Inicio > Matrimonio > Igualdad y matrimonio

Igualdad y matrimonio

Hace unos días conversaba con Ulises acerca del aborto y por esas cosas del debate, terminamos hablando del matrimonio homosexual.

Ulises decía que los cristianos podíamos tener objeciones a admitir el matrimonio entre homosexuales, pero un Estado laico debía considerarlo como un contrato con contenido esencialmente económico, y por lo tanto no había motivo para que dos hombres o dos mujeres se casaran, tal como lo pueden hacer un hombre y una mujer.

Mi respuesta en ese momento fue que el matrimonio si bien tiene efectos económicos, no son los esenciales, que precisamente el problema de en que se encuentra la sociedad hoy en día surge porque occidente ha perdido la capacidad de definir el matrimonio y su esencia. A causa de esto pasa por tal cualquier cosa que un grupo con suficientes votos pueda hacernos creer.

Sin embargo, hay otra línea de argumentación contra el matrimonio homosexual, aún aceptando que no sea más que un contrato.

Verán, en el ámbito de los contratos, la regla general es la autonomía de la voluntad, es decir, la libertad de las partes para celebrar los contratos que estimen convenientes, o de no hacerlo, de contratar con quien o quienes deseen y otorgándoles los efectos que quieran. Para estos casos, la ley contiene regulaciones que suplen el silencio de las partes, y que pueden ser modificadas mediante cláusulas especiales. Por este motivo, los tipos de contratos que pueden celebrar las personas son infinitos, todo depende de las necesidades que tengan.

Excepcionalmente, el Estado ha establecido algunos contratos cuyos efectos están establecidos por la ley, y en este caso las partes no pueden modificar su contenido o efectos, sólo pueden decidir si los celebran o no. Tal es es el caso de los contratos entre un trabajador o un empleador, donde la remuneración tiene un mínimo y las horas de trabajo un tope, o los contratos con empresas proveedoras de servicios básicos, donde hasta la tarifa está regulada por ley.

El fundamento lógico de esta situación excepcional, donde el Estado limita severamente la libertad de las partes para contratar, es la desigualdad. En efecto, en aquellos casos donde una de las partes carece la libertad suficiente para negociar términos que sean favorables a su situación, y se ve obligada a aceptar lo que le pida el otro contratante, el Estado debe intervenir para asegurar un trato justo a ambos. Incluso más, podríamos decir que la desigualdad en la contratación es directamente proporcional a la regulación estatal del contrato.

Si vemos al matrimonio como un mero contrato, este caería indudablemente dentro de la segunda de estas categorías, ya que las partes que contraen matrimonio no tienen libertad para modificar las obligaciones que contraen, fijarle un plazo, modo o condición, renunciar a las acciones de divorcio, etc. Lo único que pueden hacer es decir “sí, quiero”. Entonces ¿cuál es la desigualdad que justifica que el Estado regule tan estrictamente este contrato?

La respuesta que buscamos es la maternidad. En la especie humana tanto la gestación como el cuidad de los hijos se han extendido por un período ridículamente largo (me gustaría escuchar la explicación del darwinismo a ese hecho) y naturalmente la carga que ello implica recae en la madre. Con esto, la mujer quedaba en evidente desmedro y deprotección frente al hombre, que podía desvincularse de la crianza y gozar libremente del producto de su trabajo. Para evitar esta situación, proteger a la madre y a sus hijos, el Estado regula estrictamente las obligaciones que surgen entre los cónyuges y hacia los hijos.

¿Puede haber matrimonio sin maternidad? volvemos al punto de la etimología para decir que indudablemente están estrechamente relacionados. Tanto así, que hasta hace algunos pocos años la ley chilena permitía casarse a la mujer desde los 12 años, es decir, cuando puede ser madre, y la impotencia del hombre era causal para declarar que el matrimonio nunca había existido. Puede haber matrimonio sin maternidad, pero en todo caso como situación excepcional, producto de alguna enfermedad.

Aplicando todas esta categorías al matrimonio homosexual, vemos que no cuadra. Este contrato se celebraría entre dos individuos en perfecto estado de salud, con capacidad para trabajar y proveerse de sustento, por lo que desaparece el fundamento para la intervención del Estado.

Si uno de ellos quiere hacerse dependiente del otro, y este a su vez acepta mantenerlo, podrían hacerlo en ejercicio de su libertad general, pero no se ve que sea una situación que el Estado tenga interés en amparar, reconocer o incentivar. Si se quiere otorgar efectos patrimoniales a una situación de vida en común, lo lógico sería que esos efectos fueran determinados por la voluntad de las partes, como ocurre en el contrato de sociedad.

Con lo anterios queda demostrado que, incluso visto desde un punto de vista estrictamente contractual, el regular jurídicamentelas las relaciones homosexuales, sea como unión civil o matrimonio, no tiene fundamento.

PD: ¿Qué les parece llamar a los matrimonios homosexuales, simplemente “monios”? después de todo, sea que se celebre entre dos hombres o dos mujeres, nunca habrá una madre en esa relación, así que no hay motivo para que el nombre tenga la partícula “matri”.

Anuncios
Categorías:Matrimonio
  1. Ulises
    7/05/07 en 6:21 am

    Son muchas las cosas que se pueden decir respecto a esta entrada.

    La primera, que viene a ser la fundamental, es que no siempre que el estado limita la autonomía de la voluntad creando contratos delimitados por clásulas legales es por causa de la posición de inferioridad de una de las partes. Esta naturaleza tuitiva es, en efecto, muy propia del derecho laboral, pero prácticamente ahí termina su alcance. En los contratos civiles las limitaciones legales están más bien encaminadas a otros fines: favorecer la seguridad jurídica, delimitar exactamente las formas contractuales, favorecer el tráfico económico, etc.

    De hecho, el sentido civil del matrimonio no es el de proteger a una de las partes, sino promover la claridad en cuanto al régimen económico de los cónyuges, tanto de cara a afrontar las posibles deudas de cada uno frente a terceros como de cara a clarificar de uno de los escenarios más típicamente conflictivos en el ámbito civil, la herencia.

    A ello hay que añadir que las partes sí tienen capacidad para modificar el régimen jurídico matrimonial, al menos en España. Es decir, que no se limitan a decir sí quiero, sino que pueden dar forma a la relación contractual que les une, estableciendo por ejemplo, un régimen de separación de bienes y eludiendo el régimen de gananciales.

    Establecer un vínculo de necesidad entre matrimonio y maternidad en la actualidad es irreal: el ordenamiento jurídico no refleja esa necesidad en absoluto. Existen matrimonios (heterosexuales) jurídicamente irreprochables ¡y con efectos jurídicos palpables derivados de la relación contractual! sin hijos ni voluntad de tenerlos. Cuestión distinta es entrar en valoraciones morales a este respecto.

    Un estado que se proponga no discriminar a sus ciudadanos por razón de su orientación sexual debe reconocer a los homosexuales el derecho a delimitar jurídicamente su relación de pareja en los mismos términos que a los heterosexuales. Y dado que son los mismos derechos y obligaciones los que derivan del contrato, el nombre ha de ser el mismo. En España ha habido un debate absolutamente huero por parte de una gente que decía estar a favor del matrimonio gay (insisto, “decía” estarlo) pero proponía darle otro nombre, lo cual es un absurdo desde el punto de vista jurídico.

    No pretendo que esta realidad guste a los miembros de una confesión determinada. Pero pido a cristianos (y demás creyentes de cualquier religión) que contemplen que no todos los ciudadanos de un país profesan las mismas creencias y que en esas circunstancias son las urnas las que determinan lo que es, no moral, sino legal. Y el matrimonio gay no es obligatorio com otampoco lo es el divorcio.

  2. Abstemio Libertario
    7/05/07 en 12:56 pm

    “Aplicando todas esta categorías al matrimonio homosexual, vemos que no cuadra. Este contrato se celebraría entre dos individuos en perfecto estado de salud, con capacidad para trabajar y proveerse de sustento, por lo que desaparece el fundamento para la intervención del Estado.”

    De entre todos los razonamientos más o menos demagogos de este comentario, me ha hecho especial gracia el anterior. ¿Tenemos que suponer que en un matrimonio “tradicional” (hombre y mujer) una de las partes (la mujer según se da a entender) no tiene capacidad para trabajar y proveerse de sustento y por tanto es dependiente de la otra (del otro)?
    Esto es bogar por la igualdad de género y lo demás son tonterías. ¿La “incapacidad” de la mujer para proveerse de sustento es una desigualdad que debemos celebrar? (véase el comentario sobre el aborto )

  3. 8/05/07 en 6:47 am

    Como dice Ulises, el sentido civil del matrimonio tiene como función el promover la claridad. El argumento de que el Estado limita el contrato que puedan celebrar las partes no es más que el único intento de los sectores conservadores (y algunos mal llamados liberales) para negar el matrimonio a dos personas del mismo sexo.

    El otro argumento que se da y que felizmente acá no se menciona (aunque se deja entrever), es el que va contra natura. Desde luego, nada más contra natura que el negarle a los sacerdotes la oportunidad de casarse y tener hijos.

    Yo creo que estamos simplemente frente a un prejuicio. Hablar de matrimonio homosexual y querer cambiarle nombre (“monio”) nos transporta a la época en que se prohibía que blancos se casasen con negras o viceversa. Era un prejuicio hoy superado. Lo mismo con los homosexuales. Simplemente, son personas que no sufren de enfermedades ni trastornos. Una vez que entendamos esta realidad, nos dejaremos de discutir sobre la validez del matrimonio “homosexual”.

    Por lo demás, creo que después de 3 o 4 años de convivencia, una pareja puede pasar automáticamente a vivir bajo un régimen de sociedad conyugal, si así lo desean. Yo convivo con mi novia hace muchos años y pocas intenciones tengo de organizar toda esa parafernalia inútil llamada “matrimonio”, menos aún el matrimonio religioso, al cual la IC siempre se presta para esa farsa. Basta con que de aviso a las autoridades pertinentes para que se nos considere casados.

  4. 8/05/07 en 6:20 pm

    Ulises, ¿Podrías mencionar una regulación estatal que las partes no puedan modificar, a pesar de estar en igualdad de condiciones? Yo di dos ejemplos, no sólo el caso del derecho laboral, sino también los servicios básicos.

    En Chile también existen 3 regímenes patrimoniales para el matrimonio: la sociedad conyugal, la separación de bienes, y la participación en los gananciales.

    El punto es que no se permiten otras modalidades en el matrimonio: por un plazo, renovables, entre más personas, sólo respecto de ciertas épocas, sólo en ciertos lugares. El hecho que se permitan variaciones en cuanto al regimen patrimonial pero no en cuanto a otros aspectos demuestra que lo esencial del matrimonio es la relación personal que surge, y no la relación económica. Si lo esencial fuera la relación económica, lo lógico sería que existiera la más completa libertad.

    El vínculo entre maternidad y matrimonio ha estado ahí, durante toda la historia de la institución, y sólo se ha venido a romper en los últimos años ¿Resultado? la destrucción de la institución como tal.

    El argumento de la discriminación, ya lo contesté aquí, y las discusiones sobre votos más o menos no llevan a ninguna parte (“El monio está bien en españa pero mal en Chile” y cosas así).

    Abstemio, no sé si sea algo que celebrar o no, (después de todo, los cristianos tenemos tradición de celebrar la debilidad) pero es una realidad que, junto con los hijos, está a la base del matrimonio. Elimínala y puedes llamar matrimonio a cualquier cosa.

    Carlos, la seguridad jurídica, que llamas claridad, está bien mientras no se oponga a la libertad de las partes, un liberal no puede dudar de eso. Para limitar la autonomía de la voluntad, debe haber un fundamento, y más vale que sea fuerte, o nos encontramos ante un Estado que pretende imponer una agenda a los ciudadanos.

    Tú mismo te pones de ejemplo, que me sirve para ilustrar mi punto. Tú y tu novia no necesitan casarse, no tienen hijos y ninguno depende del otro, tal como una pareja de homosexuales. Para Uds. sería una farsa celebrar un contrato de matrimonio. Pero si una de esas situaciones cambiara, si hubiera desigualdad (sea de uno de Uds. o de los hijos) entonces un matrimonio comenzaría a tener sentido.

  5. Ulises
    9/05/07 en 7:12 am

    El carácter tuitivo es algo propio del Derecho Laboral, es decir, no siendo exclusivo de esta rama es característico de la misma, y su lógica impregna el conjunto de sus normas, incluso en lo no regulado positivamente. Ese carácter tuitivo no es propio de la rama civil, lo cual no implica que le sea ajeno sino que no es un principio a la luz del cual deban interpretarse necesariamente las normas civiles.

    En una cosa estamos de acuerdo: en el matrimonio la relación personal de las partes ocupa un papel esencial (como es frecuente en los contratos personalísimos), pero el contenido de su regulación (lo regulado) no es tanto la relación cuanto el contenido económico de la misma. El Derecho no se ocupa ya del cariño entre los cónyuges (el adulterio no es ya delito) sino acaso de su traducción económica: obligación de alimentos, de sostenimiento económico, etc. Y ello porque lo económico es lo regulable, no lo moral ni lo afectivo.

    Naturalmente, ese carácter central de la relación personal en el contrato (que no niego) es totalmente independiente del sexo de las partes y de su orientación sexual. Dicho de otro modo, que aunque lo esencial sea, como usted dice, la relación personal (en lo que puedo estar de acuerdo con los matices señalados) ésta existe igualmente en los matrimonios homosexuales.

    No sé qué quiere decir que el vínculo con la maternidad ha estado “ahí”. ¿Positivamente? Hace mucho que no está “ahí”, mucho antes, sin duda del reconocimiento del matrimonio gay.

    Usted habla de destrucción de una institución. Yo prefiero hablar de evolución y sobre todo de justicia.

  6. preñada por obligación
    9/05/07 en 12:56 pm

    Abstemio dijo: “¿La “incapacidad” de la mujer para proveerse de sustento es una desigualdad que debemos celebrar?”

    Patoace dijo: “Abstemio, no sé si sea algo que celebrar o no, pero es una realidad que, junto con los hijos, está a la base del matrimonio.”

    Excúsame, amigo Patoace, pero ¿estoy entendiendo bien si digo que, en tu opinión, la incapacidad de la mujer para proveerse de sustento es una realidad que forma parte de la base del matrimonio?

    Con todos mis respetos, te acabas de columpiar de una manera para la que no encuentro calificativos.

    Corrígeme si me equivoco, por favor.

    Un saludo.

  7. Abstemio Libertario
    9/05/07 en 2:04 pm

    Patoace: “Abstemio, no sé si sea algo que celebrar o no, (después de todo, los cristianos tenemos tradición de celebrar la debilidad) pero es una realidad que, junto con los hijos, está a la base del matrimonio. Elimínala y puedes llamar matrimonio a cualquier cosa.”

    Lo siento, pero no puedo estar más en desacuerdo con esta opinión. Supongamos que mi madre es profesora de catequesis y mi padre de química. Ambos trabajan en un instituto de secundaria y son perfectamente capaces de mantenerse por sí solos. ¿Se concluye por tanto que no están viviendo en matrimonio? ¿Será lo suyo un Antimonio? ¿Y si además fuera adoptado y por tanto no hubiera despojado a mi madre de su condición de hombre durante la gestación?

  8. 9/05/07 en 6:12 pm

    Ulises, acordado que es un contrato personalísimo ¿es igual que un mandato o un arrendamiento de obra? Al parece, no, porque incluso en esos contratos las partes conservan la libertad de contratar con otras personas el mismo contrato, al mismo tiempo (por ejemplo) o por un plazo fijo. ¿Qué hace diferente al matrimonio para que no se pueda hacer eso?

    La maternidad ha estado ahí, como lo demuestra el uso de la palabra, los requisitos y definiciones que el matrimonio ha tenido durante la historia. Cuando digo “últimos años” me refiero a los últimos 80 años, que para una institución multimilenaria es “ayer”. Como he dicho otras veces, el monio no es el problema, es un síntoma de un problema mucho más profundo.

    Preñada, toda esta entrada está dedicada a cómo entiendo la relación entre igualdad y matrimonio. Creo que tu pregunta está respondida más arriba.

    Abstemio, mira el caso de Carlos Riquelme, él no necesita un matrimonio, para él no tiene sentido casarse, y por eso no lo hace. Y si si se casara en estas mismas condiciones (por petición de un familiar, por ejemplo), sería formalmente un matrimonio, pero no uno que surge de la necesidad jurídica de regular esa relación.

  9. 10/05/07 en 5:53 am

    Patoace, lo que he dicho es que no necesito la parafernalia del matrimonio, pero sí quiero el matrimonio. Imagínate que el próximo año tenga un hijo, espero que así sea, y mi mujer decida luego de 3 años trabajar part-time y luego, supongamos, que dejase de trabajar, y tuviésemos más niños.

    Esto es sólo un ejemplo, pero imagínate que luego de 12 años, me voy con otra. ¿Cómo regulamos nuestro patrimonio? De ahí a que he dicho que sería bueno considerar a una pareja que vive en concubinato que después de, digamos, 3 o 4 años, se rijan por un matrimonio, o un régimen muy similar.

    Si el depto es mío pero todos los gastos etc se han compartido, se puede dar en el caso anterior que se pudiese dejar a una mujer en la calle, sin nada. Vuelvo a inistir: no necesito la parafernalia del matrimonio. Pero el matrimonio es sin duda la base de la sociedad.

  10. preñada por obligación
    10/05/07 en 6:27 am

    Patoace, después de repasar toda la entrada y revisar tus comentarios, entiendo que justificas tu opinión en el origen etimológico de la palabra matrimonio, que hace referencia al contrato mediante el cual una mujer (supuestamente incapaz de sustentarse por sí misma) pueda ser madre dentro de la legitimidad.

    ¿Es esto correcto? En caso contrario por favor indícame en qué basas exactamente tu postura.

  11. Ulises
    10/05/07 en 7:10 am

    Patoace, he acordado contigo que la relación entre las partes es esencial en el contrato, pero NO su sexo ni su orientación sexual.

    En cuanto a la evolución de la institución, decirte que ayer mismo no se reconocía en España un derecho tan básico como el divorcio (civil) y, no sé cuál es tu opinión, pero es difícil no ver su reconocimiento actual como un avance (el entusiasmo con que se divorcian muchos de quienes se oponían en su día a su reconocimiento es una paradójica confesión de su necesidad), fundamentalmente porque su ejercicio no es obligatorio, nadie que no lo desee está obligado a divorciarse, pero tampoco se obliga a permanecer casados a los cónyuges que no lo desean. ¿Que qué tiene que ver eso con el matrimonio gay? Que los homosexuales católicos no están obligados a casarse pero los que no lo sean pueden ejercer por fin un derecho que les estaba injustificadamente vedado.

  12. 11/05/07 en 10:36 am

    Carlos, estamos hablando del matrimonio como contrato, dejemos eso claro, no como parafernalia o sacramento. Si tu mujer hace eso, entonces ella hace sacrificios que afectan su igualdad contigo y comienza a necesitar las ventajas que le otorga el matrimonio. Lo justo en ese caso es que, como caballero que eres, te cases con ella.

    Si la relación fue siempre igualitaria y se termina, por cualquier motivo que sea, debe prevalecer la voluntad común de las partes al respecto, tal como termina todo contrato de sociedad. No necesitan una regulación especial para eso.

    Preñada, tienes razón, tal vez no fui claro en un punto. La regulación estricta del matrimonio tiene como uno de sus fundamentos la diferencia biológica que la maternidad impone a las mujeres, y que les implica una menor capacidad de trabajo. Si una mujer renuncia a la maternidad, adquiriendo así la misma capacidad de tener un trabajo remunerado que el hombre, desaparece uno de los fundamentos que permiten al Estado regular el matrimonio como un asunto de interés público.

    Ulises, nos estamos desviando al tema de la legitimidad del divorcio, aspecto sobre el cual tengo varias entradas en la categoría “matrimonio”. ¿Te parece si por ahora nos concentramos en el fundamento para la regulación estatal del contrato de matrimonio?

  13. Juan
    25/11/07 en 2:38 am

    Creo que el matrimonio civil es fundamentalmente un contrato, y la motivacion fundamental de regular una relación de pareja por contrato es basicamente económica, si argumentamos que el fundamento del matrimonio civil es el hecho de que la madre queda en desventaja porque el marido puede desligarse de la crianza de sus hijos y disfrutar libremente del producto de su trabajo, estamos en problemas, porque también vale para una mujer desvincularse de la crianza de sus hijos y disfrutar libremente del fruto de su trabajo ¿o acaso vamos a ser tan sexistas de endilgarle a la mujer el instinto materno ese con el que tanto han machacado a las mujeres durante años?, también hay matrimonios heterosexuales que deciden no tener hijos (porque las mujeres no nacen con el designio y la obligación de ser madres, sino que eligen serlo o no ) y aún así hay justificativos para que exista un contrato matrimonial entre las partes, por ejemplo por motivos tales como la determinación clara de los derechos de sucesión en caso de fallecimiento de uno de los cónyuges, o la potestad de tomar decisiones en situaciones tales como la autorización de una intervención quirúrgica de emergencia, incluso para la justa división de los bienes gananciales en el caso de disolución de una relación prolongada (se esté a favor o no, es un hecho que existe y debe estar regulado). Estos derechos, que están regulados por el estado, también deberían valer para una pareja cuyas partes son del mismo sexo, por más moralmente reprobable que te parezca desde una óptica cristiana, cosa que respeto, pero sigo pensando que el matrimonio civil es un contrato con argumentos válidos que van mucho más lejos que la garantía de la manutención de los hijos y por lo tanto, sigue siendo aplicable a parejas que no pueden concebir o no desean hacerlo.

  14. 25/11/07 en 9:50 am

    Esto ya lo había respondido en los comentarios.

    Si hombres y mujeres son iguales, el matrimonio carece de fundamento, no como contrato, sino como contrato de adhesión. Dos o más personas, de igual o diferente sexo, pueden acordar un contrato entre ellos y ellas y el Estado no debe meterse… si todos contratan en condición de igualdad.

    El único fundamento razonable para que exista una regulación rígida e impuesta por el Estado es que una de las partes NO se encuentra en relación de igualdad frente a la otra.

    La otra opción es la derogación del matrimonio civil. Yo no estaría de acuerdo, pero me parece más sincero y coherente que este intento de adoctrinación que es el matrimonio homosexual.

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: