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Por qué no eutanasia

Cuando hablamos de eutanasia nos encontramos, al igual que en casos similares, con que se desecha nuestra opinión diciendo que sólo se basa en convicciones religiosas. Para superar esa barrera, quiero proponer el siguiente argumento, fundada en argumentos políticos.

Es común pensar “bueno, si esta persona se encuentra sufriendo, la única o mejor forma de poner fin a ese sufrimiento es la muerte, y al hacerlo no causa daño a nadie, entonces no hay buenas razones para impedirselo”. Este argumento presupone que los seres humanos tenemos libertad y que nadie puede ser obligado a sufrir más allá de lo que razonablemente quiera, y por eso, por fundarse en la libertad y evitar el sufrimiento, resuena con fuerza en nuestros oídos de occidentales, que han hecho del placer y el individualismo sus razones para vivir.

Pero pensemos en un caso análogo: el salario mínimo. Todos los países occidentales han consagrado en sus leyes, al menos en algún grado, la libertad que tiene cada uno de elegir en qué trabajar, y cuánto aceptará que se le pague por su trabajo; esto es normal y, al igual que en el caso de la eutanasia, forma parte de la autonomía con que cada uno decide llevar a cabo su vida.

Sin embargo, el ejercicio de esta libertad reconoce como límite las leyes sobre salario, que establecen un requisito mínimo respecto a lo que el obrero puede convenir con el empleador sobre lo que se pagará por su trabajo, y donde el Estado sanciona a quien infringe acuerda pagar menos. A través de la regulación laboral, la comunidad reconoce que tras un aparente ejercicio de libertad se esconde el abuso del débil por el más fuerte, y para proteger a la parte más débil en una relación, le prohíbe expresar su voluntad de cierta forma.

En efecto, no es difícil imaginar el caso en que, en una situación de crisis económica y falta de empleo, mucha gente aceptaría trabajar por un sueldo que ni siquiera alcanza para cubrir sus necesidades básicas, y que los poderosos aprovechen esa circunstancia para abusar injustamente de los trabajadores. Ante esta realidad, el Estado dice “no, es deber de empleadores y trabajadores compartir las dificultades de una crisis” y establece que el empleador siempre deberá pagar a lo menos un salario de cierto monto. En otras palabras, se estima justo y necesario restringir la libertad de algunos para proteger a los más débiles.

Tampoco se debe olvidar que debe existir cierta solidaridad entre los trabajadores, y que el hecho de que algunos estén dispuestos a trabajar por un sueldo miserable afecta a los demás, porque los obliga a aceptar peores condiciones a cambio de conservar su trabajo.

En el caso de la eutanasia ocurre lo mismo: quien se encuentra enfrentado a la muerte cercana y a veces sometido a un terrible dolor está en una crisis profunda, y en ese caso se encuentra dispuesto a aceptar cosas que normalmente no aceptaría. Además el sistema hospitalario lo presiona por los gastos que significa mantener su vida, y, aún sin quererlo, la familia le recuerda las dificultades por las que pasan a causa de su enfermedad.

En este contexto es natural plantearse la muerte como una “solución”, pero una decisión en ese sentido no es realmente libre. Al igual que el trabajador que acepta firmar un contrato por una miseria, el enfermo está claramente presionado por las circunstancias para hacer algo que normalmente no haría. En tal situación, la respuesta del Estado debe ser de proteger al débil, y obligar a los sanos y al sistema hospitalario a compartir las dificultades y a no abandonar.

Otra idea, que intenta soslayar la evidente falta de libertad del enfermo terminal que accede a ser muerto, dice “Está bien, no permitamos la eutanasia pura y simplemente, pero demos a las personas la posibilidad de expresar su voluntad respecto a la muerte, cuando se encuentren en pleno uso de sus facultades, a través de un testamento vital”. En este documento, se propone, el sujeto podrá expresar qué tipo de cuidado quiere recibir en caso de encontrarse cercano a la muerte.

Para fundar nuestra oposición a tal posibilidad, nuevamente nos sirve el ejemplo del salario mínimo, porque también se ha propuesto que, aceptando la aplicación de un salario mínimo, se establezcan al mismo tiempo categorías especiales de trabajadores (como los aprendices) que puedan trabajar por un monto inferior. Pero la respuesta de las agrupaciones de trabajadores ha sido inequívocamente negativa ¿Por qué? pues porque implica amparar, a pretexto de  situaciones extraordinarias, el abuso por parte del poderoso, haciendo que sea el trabajador el que soporte solo los costos que la empresa no quiere asumir.

En el caso de la eutanasia ocurre lo mismo, si el Estado ampara la expresión de una voluntad de morir, en forma indirecta la avala, lo que se traduce en una presión a quien ya se encuentra en situación de decidir su muerte.

Desde un punto de vista estrictamente político, mi conclusión es: si Ud. se quiere morir, hágalo, nada se lo impide, las ciudades modernas están llenas de posibilidades; pero no le pida al Estado que se las financie, lo consuele, lo reafirme y/o le dé un empujoncito para lo que Ud. no se atreve a hacer.

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Categorías:Pro-vida
  1. 11/02/09 en 10:14 am

    Sí, patoace, esta es una variante del argumento de la esclavitud: todos pueden hacer con su vida lo que quieran, luego pueden venderse como esclavos. Al hacer eso atentan contra su propia dignidad de seres libres pero además atenta contra su dignidad el que los esclaviza porque no es digno de un ser humano esclavizar a otro.

  2. 12/02/09 en 8:27 am

    Gracias, Cuestionesbioeticas. Y yo acá pensando que era original 🙂

    Muy interesante tu blog, por cierto.

  3. Kewois
    12/02/09 en 11:40 am

    Pero Patoace, se habla de eutanasia cuando la persona no puede suicidarse. En algunos casos por no estar conscientes en otros porque otra persona debe facilitarle los medios para matarse (por ejemplo prepararle un vaso con veneno) arriesgándose a ser acusada de asesinato.

    Hay personas que sabiéndose enfermas terminales firman documentos pidiendo que no se los reanime, no se los mantenga por medios médicos con vida.
    PEro no es una práctica común.

    Si usted estuviera en la situación de Eluana, prefiere que su familia pague muchísimo dinero para mantenerlo en una situación sin ningún tipo de esperanza??? manteniendo vivo un cuerpo inerte que requiere muchos cuidados???

    Desde ya que en estos casos no deben tomarse decisiones apresuradas.
    La justicia debe decidir apoyada en informes médicos serios.

    Kewois

  4. 12/02/09 en 12:06 pm

    Si no está conciente, el sujeto no tiene ninguna voluntad, menos la de suicidarse. Si mato a otro sin su voluntad no hay suicido ni eutanasia, hay asesinato.

    Si está conciente, pero tan enfermo que no puede siquiera tomar un vaso con agua (para darse una sobredosis de alguna cosa) ¿No es más lógico pensar que su deseo de morir se relaciona más con una depresión que con una voluntad libre?

    Si alguien no quiere ser reanimado ni mantenido con vida por medios médicos extraordinarios, es lícito respetar su voluntad, porque nadie está obligado a recibir tratamiento. Pero ese no es el caso de Eluana, porque alimento y agua no son un tratamiento médico.

    ¿Cuánto dinero es muchísimo? Si mi familia es pobre ¿me tengo que morir antes que otro de familia rica? No me parece. Además, yo puedo negarme a recibir tratamientos caros, pero cuidados mínimos (como los que necesita un bebé, por ejemplo) no se deben negar nunca.

    Yo creo que la justicia no debería decidir. Creo que la decisión sobre quien vive o quien muere es demasiado terrible e importante para entregarsela al Estado. Además, si autorizo al Estado ha hacer cosas sin mi voluntad (como ocurrió en el caso de Eluana) poco falta para que lo autoricemos a hacer lo mismo contra mi voluntad.

  5. Kewois
    12/02/09 en 2:36 pm

    >¿No es más lógico pensar que su deseo de morir se relaciona más >con una depresión que con una voluntad libre?

    Depende.
    Si hay una razonable posibilidad de cura o recuperación si se puede hablar de depresión.
    Pero si no la hay no la hay.

    >¿Cuánto dinero es muchísimo? Si mi familia es pobre ¿me tengo que >morir antes que otro de familia rica?

    Comparto con usted que el estado debería hacerse cargo.
    Digame, en chile el estado cubre realmente esos gastos?

    Si una familia de pocos recursos gasta su dinero en mantener con vida un hijo en estado vegetativo irreversible, medicamente certificado, a costa de la educacion, la calidad de vida de los hijos sanos, es valido???

    Y si, las familias pobres mueren antes que las familias ricas, es un hecho y mas notable en latinoamerica.
    Y tengo la terrible sospecha que casos similares a los de Eluana, en familias de bajos recursos terminan con una muerte en apariencia accidental….o no cuestionada.

    >Yo creo que la justicia no debería decidir. Creo que la decisión >sobre quien vive o quien muere es demasiado terrible e importante >para entregarsela al Estado

    Pero el estado toma muchas de esas decisiones. Declara guerras. tras desciciones son por omisión o desidia.
    Una fabrica contamina con residuos cancerígenos. El estado no regula o los funcionarios aceptan sobornos. Las familias pobres son las que viven cerca de la fabrica. Los hijos de la flias pobres son los que mueren de cáncer.
    Los funcionarios viven de manera lujosa gracias a ese dinero mal habido.

    Entiéndase, la decisión estatal no es la de matar niños de cáncer, es la de no castigar la corrupción, sobre todo cuando es del propio partido político.

    Kewois

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