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Solidaridad

En la entrada reciente Igualdad, Cruz y Fierro comenta:

El igualitarismo es el peor enemigo de la solidaridad. Pues si todos somos iguales, entonces no necesitamos de los demas.

Que es exactamente lo que yo quería decir, pero de una forma más adecuada y concisa.

Puesto el tema de la solidaridad en relación con la igualdad, también podemos decir que, La solidaridad no se legisla, se hace. Otro lugar común en la política chilena ha llegado a ser el querer construir una sociedad más justa y solidaria, pero ¿qué es Solidaridad? Solidaridad implica un movimiento que nace del alma por el bien del otro, implica conocerlo y conocer sus necesidades.

Sin embargo, lo que los políticos entienden cuando hablan de solidaridad es que un funcionario público venga y tome parte de lo que yo gano para dárselo al Estado, y éste vea cómo lo usa mejor. Eso no es solidaridad, es un impuesto.

A propósito de la discusión sobre reformas al sistema prevsional chileno (basado en el ahorro individual), la coalición gobernante ha declarado que lo que necesitamos es un sistema previsional más solidario, lo cual me suena mucho a cantos de sirenas. Es posible que el sistema adoptado en Chile tenga falencias y problemas, pero no traten de endulzar la píldora con el hermoso nombre de la solidaridad. Lo que Uds. proponen es tomar nuestro dinero para entregarlo al Estado, y eso es un impuesto, que puede ser justo y necesario, pero no es solidaridad.

Otro punto donde Cruz y Fierro tiene toda la razón es la forma cómo la ideología de la igualdad está atacando y destruyendo nuestra necesidad de los demás.

Inspirados en una profunda admiración hacia los Estados europeos de bienestar que tanto ayudaron a los exiliados chilenos durante la dictadura, nuestros políticos de inspiración cristiana han abandonado la idea de la subsidariedad, y abrazado la teoría de los derechos del ciudadano, según la cual la función del Estado ya no es intervenir cuando cuerpos menores no pueden hacerlo, sino satisfacer todas las necesidades de las personas. Así, las declaraciones de derechos (del paciente, del imputado, de la víctima, de los niños y así ad nauseam) se multiplican, y puesto que todo derecho es vacío si no existe una persona que tenga el deber correlativo, el Estado se hace cada vez más grande para cumplir sus cada vez más abultada lista de deberes.

Nuevamente, el precio de insitucionalizar la solidaridad es nuestra libertad.

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Categorías:Política y derecho
  1. 15/06/06 en 12:33 am

    Mucho de eso hablaba el Cardenal Ratzinger en el libro “Informe sobre la fe” , en que la caridad no se entiende en un mundo como el que describes.
    Saludos.

  2. karen
    10/09/07 en 5:08 pm

    casi no sele entiende pero bueno es chido pero le falta mas explicasion

  3. karen
    10/09/07 en 5:13 pm

    ok pero sigo sin entender nada de lo que dises

  4. karen
    10/09/07 en 5:14 pm

    mira soy karen estefany y ya te dije no entiendo ni papa de lo que dises

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