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El purgatorio, explicado por mi hija

Mi hija, Rosario, tiene 5 años cumplidos en febrero, y ya empieza a tomar sus primeras decisiones como persona. Cuando la mando a hacer algo y ella está entretenida haciendo otra cosa, empieza a dudar si obedecer inmediatamente o tratar de seguir jugando o viendo TV. Sinceramente amigos, a nadie que no haya observado crecer a sus hijos se le debería escuchar cuando habla acerca del ser humano, y muchos filósofos e intelectuales cumplen este requisito.

En fin, cuando mi hija hace algo malo, la retamos, como debe hacer todo buen padre, y ella nos dice con total sinceridad, pero más que nada sorprendida por nuestra reacción, “Perdón, mamá”.

Desde luego, sus ojos abiertos y su carita de pena hacen empíricamente imposible no acceder a tal petición, y mucho menos pensar en castigarla, así que la perdonamos antes que termine su frase. A pesar de eso, su madre y yo sabemos que ese “Perdón, mamá” y nuestro amor de padres no es suficiente, que a pesar de ser sincero su arrepentimiento, seguramente volverá a hacer lo mismo, porque no sabe cómo es mejor para ella hacer lo que sus padres le dicen. Ella debe aprender cuándo es importante hacer lo que se le pide, y cuándo puede hacer lo que quiere, pero para llegar a eso deberá pasar mucho tiempo.

A veces, cuando uno piensa acerca del amor y el perdón de Dios, puede preguntarse por qué, si Dios ya nos perdonó, es necesario el purgatorio, pero viendo crecer a mi hija, creo que cuando la Iglesia nos dice que Dios es nuestro padre, lo dice en un sentido mucho más real de lo que podría parecer a primera vista.

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Categorías:Religión
  1. 7/10/07 en 10:35 am

    La pena por una culpa deja una sensación de alivio cuando es justa y proporcionada, creo yo. En el caso de los hijos podemos equilibrar un poco la cosa, humanamente hablando, pero cuando hemos ofendido a Dios, creo que la pena siempre va a ser simbólica, “porque su misericordia es infinita”

  2. 8/10/07 en 11:38 am

    ¿No que el purgatorio había sido eliminado “por secretaría”?… ¿o ese fue el limbo?… con tanta definición cambiante me confundo. Podrían aprovechar de definir que no existan otras cosas molestas, como la pobreza o la violencia…
    Si creen que la simple declaración de inexistencia de un concepto (que fue considerado como real por los creyentes por mucho tiempo) lo hace dejar de existir, ¿no deberían creer que basta con que el Papa diga “el hambre no existe” para que se acabe el problema?

    saludos

  3. 11/10/07 en 8:40 am

    Me parece que fue C.S. Lewis quien escribió algo así como que si la condena del infierno dependiese de promesas hechas al Señor y luego rotas, él iría de cabeza. Je.

  1. 8/10/07 en 6:25 pm

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