Inicio > Matrimonio > Para toda la vida

Para toda la vida

El Mercurio del 27 de enero publicó una nota acerca de la situación del matrimonio y el divorcio en Chile. Señala:

El número de divorcios que se concretaron en Chile durante 2008 corresponde al 34,9% de la cifra de matrimonios que se celebraron en el mismo período. La tendencia desde la aprobación de la ley en 2005 es clara: el divorcio va en alza.

“Todos los datos actuales indican que este proceso continuará”, dice el decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Central, Luis Gajardo. Para él, la idealización cultural del matrimonio como el enamoramiento permanente es un factor de riesgo. Cuando “se debilita la pasión, se termina por desmoronar toda la relación y se busca una nueva”.

Este dato se obtiene de fuentes oficiales, con seguridad el Registro Civil. Fíjense que “la idealización cultural del matrimonio como el enamoramiento permanente es un factor de riesgo”. Lo siguiente, en cambio proviene de una encuesta.

Según la Encuesta Nacional Bicentenario UC-Adimark-“El Mercurio” 2008, el 70% de las personas encuestadas opina que el matrimonio es para toda la vida. Sólo dos años antes, esa idea la avalaba el 77% de los entrevistados.

Parece una cifra baja, pero mi percepción es que si la gente supiera lo que está diciendo, sería aún menor.Cuando se pregunta “El matrimonio ¿es para toda la vida?” el 98% de las personas pensarán que le están preguntando algo así como “¿Se puede estar enamorado toda la vida de una misma persona?”. Ahí el 30% te dirá que no, pensando que el enamoramiento es una emoción pasajera y que, terminado, es bueno separarse; mientras que el 70 restante, con una visión más optimista responderá que en las condiciones adecuadas, una pareja puede llegar junta a los años dorados.

Pero, amigos míos, la pregunta no es esa, no versa sobre la naturaleza del amor, o la capacidad de los adultos de cultivar una relación de respeto y cariño a lo largo del tiempo. La pregunta es “El matrimonio ¿es para toda la vida?” y eso es una cosa muy diferentes.

Como decía el decano entrevistado, la idealización del matrimonio es una trampa terrible, concebir las relaciones al modo de las películas de Meg Ryan y Tom Hanks le hace muchísimo daño a la sociedad, pensando que lo difícil es encontrar a la persona correcta y luego todo será más fácil, felices para siempre, es un factor de riesgo. Cuantas veces, los que se divorcian dicen “pensé que todo sería diferente, más fácil; él era diferente cuando nos casamos ¡yo era

Pero no es así. El matrimonio no es un ambiente seguro, donde cada día es igual y todo está bajo control. Un verdadero matrimonio es una gran aventura, y como toda gran aventura comienza con un voto terrible y ominoso. Como Frodo que se compromete a llevar el Único al Monte del Destino, o Ulises que parte de vuelta a su hogar a pesar de la inquina de Hera, el novio pronuncia un voto terrible: “Estaré junto a ti, hasta que la muerte nos separe”.

En todas las aventuras, los eventos posteriores se mueven al borde del fracas y la muerte es una posibilidad cierta y el resultado más probable para el héroe. Sin embargo, a pesar de todo ello el aventurero abandona su hogar (Gn 2, 24) para iniciar el viaje, sin saber dónde le puede llevar, mucho menos si tendrá éxito, sólo sabe que su promesa acabará cumplida o con la muerte.

¿Se imaginan qué tipo de protagonista sería Luke, si llevara los planos de la Estrella de la Muerte sólo hasta la cantina de Mos Eisley? ¿O si le dijera al viejo Ben “Te acompañaré mientras tenga ganas o no haya muchos soldador imperiales”? y cuando nuestro héroe duda ¿Acaso Yoda no le responde “Intentos no. Hazlo. O no lo haces. No hay intentos.”?

Igual el novio, ante el altar. Como el icónico héroe medieval, ante Dios y los hombres, el novio jura solemnemente que nada menos que la muerte, nada en este mundo, le hará separarse de la mujer que se encuentra ante él. Esta es una promesa terrible como ninguna, porque dice “sólo la muerte me separará de tí; no dejar de amarte, ni la infidelidad tuya o mía, no el que me golpees, o que yo sea infeliz, ni que seas drogadicta o abuses de mí o de nuestros hijos, ni que enfermes hasta convertirte en otra persona. Nada, sino hasta que solo la muerte nos separe… para toda la vida”.

Ahora díganme ¿Cuántas personas estarían dispuestas a hacer esta promesa? ¿Quién diría “el matrimonio es para toda la vida”?

Yo creo que no más del 5%.

Y sólo una vez que estamos de este lado del voto, podemos ver lo importante que es el amor. Pero no ese amor con sucralosa y tartrazina, sino el verdadero amor, el que te obliga a salir de ti mismo y en el que hay que crecer cada día. Porque si eso es lo que hemos prometido y queremos cumplir esa promesa, se hace indispensable poner todo nuestro empeño y ser cada vez más cuidadosos en que esa mujer a quien estamos unidos sea feliz, y eso nos permita a nosotros ser feliz.

Hay católicos que lamentan el alto número de nulidades eclesiásticas que se conceden actualmente, como si los tribunales canónicos estuvieran afectados por una falsa misericordia frente a un tema tan importante como es el matrimonio, un sacramento e imagen del amor de Cristo y la Iglesia. Yo creo que no es ese el tema preocupante, lo grave es que nuestra cultura ya no sabe qué es el matrimonio, que todas las personas se casan pronunciando “para toda la vida” pero diciendo mientras te ame”, y lo mismo entienden los testigos del acto, y quién sabe si hasta el cura. En ese caso no queda más que reconcer un vicio de la voluntad.

Que aumenten los divorcios no es el problema, es el síntoma. Está bien atacar síntomas que pueden matar al paciente, pero lo verdaderamente importante es sanar la enfermedad. Y tratándose del matrimonio, estamos frente a una enfermedad del espíritu.

PD: Si alguna mujer soltera lee esto, le pido con mucho cariño que le explique a su novio qué implican las promesas del matrimonio y le diga que ella no merece otra cosa de él. Al menos mi mujer no acepta nada menos de mí, y tú no mereces nada menos que ella.

Anuncios
Categorías:Matrimonio
  1. 2/02/09 en 3:44 pm

    Fíjate que en general estoy de acuerdo contigo en lo que analizas en este artículo.

    Yo me casé hace poco más de un año, y lo hice a sabiendas de que me estaba metiendo en algo que no iba a ser miel sobre hojuelas para siempre. Yo creo que el simple hecho de estar consiente de que siempre van a haber diferencias y dificultades te ayuda a estar más preparado y, sobretodo, a tomar una mejor decisión. Ahora, nada me asegura que (si las cosas se pusieran “feas”) después de intentarlo mucho llegaríamos necesariamente a un acuerdo (o nivel de comprensión) que nos permitiría vivir relativamente tranquilos. Es probable que, a pesar de todos los esfuerzos que uno haga, las diferencias sean irreconciliables y, en ese caso, no queda otra que un divorcio para que cada uno pueda intentar rearmar su vida. Ahí es donde probablemente no estemos de acuerdo, yo creo que la gente tiene el derecho a equivocarse… pero al mismo tiempo tiene el deber de tomar las deciciones importantes (como el casarse, tener hijos, etc.) a conciencia. Es por eso que es imprescindible que exista una ley de divorcio… los que se casen “a conciencia” jamás harán uso de ella, los que lamentablemente hayan tomado malas decisiones tendrán una segunda oportunidad y, lo más importante, si hay hijos se asegura su bienestar dentro de lo posible.

    Yo creo que el problema es que la gente se casa en “automático”. Hay mucha presión social para hacerlo, sobretodo en los círculos más conservadores. Yo pienso que lamentablemente la iglesia aquí ha jugado un rol importante: en mi opinión es ella la principal responsable de la “sobreidealización” del matrimonio. He conocido incluso casos patológicos de gente creyente que pensaba que después del “sacramento” todo iba a cambiar como por “arte de magia” (o “obra de dios”, que para mi es lo mismo).

    En mi experiencia lo mejor que se puede hacer es tomar la decisión a conciencia (¿estoy dispuesto a bancarme todos los problemas que vendrán?) y, al mismo tiempo, con toda la información posible (¿somos realmente compatibles? ¿como es ella/el en el diario vivir?). Mi manera de abordar esta problemática fue el vivir juntos un buen tiempo antes de casarnos… solo así se toma una decisión informada. Uno se da cuenta de si existe o no ese amor que tu mismo tan bien describes: “el que te obliga a salir de ti mismo y en el que hay que crecer cada día”. Resulta que ese amor no te nacerá con cualquier persona, por lo tanto hay que “testear” la convivencia (y la calidad del sexo, por supuesto, que es fundamental).

    Yo soy de la idea de que las personas somos complejas a niveles muy profundos, por lo mismo es necesario explorarlos intensamente antes de tomar decisiones vinculantes de muy largo plazo. Por la misma razón, ya casado y todo, seguimos esperando, tranquilamente a sentirnos suficientemente seguros de nuestra relación antes de traer hijos al mundo, porque ahí si que la cosa se pone seria y no se puede hacer “al lote”.

    Bueno, es mi humilde opinión. Yo digo “vive y deja vivir”… y si eso no te tranquiliza: ayuda a la gente a tomar buenas decisiones, pero no te ensañes con los pobres que ya se han equivocado. Obligarlos a vivir un tormento por el resto de sus vidas es algo (a mi parecer) muy poco “cristiano”

    Saludos
    Ricardo

  2. 3/02/09 en 11:54 am

    De tus palabras, Ricardo, veo que has asumido el compromiso del matrimonio con mucha seriedad. Te felicito por eso.

    Sin embargo, tú mismo dices que estarás casado mientras no hayan diferencias imposibles de superar a pesar de los esfuerzos o no caigas en cuenta que has cometido una equivocación. Tu matrimonio puede ser para toda la vida, y quiera Dios que así sea, pero ese es un hecho futuro e incierto. Por otro lado, el voto que has hecho no lo es, es una promesa condicional: mientras no ocurra A, B o C, estaré unido a ti. (Sea A, la muerte; B, diferencias irreconciliables; C, una equivocación)

    Es bueno que estés conciente de eso, y si tu esposa lo está también, mucho mejor. Pero yo creo (y es mi opinión personal) que una mujer se merece más.

  3. 3/02/09 en 12:16 pm

    O sea, según entiendo, tu crees que es solo una cosa de voluntad? Hay infinitas variables que pueden generar un divergencia imposible de solucionar en una relación de pareja (no las voy a listar acá), al margen de la voluntad que las partes tengan para corregirla. Lo imperdonable para mi gusto es el tirar la toalla al primer problema, pero eventualmente se puede llegar a una situación insostenible y ahí hay que ser suficientemente maduro como para reconocer que la cosa no da para más. Yo prefiero la muerte a verme obligado a convivir con alguien que me odia o que yo odie… no soy masoquista (quizás el masoquismo es visto como virtud por algunos católicos pero, felizmente, yo no lo soy)

    Por otra parte, me suena muy machista tu comentario de que “una mujer se merece más”… ¿y un hombre no se merece más?. ¿Acaso esto se trata de evitar un supuesto abuso que solo puede ir en un sentido?

    Tampoco entiendo a que te refieres por “más”. ¿Implicas con eso que el compromiso (mutuo) que hice yo con mi esposa es menos “serio” que el de un creyente fervoroso única y exclusivamente porque no lo basamos en una fantasía?

    Ser realista está mal?

  4. 3/02/09 en 2:57 pm

    Tal vez me faltó un poco de contexto: hablamos del matrimonio para toda la vida, por el que se preguntaba en la encuesta. Si tú crees que hay infinidad de circunstancias que pueden hacer que el matrimonio no dure por toda la vida ¡me parece muy bien! estarás entre la inmensa mayoría de personas que debe responder “No” en la encuesta. Sólo me pareció importante que los otros, los que dicen creer que el matrimonio es para toda la vida, se dieran cuenta de lo que decían, y cambiaran su respuesta, si corresponde.

    En mi entrada listé algunas de esas variables que mencionas, que a pesar de las ganas de los cónyuges parecen terminar el matrimonio, y la respuesta de quien sostenga que “el matrimonio es para toda la vida” sólo puede ser la que te doy: no, ninguna de esas circunstancias produce el efecto de terminar un matrimonio.

    Yo prefiero la muerte a verme obligado a convivir con alguien que me odia o que yo odie… no soy masoquista (quizás el masoquismo es visto como virtud por algunos católicos pero, felizmente, yo no lo soy)

    No el masoquismo, sí el aceptar los sufrimientos que podemos unir al de NSJC. El cristianismo propone que no debemos odiar a nadie, por el contrario debemos amar incluso a nuestros enemigos y orar por ellos. También propone que si alguien nos odia, debemos ajustar cuentas con esa persona lo antes posible. Así que la situación que planteas (vivir con alguien que yo odie y que me odie) tampoco es compatible con el cristianismo.

    Además, no hay ninguna necesidad de convivir con una persona, por ejemplo si ella es un peligro para ti, y mantener los votos del matrimonio para toda la vida. Por ejemplo, si mi mujer enloquece, la internaré en un siquiátrico, o si me pongo viejo y mañoso, será mejor que ya no viva conmigo, pero no por ello terminará mi matrimonio.

    Por otra parte, me suena muy machista tu comentario de que “una mujer se merece más”… ¿y un hombre no se merece más?. ¿Acaso esto se trata de evitar un supuesto abuso que solo puede ir en un sentido?

    ¿Qué? ¿decir “las mujeres se merecen lo mejor” es machista? No me gusta que me acusen de ser machista así que me retracto y digo “un mujer se merece menos” y “Yo como hombre me merezco más” ¡Ahí estamos bien!

    Tampoco entiendo a que te refieres por “más”. ¿Implicas con eso que el compromiso (mutuo) que hice yo con mi esposa es menos “serio” que el de un creyente fervoroso única y exclusivamente porque no lo basamos en una fantasía?

    No, de ninguna forma, ya te dije que me parecía que habías tomado tu compromiso con mucha seriedad. No suelo implicar cosas, me gusta decirlas… y ya te lo he dicho: la idea de matrimonio que propones me parece muy seria y comprometida, sólo que no veo que sea para toda la vida, nada más. En qué se base es indiferente, para este tema basta con saber si es “para toda la vida”.

  5. 4/02/09 en 4:30 am

    OK…

    Solo una cosa, no se trata de que una mujer merezca más o menos que un hombre, se trata de que tanto hombre como mujer se merecen lo mejor del otro. Acá no hay una parte que deba comprometer más o menos, yo asumo que las responsabilidades y derechos son iguales para hombres y mujeres en las relaciones de pareja (se llamen matrimonio, convivencia o como sea). De ahi que tu frase me sonara machista…. y extiendo lo que digo para las parejas homosexuales. Generalizando: en cualquier relación de pareja las responsabilidades y derechos son iguales para ambas partes.

    saludos

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: