional. Al final, me encuentro con que termino muchas conversaciones con frases de tipo “por favor, comenta sobre lo que escribí, no sobre otras opiniones que a tí te parece que yo debería sostener”.

En ese contexto, uno no puede menos que admirar la paciencia de amigos como Ricardo, que una y otra vez nos entrega su (en general crítica) opinión acerca de lo que escribimos. Para él debo ser una especie de insecto que vive rodeado de crucifijos, que trabaja en alguna librería cristiana y sólo sale de su rutina casa-misa diaria, para desviarse a la confesión semanal. Gracias, Ricardo, por no perder la paciencia.

Pero no soy así: tengo  un trabajo en el sector público, una esposa que me acompaña a misa sólo cuando no tiene otras cosas que hacer, mis amigos más íntimos son en su mayoría agnósticos, liberales y uno ex masón y no conozco a ningún cura personalmente. Estoy plenamente conciente que soy un bicho raro, nadie en mi familia comparte las opiniones que expreso en este blog, y sólo mi esposa me escucha a veces también con paciencia de santa. No ando diciendo a la gente cómo debe vivir, ni abogo por leyes más duras contra todo lo que se opone a la virtud. Sin ir más lejos, mi madre nunca ha llegado por esta página, no tiene idea de las barbaridades que opino, e igual piensa que soy demasiado fanático ¡sólo por ir a misa cada domingo! (cuando puedo 😉 )

En fin, no me gustaría dejar de llamar las cosas por su nombre (al menos en este blog), y seguir las ideas hasta sus consecuencias finales, pero eso me deja todavía con el problema: ¿Seré un comunicador más efectivo si la gente sabe cuáles son mis circunstancias? ¿Querrá alguien saber cómo me puse así?

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Categorías:General
  1. 13/02/09 en 4:42 pm

    ¡¡¡¡Me encantaría conocer más de tus cosas!!!!!
    ¡Anda, dí que sí, ¿Sííííííí??????????????

  2. 13/02/09 en 5:15 pm

    Buen punto, Pato.

    Mi blog es de esos “sobre mi” pero toda la vida me ha pasado lo q tu describes… y es medio agotador.

    Lo bueno es q cuando la gente te conoce te dice aaahh!! pero no eras tan cartuch@/momi@/retrograd@ como yo creia! (todavia no se si tomarlo como un insulto o un halago jajaja).

    Tal vez podrias converger las dos cosas. Has leido http://www.conversiondiary.com?? Tal vez podrias sacar un par de ideas de ahi.

    Saludos!

    Fabiola

  3. 15/02/09 en 3:35 pm

    Bueno, me parece un poco exagerado decir que te considere como una especie de “insecto” o algo por el estilo. La verdad estoy muy acostumbrado a gente como tu pero a través de un proceso inverso: los conoces en persona y son de lo más “normales” (aunque me carga usar ese termino) y cuando empiezas a conversar temas un poco más complejos/profundos se les arranca lo hiperconservador.

    De ninguna manera pienso que seas una persona “que trabaja en alguna librería cristiana y sólo sale de su rutina casa-misa diaria para desviarse a la confesión semanal” pero, sin embargo, escribes como si quisieras que uno pensara eso… ¿no?

    Me llama la atención en todo caso que digas que no abogas por leyes mas duras contra todo lo que se oponga a la “virtud”… o yo no he entendido nada de lo que escribes o definitivamente te expresas de una manera mucho más “pro-opresión” de lo que crees. Curioso es además que uses el término “virtud”, siendo tan relativo: lo que es virtuoso para mi puede ser vicioso para ti y vice-versa, ¿no?… teni que cortarla con eso de que hay una sola interpretación arbitraria por lo demás) de lo “bueno” o “virtuoso”, esa es la razón por la que estas paginas suenan tanto a fundamentalismo.

    En todo caso disfruto (quizás a algún nivel perverso) las discusiones que sostenemos acá, aunque lamentablemente sospecho que son estériles pues casi siempre se acaban con algún argumento “absoluto” (tipo dios) o simplemente con un “pensamos distinto y punto”. No pierdo la esperanza de que algún día mejoren en ese sentido y por lo mismo sigo viniendo a opinar majaderamente.

    saludos

  4. 16/02/09 en 11:13 am

    Debe ser cosa de la Providencia, Pato. Llevo unos días teniendo un animado debate con mi santa sobre algo sorprendentemente parecido a lo que expones aquí. Estamos llegando a algo que empieza a asemejarse a una conclusión, aunque confieso que en este momento me encuentro muy confuso todavía.

    Por lo demás si que creo que es bueno mostrar algo de ti, parecer un humano y no un “blogger” creo que ayuda. No se muy bien a que, pero ayuda.

  5. 17/02/09 en 11:44 am

    Denme unos días para poner en orden algunas ideas, y les contaré en general de mis cosas.

    A mí me pasa Fabiola, que la gente se imagina que soy medio de derechas, pero no saben cuánto 🙂 Es como ser infiltrado en campo enemigo.

    En general, Ricardo, no escribo pensando en qué pueda pensar la gente de mí, sino en lo que pueda pensar de lo escrito. Por eso trato de ser lo más preciso posible, y en eso sale un discurso más duro de lo que yo soy en realidad. Por eso también me produce frustración cuando aparecen esos comentarios del tipo “¡Y todavía se creen estas estupideces!”, porque no se refiere a lo escrito sino a mí, y no aporta nada a la conversación.

    Sinceramente pienso que algunas reacciones a palabras como “virtud”, “malo” o “verdad” habla más de la situación de la cultura actual, que no es capaz de llamar a las cosas por su nombre, que de mi dureza.

    En general no me molesta terminar una conversación con “pensamos diferente y punto”, porque creo que las diferencias de opinión no surgen de la mala voluntad de las personas, o falta de razonamiento, sino de puntos de partida distintos. Por ejemplo, sería absurdo intentar convencer a alguien de que el condón es malo, si antes no ha asumido como propia la visión cristiana de la sexualidad.

    Muy interesante, Embajador. A veces vuestro blog es más “campo de batalla” pero esperamos que eso no impida conocer sus conclusiones.

  1. 2/02/10 en 2:56 pm

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