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Prohibido negar el holocausto

A través de una columna de Mario Vargas Llosa nos hemos enterado que el parlamento de la Unión Europea ha propuesto penalizar a aquellos que niegan el holocausto. Como es de esperar de un liberal, se lamenta de la pérdida de libertad de expresión y augura los peores futuros posibles para la democracia, cuando se prohíban no sólo esa idea sino las que aparezcan contrarias a la verdad oficial.

En manos de los políticos la historia deja de ser una disciplina académica, una ciencia, y se convierte en un instrumento de lucha política, para ganar puntos contra el adversario o promover la propia imagen. Es comprensible que quienes viven acosados y esclavizados por la urgente actualidad y las servidumbres del poder carezcan de la mínima disposición de espíritu y de la serenidad intelectual necesaria para llegar a juicios aceptables sobre asuntos precisos del acontecer histórico.

[…]

Una sociedad democrática que cree en la libertad no debe poner limitaciones para las ideas, ni siquiera para las más absurdas y aberrantes.

El autor considera a la libertad de expresión como un bien en sí mismo, que debemos proteger a toda costa, y desde esta perspectiva lamenta la resolución del Parlamento Europeo. Si bien compartimos la opinión, creo que podemos aportar una perspectiva diferente al tema.

Si uno se guiara por lo que se publica en los medios de comunicación, parece que la libertad de expresión fuera un derecho absoluto, que nunca nadie puede restringir, pero no debemos olvidar que quienes están dando esa impresión son periodistas y editores, es decir personas cuyo sustento depende de vender publicidad asociada a sus publicaciones. Lejos de ser desinteresados guardianes de la libertad de expresión y la democracia, son sus mercenarios.

Las ideas que cada uno sostiene en su fuero íntimo tienen consecuencias, porque en definitiva ellas gobiernan la forma como nos comportamos en nuestra vida diaria las decisiones que tomamos, y por lo tanto afectan indirectamente a los demás.

El refrán dice “la pluma es más poderosa que la espada”, lo que podemos comprobar si pensamos que con una bala podemos matar a una persona, pero con una idea podemos matar a millones, como tristemente lo demostró el Siglo XX. Si las ideas son tan poderosas, también pueden llegar a ser muy peligrosas. Si una idea es más temible que un arma, ¿cómo justificamos someter a las armas a un estricto control legal, pero dejar en la más absoluta libertad a las ideas?

Por eso no puedo adherir a la afirmación absoluta de que nunca se puede poner limitar la libertad de expresión.

Es cierto que normalmente no será necesario establecer un control estricto sobre una idea, pero esta situación no está siempre asegurada, mantenerla depende de la cohesión que exista en una comunidad. Cuando la cohesión social disminuye, aparecen grupos marginales que acogen a los que se sienten excluidos, y cultivan en su seno ideas peligrosas para el resto de la comunidad, como el antisemitismo o el racismo. Ante esta situación el Estado, que carece de la capacidad de reprimir los actos individuales de estos grupos, se encuentra en la necesidad de controlar las ideas que subyacen a su actuación.

Así, mi evaluación de la decisión adoptada por el Parlamento Europeo es que, si bien es lamentable, no es un mal en sí, sino un síntoma de las dificultades que hoy enfrenta la sociedad europea para incorporar a las personas a su estructura.

Por lo mismo, una decisión como la que hemos conocido sería totalmente inaceptable en Chile, pero no porque los chilenos seamos más liberales o progresistas que los parlamentarios europeos, sino porque en mi país existe una cohesión mayor en relación a ideas que son incompatibles con el anti semitismo y el racismo, y que permiten discutir estas ideas sin temor a que su difusión dé paso a grupos que comiencen a actuar basados en ellas. Dicho de otro modo, Chile todavía cuenta con los seguros intrínsecos que le permiten “manipular” estas ideas sin grandes riesgos para la sociedad, a pesar de ser ideologías muy peligrosas en sí.

Esta situación es producto de diversos factores, como la historia, la religión, el idioma y la geografía, pero también se pueden perder. Por ejemplo, la dictadura militar creyó necesario establecer una prohibición expresa de las ideas terroristas y marxistas de conflicto social, producto de la historia previa que desembocó en el Golpe de Estado de 1973, mediante el artículo 8° de la Constitución. Cuando esta disposición fue derogada en 1990 no hubo trastornos en la sociedad, gracias a al rechazo que los mismos hechos habían provocado en los chilenos hacia estas ideologías. Hoy en día, sorprendería encontrar un 1% de personas que seriamente reivindicaran la vía armada como forma de hacer política.

Hoy en Chile no hay ideas prohibidas, pero como dije, estos seguros de que nos han dotado nuestros antepasados se pueden perder, como ha ocurrido hoy en Europa. Ojalá nunca nos veamos ante la necesidad de dictar leyes que prohíban difundir ciertas ideas.

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Categorías:Política y derecho
  1. 14/05/07 en 7:15 am

    Si bien lo que dices parece plausible, el asunto es que nadie puede tener la potestad de decidir qué es lo que el otro puede expresar o no.

    Por tanto, la libertad de expresión debe resguardarse celosamente de quienes creen, ilusoriamente, poseer cierta superioridad moral que les permite restringir a otros.

  2. 14/05/07 en 10:33 pm

    ¿Nadie puede o nadie debería? Después de todo, lo hace el editor de un diario cuando decide publicar un artículo y no otro, y lo hago yo cuando me reservo el derecho de permitir o no spam en este blog.

  3. 20/05/07 en 1:57 am

    Yo estoy de acuerdo con Vargas Llosa. Por más que me revienten el hígado los que niegan el Holocausto y la basura que sale de sus labios, siempre he rechazado que haya leyes que les prohíban hacerlo.

    Por más que haya ideas que aboguen por el odio y la destrucción de la libertad, ésta no se puede rebajar al nivel de ese mismo discurso al prohibir las ideas o, peor aún, castigarlas, como en algunas iniciativas de ‘crímenes de odio’, en las que se pena con mayor fuerza un crimen cometido con motivaciones racistas o discriminatorias.

    Una consecuencia de la libertad de prensa es que existen los tabloides y la pornografía. No se los puede prohibir sin herir fatalmente a esa misma libertad.

    El único camino para combatir esas ideas, así como la pornografía o los tabloides, es la educación y la confrontación de ideas. Si creemos en que existe una verdad, y que por tanto hay algunos argumentos verdaderos que suprimen a los falsos, ¿no debemos, mejor, afirmar la verdad y desvirtuar las estupideces?

    ¡Saludos!

  4. 28/05/07 en 2:20 am

    Creo que no puedes poner en un mismo nivel a la pornografía y a historiadores de renombre como David Irving o Ernst Zundel, presos respectivamente en los “paraísos democráticos” de Austria y Canadá por EXPRESAR sus ideas. Han aportado datos y pruebas CIENTIFICOS para negar aspectos controvertidos del llamado holocausto. Y están en todo el derecho a hacerlo, sin que ello los convierta en monstruos o antisemitas recalcitrantes. Poner en duda verdades oficiales nunca será condenable, sobretodo cuando dichas “verdades” son una especia de cuenta corriente con muchos ceros que permite a sus titulares cometer impunemente las más terribles barbaridades. El que no crea que le pregunte a cualquier niño palestino.

  5. 28/05/07 en 6:17 pm

    Hernán:

    Hallo en tus comentarios un tufillo inaceptable de antisemitismo e ignorancia sobre el conflicto palestino-israelí que no pretendo comentar, pues desviaría la atención de mi punto.

    Los métodos ‘científicos’ de David Irving o Ernst Zundel han sido desbaratados una y otra vez por muchos de historiadores serios… El caso es que, tratándose de historiografía, lo que puedan decir ellos u otros (cierto o falso) es tarea de la misma disciplina y no de leyes políticas el desmentirlo, sobre todo, cuando estas mismas leyes vulneran el derecho a la libertad de expresión, que debería ser lo más amplio posible.

    El problema está en que la negación del Holocausto tiene una cara política, y las más de las veces se hace con motivos muy distintos que los del correcto y honesto revisionismo histórico. Si no, sólo hace falta ver el delirio del presidente iraní…

  6. 28/05/07 en 7:54 pm

    La libertad de expresión debería ser lo más amplio posible… pero uno debe razonablemente preguntarse qué es posible.

    Me parece injusta la prohibición decretada por la Unión Europea, y que personas (sin importar la validez de sus argumentos) estén presas por expresar ideas, pero no descarto que la sociedad llegue a un punto de descomposición tal, que la forma de evitar los perniciosos efectos de ciertas ideologías (como el antisemitismo) sea restringir su difusión.

  7. 29/05/07 en 10:03 pm

    Don Sapiens:

    No veo qué puede tener de inaceptable ser anti-algo. Antisemita no soy, pero sí antisionista y antijudío, lo primero por razones políticas, lo segundo por razones religiosas. Y no me avergüenzo de decirlo.

    Ahora, las conclusiones de Irving y Zundel han sido contradichas, es cierto. Pero por muy “serio” que pueda sr un historiador que las ponga en duda, insisto que ellos están en todo derecho a plantearlas. Porque el día de mañana puede no bastarles con encarcelar a quienes ponen e duda la magnitud del llamado holocausto y empezarlo a hacer con quienes critican el aborto, la homosexualidad, la pena de muerte, la delincuencia… la decencia y los buenos modales. O derechamente el anticatolicismo. ¿Ve por donde va la cosa?

    Ahora, no veo por qué lo escandaliza tanto el “delirio” del Presidente de Irán, si su actitud no es más antijudía que lo anticatólicos que son Chirac, Zapatero o Blair. Todavía no escucho ni leo a ningún Bush, Olmert o a nadie critcándolos por ello.

  8. 29/05/07 en 11:35 pm

    No puedo dejar de mencionar que ser Católico y antijudío me parece una estupidez. Mi Dios es un judío, mi madre es una judía ¿Qué hace eso de mí?

  9. 30/05/07 en 3:22 am

    Lo que es una estupidez -y una herejía- es confundir el judaísmo actual -fariseo y deicida- con el del Antiguo Testamento. En efecto, la Santísima Virgen era efectivamente judía, pero veterotestamentaria.

    Negarle al judaísmo talmudico aquel carácter implicaría desconocer la condición de Madre de Dios de Nuestra Señora. Los Católicos, al recibir el Sacramento de la Confirmación, hacemos la profesión de fe del Credo: de Nuestro Señor, aceptamos como Dogma de Fe que fue concebido, nació, padeció y murió; así como María Santísima, Madre de Dios, le dio la encarnadura, los judíos se la quitaron; ergo, son asesinos de Dios. Negarlo es una doble herejía, pues, no solamente se niega a Nuestro Señor Jesucristo su condición de único Hombre divino, sino que también, a María, Nuestra Señora, su condición de Madre de Dios.

  10. 30/05/07 en 5:04 pm

    ¿Los judíos se la quitaron? Alguien no ha ido a misa últimamente: “…en víspera de su pasión, voluntariamente aceptada, tomó pan…”.

    O la lectura de San Juan: “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.”

  11. 31/05/07 en 7:11 pm

    ‘Ahora, las conclusiones de Irving y Zundel han sido contradichas, es cierto. Pero por muy “serio” que pueda sr un historiador que las ponga en duda, insisto que ellos están en todo derecho a plantearlas. Porque el día de mañana puede no bastarles con encarcelar a quienes ponen e duda la magnitud del llamado holocausto y empezarlo a hacer con quienes critican el aborto, la homosexualidad, la pena de muerte, la delincuencia… la decencia y los buenos modales. O derechamente el anticatolicismo. ¿Ve por donde va la cosa?’

    Completamente de acuerdo. Ya lo dije.

    Lo demás, me parece nefasto… Oponerse al ‘sionismo’, mal entendido como el imperialismo y expansionismo agresivos del Estado de Israel, con sus inaceptables excesos, creo que es éticamente correcto. Un imperativo incluso. Pero eso de antisionista y antijudío no es más que mero antisemitismo. Antisionista me remite a mí, como judío (y católico, a mucha honra), a que los judíos no tienen derecho a tener una tierra propia; no está justificada la existencia del Estado de Israel.

    Y lo de antijudío ‘por razones religiosas’ es todavía más antisemita, un argumento execrable e inaceptable de labios de un católico. No sé si conozcas el decreto Nostra Aetate del Concilio Vaticano II, que habla precisamente de los judíos y del mito barato del ‘deicidio’. ¿O qué hay de las miles de páginas del magisterio y los teólogos más respetables sobre los judíos y las relaciones judeo-cristianas?

    El Pueblo de Israel (todos los judíos del mundo, practiquen o no su religión) siguen siendo el pueblo elegido (y primogénito) de Dios. La Alianza del Sinaí no ha sido revocada y es más que obvio que Dios aún tiene planes para él. Los judíos, junto con los cristianos y los musulmanes forman todos el verdadero Pueblo de Dios. Son, en verdad, como dijo Juan Pablo II: ‘Nuestros hermanos mayores en la fe’.

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