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La crisis del matrimonio

Para los que creemos que la familia occidental está en crisis (y hay mucha gente que cree que no hay nada de qué preocuparse) es natural preguntarnos acerca de las causas de esa crisis y la forma de enfrentarla.

Una análisis superficial apunta a las leyes que se están dictando hoy sobre matrimonio homosexual, como antes sobre divorcio, y las fuerzas ideológicas que están detrás de ellas. El problema con esta perspectiva es que las leyes en nuestras naciones son apoyadas por la población, y si se dictaron no es satisfactorio atribuirlo sin más a la habilidad de nuestros adversarios para maniobrar en la arena política. Hay algo más profundo detrás.

Mi opinión es que ese “algo” es la anticoncepción. Hasta la aparición de la píldora anticonceptiva, los métodos para evitar eran muy ineficaces, con lo que la relación entre sexo-hijos era evidente, y con ello la relación hijos-matrimonio. Esto producía por simple lógica que las mujeres aspiraran a un matrimonio estable, sostenido en el tiempo, que les permitiera educar a los hijos y mantenerse ellas mismas ante las limitaciones que impone la maternidad. La otra opción era renunciar al sexo, algo que los seres humanos rara vez han visto como deseable.

Desde luego, con una fuerte relación sexo-hijos-matrimonio, a nadie se le ocurriría pensar que lo que hacen los homosexuales tuviera algo que ver con el matrimonio.

En el artículo El Significado del Matrimonio, Benjamin D. Wiker va más atrás aún. Su tesis es que la crisis que hoy explota con un divorcio a voluntad, matrimonios homosexuales y polígamos, se viene preparando hace mucho más tiempo… siglos. En el Siglo 17 Hobbes y Locke dieron forma a la teoría contractualista y la popularizaron, con tanto éxito que actualmente los occidentales entedemos toda nuestra vida política como una “sociedad” es decir, un contrato.

Según esta teoría, los hombres se encontraban en un estado de plena y completa libertad, hasta que decidieron acordar entrar en sociedad, limitando algunas de sus libertades para coordinar sus esfuerzos y vivir mejor.

¿Cómo afecta esta idea al matrimonio? pues deja de ser un sacramento para convertirse en un contrato, y los contratos pueden romperse con la misma facilidad con que se hacen. Claro, dice Locke, todavía está el “problema” de los hijos, que tienen derecho a exigir de sus padres mantención y alimento hasta que sean capaces de porporcionárselos a sí mismos, y por eso el matrimonio debe ser estable, pero nada más allá. “Hasta que la muerte nos separe”, ya no más.

El daño que causan estos conceptos que se encuentran en todas nuestras occidentales mentes es doble: por un lado los cónyuges dejan de estar relacionados por el amor y la entrega mutua para pasar a relacionarse en términos de derechos y obligaciones; por otro, se introduce la idea de que el estado natural de las personas, aquel donde son libres para buscar su felicidad, es lo opuesto al matrimonio.

Para apreciar si Wiker está errado o no, basta con examinar nuestras propias ideas.

  • En abstracto, el matrimonio ¿se asocia con opresión o liberación?
  • ¿Quién no ha pensado en el matrimonio como un acuerdo 50 y 50?
  • Una mujer exitosa es aquella ¿que tiene una carrera o tiene muchos hijos?
  • Un hombre exitoso ¿es casado o soltero?

No me engaño, el matrimonio como una comunidad de amor es un invento cristiano, otras culturas tenían en vista fines mucho más mundanos al momento de casarse, y el divorcio no lo inventaron los occidentales.

Pero al menos era una institución coherente con sus fines, el más común: proteger a los débiles, mujeres y niños. Los occidentales, en cambio estamos haciendo promesas al casarnos que presuponen ideas y conceptos que ya no tenemos. Estamos mintiendo solemnemente, y sin darnos cuenta. Luego se extrañan de que existan tantas enfermedades mentales.

Con esta idea del contrato matrimonial y añorando liberarnos de las obligaciones que imponía la paternidad llegamos al siglo XX, y éste nos cumplió nuestro deseo: anticoncepción y aborto. Desaparecida la relación sexo-hijos, ya nadie realciona los hijos con el matrimonio. Hoy todos somos más libres, para perseguir individualmente nuestra felicidad y la satisfacción de nuestras aspiraciones. Hemos vuelto al estado de naturaleza y el matrimonio, sin sentido ya, ha dejado de existir.

La pregunta es ¿alguien lo echará de menos?

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Categorías:Matrimonio
  1. 14/12/06 en 9:20 am

    y cada vez deseamos delegar más en el Leviatán… ¡¡¡Qué asfixia!!!

  2. 26/12/06 en 7:53 am

    te puse un link en HdA, saludos!

  3. 26/12/06 en 3:29 pm

    Muchas gracias, Marta. Ha sido tiempo desde que yo no te pongo un link, ya me siento culpable.
    🙂

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