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Trabajo de mujer

Siempre se dice que en Chile las mujeres ganan un 30% menos que los hombres por el mismo trabajo. Lo que nunca se dice es qué estudio se hizo para llegar a esta conclusión, pero aceptémoslo para efectos de análisis.

Desde un punto de vista económico, este hecho sólo nos puede llevar a una conclusión:

El trabajo de una mujer vale menos que el de un hombre

Ya sé que esto suena a herejía, pero en el mercado las cosas valen lo que la gente está dispuesta a pagar por ella, y respecto al trabajo, ese valor se expresa en el salario.

Entonces ¿Por qué se paga mejor por el trabajo de un hombre que de una mujer?

La respuesta “políticamente correcta” es que hombres y mujeres hemos sido educados en una sociedad machista y tradicionalista, y que por eso oprimimos a las mujeres, pagándoles menos por el mismo trabajo. ¡Que vergüenza!

Un análisis económicó (siempre amateur, ténganlo presente), puede darnos una respuesta diferente.

Supuesto que hombres y mujeres hacen el mismo trabajo y tienen las mismas capacidades, su salario debería ser el mismo. Si, por condicionamiento cultural, el trabajo de la mujer es más barato, la reacción natural de un empleador que quiera optimizar sus recursos será contratar más mujeres y así disminuir sus costos y aumentar la utilidad. Con esto aumenta la demanda y se contratan más mujeres. Puesto que el número de mujeres trabajadoras se mantiene relativamente estable, la reacción del mercado ante el aumento de demanda es aumentar su valor, y asi necesariamente por efecto del mercado, los salarios de las mujeres tenderán a igualarse con el de los hombres.

Puesto que es el mercado funciona y los sueldos de las mujeres se mantienen bajos, debemos concluir que nuestro supuesto incial está errado, es decir, que hombres y mujeres no trabajan en igualdad de condiciones, sino que el trabajo masculino tiene una ventaja por la cual existe mayor demanda en el mercado.

En este caso, creo que la discriminación contra la mujer no es algo meramente cultural, basado en un prejuicio, sino que tiene una base real biológica : la maternidad.

Comparado con otras especies los seres humanos tienen un requieren un tiempo desproporcionadamente largo de gestación, y son incapaces de valerse por sí mismos por años luego de nacer. La increíble carga de trabajo asociada a esta condición recae habitualmente en la madre, y eso reduce seriamente su capacidad de desempeñarse en un trabajo remunerado.

Los empleadores son concientes de esta realidad, y cualquiera que haya visto las complicaciones que produce en una oficina los permisos pre y post natales puede comprender su posición. Por eso otorgan mayor valor al trabajo del hombre, aumentando su demanda y consecuentemente, su salario.

Así, vemos que las mujeres ganan menos que los hombres, y que esto no es a causa de los terribles planes de la oscura hermandad machista, sino de una realidad ineludible de la biología que produce efectos en el mercado.

Una vez que tenemos esta conclusión, la pregunta es ¿qué hacer con ella? o dicho de otro modo ¿Quién debe soportar la carga de la maternidad?

La respuesta que da el mercado es simple: la mujer soporta la carga de la maternidad, al mantener un salario menor al del hombre por el mismo trabajo.

Esto parece injusto, pero la respuesta feminista es apenas un poco mejor: la mujer soporta la carga, suprimiendo la maternidad por medios técnicos, es decir, aborto y la anticoncepción. Ante el mercado una mujer que no tiene hijos es lo mismo que un hombre, y por eso surgen los compromisos de las trabajadoras para no tener hijos, que paradójicamente molestan tanto a las feministas.

Otra respuesta a este problema es el idealismo legislativo: por ley se sanciona a los empleadores que paguen más a los hombres y mujeres. En los hechos, la carga se traspasa a las empresas, pero como buenos agentes de mercado, éstas buscarán el mejor uso de los recursos, sea creando formas para burlar la ley (por ejemplo, mediante acoso laboral para evitar la maternidad), sea pasando el mayor costo que implica contratar mano de obra más cara, a los consumidores, afectando el desarrollo.

Esta última solución puede parecer la más apropiada para países ricos, pero su costo es demasiado alto para economías en desarrollo como la chilena.

Además, cualquiera de estas soluciones tiene un aspecto que la hace esencialmente injusta: ¿Qué hacen los hombres al respecto? después de todo ellos son los que tienen una mayor capacidad de trabajo y deberían ser responsables también de la educación de los hijos.

En mi opinión la solución tradicional y feminista, son injustas con la mujer pues le hacen soportar a ella misma la carga de la maternidad. Para llegar a una situación más equitativa, debemos primero que nada comprende que la maternidad es una condición valiosa e importante, que merece ser valorada por la sociedad y sobre todo merece que los hombres se involucren en ella. Esto implica dar a la mujer la libertad de elegir entre trabajar o tener hijos, o hacer ambas cosas simultáneamente, y en caso que opte por la maternidad, traspasar en lo posible los costos que ello implica a los que pueden trabajar sin tener que soportarlo, es decir a los hombres.

La maternidad y el vínculo entre madre e hijo es algo en lo que la mujer nunca podrá ser reemplazada, así que es ilusorio buscar una igualdad entre hombres y mujeres. Sin embargo, una vez que somos concientes de esta situación, debemos buscar las mejores condiciones para que el costo que implica la maternidad se distribuya de la forma más equitativa posible, entre todos los miembos de la comunidad.

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Categorías:Economía
  1. Ecazes
    29/10/06 en 7:22 am

    Hya un valor, que norecuerdo como se llama, que no estás tomando en cuenta y que hace que la cuenta se ponga mas en rojo todavía para las mujeres.
    Ya qeu dejamos lo “politicamente correcto” de lado, lo digo con todas las letras.
    La mujer asume el costo de la maternidad, no solo con lo desgastante que es, no solo poruqe la coloca en desventaja en el mercado de trabajo.
    La única manera en que las empresas sigan teniendo trabajadores y los paises ciudadanos, es que las mujeres sigan asumiendo el costo de la maternidad. Y cuanto mas en desventaja se pongan, (léase cuanto mas comprometidas con la maternidad como labor exclusiva) mejor.
    Se sabe (usted sabrá ilustrar con ejemplos) que una madre dedicada a sus hijos mejora la posibilidad de que estos niños sean en el futuro buenos ciudadanos y trabajadores eficientes, eficaces y acertivos, con buen empuje y estímulo hacia el logro.
    Esa diferencia, la del hombre simple y la de una persona con ventaja, por tener una base de valores firmes, es frecuente que la haga una infancia atendida.
    En fin, por hablar de un aspecto, que me parece, no se menciona.

  2. 1/11/06 en 11:11 am

    Te encuentro toda la razón!

  3. 2/11/06 en 8:25 pm

    ¡Gracias Marta! creí que las mujeres se me vendrían en contra con este post 🙂

  1. 19/05/07 en 10:39 am

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