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Dignidad humana, dignidad del cuerpo

Nuestros amigos de Chile Liberal han estado comentando acerca de la decisión de la Corte Europea de Derechos Humanos en un caso de destrucción de embriones humanos.

Desde un punto de vista lógico y legal, coincidimos en que la decisión de la Corte Europea de Derechos Humanos es inatacable, pues no se puede exigir que se respete la vida de seres humanos a los que no se les reconoce la calidad de personas. Al igual que los esclavos o las mujeres en otra época, los embriones están entregados al arbitrio de sus amos.

Pero más allá del cuestionamiento ético, en esta decisión está operando un axioma silencioso, bajo el manto de un supuesto “sentido común”: la idea de que nuestros cuerpos (y sus productos) deben ser tratados como parte de nuestro patrimonio, en el sentido jurídico, y sometidos completamente a la voluntad .

Vemos este principio actuando, al asumir que la decisión acerca del destino de los embriones es exclusivamente de los padres, pero también opera cuando se quiere legalizar el tráfico de órganos o se pretende amparar legalmente un derecho a terminar con la propia vida.

Desde luego, una perspectiva cristiana rechaza estas visiones, pero debemos advertir que, dada la dinámica de las comunidades humanas, existe un peligro más inmediato para la personas:

Eventualmente este resurgir de la visión pagana de la persona humana se aplicará no sólo por los liberales a su propio cuerpo, sino por los capitalistas al cuerpo de alguien más, y en definitiva por los tiranos al cuerpo de todos. [Mark Shea]

Si uno mezcla esta idea del cuerpo como parte del patrimonio, con una perspectiva de tipo materialista, el resultado puede ser realmente preocupante. En tal caso, la dignidad del ser humano pasaría a depender exclusivamente de su sola voluntad, pero la voluntad a su vez no sería más que un fenómeno que le ocurre al cuerpo.

Si el cuerpo, no tiene una dignidad intrínseca que la voluntad deba respetar, tampoco lo tendrá el ser humano (que según la visión materialista, no es más que su cuerpo). Insistir en la voluntad como única fuente de la dignidad humana nos deja, como dice Mark Shea, en las fauces de la tiranía.

Cuando los cristianos nos oponemos a la manipulación de embriones, a la eutanasia, a la venta de órganos, no lo hacemos por el gusto de imponer convicciones religiosas, sino porque vemos que a través de esta camino nos dirigimos a reeditar abusos contra las personas que ya ha conocido la historia, y que los liberales, en defensa de su autonomía individual, se niegan a ver. Este es un argumento contra la visión materialista del ser humano, que podemos desarrollar sin referencia a convicciones religiosas, sino sólo fundado en la dignidad de los seres humanos.

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Categorías:Política y derecho
  1. 20/04/07 en 10:24 pm

    Oye:
    El poder de la libertad, es precisamente en el hecho de poder decidir libremente… por si mismo… lástima que los embriones humanos no gocen de ese derecho aún. Bendiciones.

  2. 21/04/07 en 8:08 pm

    Pato:

    Nunca pensé que había que tener tanta paciencia para discutir con esos tipos en el foro MSN.

    Los tipos, lo digo con humildad, son muy ignorantes. No saben lo que es una fuente histórica. Hablan de la Inquisición y no hab leído (se nota a la legua) un solo libro del tema.

    Saludos

  3. 22/04/07 en 10:24 am

    La decisión es compleja pero, dónde dejamos la libertad del padre para decidir con quien tiene un hijo?

    Recuerda ademas que la tecnologia ya avanzó y estas situaciones son improbables hoy, al menos en las naciones mas desarrolladas.

    De todos modos, buen articulo pero aborda el tema de la paternidad. Me interesa tu opinión al respecto.

  4. 22/04/07 en 9:33 pm

    Tal vez, Padre, si los llamáramos “hermanos en estado embrionario” podríamos hacer llegar con más fuerza el mensaje. No sé, se me acaba de ocurrir.

    Carlos, me parece que la libertad de una persona para decidir cuándo y con quien tiene hijos, o si los tiene, debe ser de las más absolutas. Pero al igual que todas las libertades, una vez que se ejerce, surgen derechos y obligaciones que nos se deben desconocer. En el caso en cuestión, ambos ya habían tenido hijos, aunque lamentablemente decidieron mantenerlos congelados. Bárbaros.

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