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Los límites de la Constitución

En 1762 Rousseau publicó “El Contrato Social”, y la idea del Estado como el producto de un contrato entre los hombres, prendió como reguero de pólvora (wikipedia: contrato social). Aquí teníamos una teoría política que le permitía al gobierno exigir la lealtad de sus ciudadanos, prescindiendo de consideraciones extrínsecas, particularmente la molesta intromisión de los clérigos y sus exigencias de moralidad superior. Maquiavelo habría estado complacido.

Es interesante apuntar cómo el “contrato de sociedad”, figura desarrollada a lo largo de siglos en la disciplina jurídica, fue adoptada para explicar la forma cómo funcionan las comunidades humana, y ha sido tan exitosa que hoy en día todos usamos el concepto de “La Sociedad” para referirnos a los grupos humanos.

El único inconveniente que tiene la teoría contractualista es que es falsa, y no tiene ningún asidero en la realidad.

No existe ningún registro histórico que permita siquiera sospechar que en algún momento los seres humanos hayan prestado su consentimiento para abandonar el estado de naturaleza (renunciando así a más o menos derechos, según el autor) y entrar en un estado social. “Pero no desesperemos,” se puede imaginar diciendo a los teóricos “Si no hay un contrato social verdadero ¡Hagamos uno!”.

Así, la Constitución surge como la encarnación del contrato social: un conjunto de reglas mínimas sobre las que existe un amplio consenso, y a las que todos hemos acordado someternos libremente. Es tan buena la idea de tener una Constitución que ha llegado a convertirse en sinónimo de democracia, pero los fantasmas de una quimera, como es el contrato social, nos siguen acosando.

La Constitución, como herramienta para la vida política tiene seríos límites, que surgen cada día en la vida nacional. Los límites de la Constitución son los siguientes.


Toda Constitución es antidemocrática. Tanto es así que no es una exageración decir que su función primordial es oponerse a la voluntad de la mayoría, y una Constitución que no cumple esa función, no sirve para nada.

La Constitución no forma parte de la separación de poderes. Cualquier órgano que ejerza la potestad constituyente se convierte en un “super poder”. Esto es una grave distorsión en la teoría de la separación de poderes y los balances que deben existir, pues el interpretar y aplicar la Constitución no puede estar sujeto a otra norma más que a ella misma. En los EUA la Corte Suprema, que de facto tiene este poder, deroga leyes aprobadas democráticamente y permite conductas prohibidas por los Estados (como el aborto en 1973 o la sodomía en 2002), y por eso los ciudadanos estadounidenses han comenzado a referirse a los jueces como “our robed masters”, nuestros amos en túnicas.

En Chile se ha implementado una solución “de parche” a este inconveniente, estableciendo un Tribunal Constitucional, integrado por diez representantes de los tres poderes clásicos (3 del ejecutivo, 4 del legislativo y 3 del judicial).

Hoy en día no existe el consenso social que da lugar a una Constitución viable. Históricamente las constituciones surgieron cuando las personas que participaban en el proceso político eran muy pocas, y así era fácil ponerse de acuerdo en algunas reglas básicas. Por ejemplo, la Constitución de los EUA, aparece encabezada por las palabras “We the people”, Nosotros, el pueblo dando a entender que todos aprobaron su texto,

Actualmente eso es imposible, las sociedades se han vuelto tan complejas y diversas que no hay tema alguno en el que un país pueda alcanzar un acuerdo superior al 90%. Puede parecer un alto porcentaje, pero si a ese 10% que no está de acuerdo en condenar el racismo en la constitución, le sumamos el 10% de rebeldes comunistas , el 10% de rebeldes machistas, el 10% de rebeldes abortistas, y el 10% de rebeldes religiosos (opuestos a la libertad de cultos), tenemos una constitución que no cumple con la función básica del pacto social: otorgar legitimidad a la autoridad política mediante el constemiento de los gobernados.

La historia constitucional de Chile es un ejemplo claro de esto: Luego de 1818 hubo varios proyectos de constitución, hasta que la de 1833 logró estabilidad. En esta etapa oligárquica de desarrollo político, lograr un acuerdo no era difícil, pero las dos constituciones chilenas posteriores, de 1925 y de 1980, están asociadas a períodos de quiebre institucional. Es decir, pasado el S. XIX, las constituciones reflejan la necesidad de un momento y no un verdadero consenso nacional.

Esto hace que rápidamente la Constitución se convierta en una camisa de fuerza para el desarrollo de las sociedades. Lo que era verdad indudable hace algunos años, hoy es algo ridículo y atávico. Ante esta realidad y la imposibilidad de alcanzar un consenso social para reformarla, los intérpretes de la Constitución comienzan a hablar de ella como un “texto vivo” y a encontrar en su palabras contenidos que nunca fueron siquiera considerados por sus autores. Un caso típico de este proceso son los Miranda Rights (derechos que se leen a las personas cuando se les detiene) que fueron introducidos por la Corte Suprema como derechos amparados por la Constitución de los EUA, a pesar de que nunca estuvieron en la mente de sus redactores o pasaron por un proceso de reforma constitucional; según los jueces, se encontraban en las penumbras de la Constitución. Bajo la excusa que el texto de la Constitución debe ser interpretado para ajustarse a una nueva realidad, ésta se convierte nuevamente en una herramienta al servicio de la política que quiera ejercer quien tiene ese poder.

Al igual que con mi anterior entrada sobre los límites de la democracia, la idea no es renegar de la Constitución, sino hacernos concientes de sus limitaciones, a fin de no engañarnos sobre sus verdaderas posibilidades, y afrontar con espectativas razonables la acción del Estado.

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Categorías:Política y derecho
  1. 1/11/06 en 11:00 am

    Muy bueno Pato, gracias!

  2. katy
    26/11/06 en 10:26 pm

    eee… igual podria argumentar marta por q le gusta tanto….

    o.o
    U

  3. katy
    26/11/06 en 10:28 pm

    podria arggumentar por q es q t gusta tanto parisi un pich

  4. barbara
    25/08/07 en 5:42 pm

    en realidad no me quedo para nada claro los limites la constitucion de 1833 deberian ser mucho mas especificos en el tema ..

    = me sirvio para hacer mi tare

    vale..

    xau xauu

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