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Derechos de los animales

Consideremos un mundo donde los animales tienen derechos. Una características de los animales es que muchos de ellos son propiedad de otras personas, es decir, a la vez son sujetos y objetos de derecho. En principio esto no es inconveniente, porque algunas personas jurídicas, como las sociedades comerciales, se encuentran en situación similar.
Tampoco es inconveniente a los derechos de los animales el que carezcan de una voluntad jurídicamente relevante para hacer valer sus derechos, porque las personas menores de edad o dementes, también se encuentran en esa situación.
Sin embargo, cuando se habla de derechos de los animales, se está dando a entender que se trata de absolutos, que incluso llegan a limitar la facultad de sus dueños para disponer de ellos. Con esto los animales ya no se encontrarían en una situación similar a las sociedades, sino que se asemejarían a los derechos que tienen los seres humanos, y los seres humanos son personas que nunca pueden ser propiedad de otras ¿Estamos preparados para renunciar a la propiedad de nuestros animales?
Tal vez se podría pensar en una categoría diferente de sujetos de derecho para los animales, que les permitiera gozar de algunos de ellos, y al mismo tiempo ser propiedad de otros, pero incluso en los casos de esclavitud, donde un ser humano pasa a ser propiedad de otro, el esclavo no tiene una personalidad de menor entidad que la de su dueño, sino que pasa a convertirse en un objeto de derecho, es decir, pierde completamente su calidad de persona.

Sin duda que el sentimiento que se expresa a través del movimiento de derechos de los animales es loable, pero no pertenece al ámbito del derecho (y en particular, del Estado) su promoción. Toda norma jurídica se resuelve en definitiva en evitar un mal evidente e inmediato a un ser humano, y cuando esa justificación no existe, no se deben emplear las herramientas que entrega el derecho. Este principio lo vimos aplicado cuando se despenalizó la sodomía fundado en que, independiente de las consideraciones éticas, no había un daño próximo y evidente a las personas en esta actividad. Con la misma justificación podemos decir que proteger a los animales es un imperativo ético muy fuerte, pero no cabe hablar de derechos que los beneficien, a menos que estemos dispuestos a distorsionar las categorías que protegen a los seres humanos de los abusos de sus congéneres.
Finalmente, señalar que lo que se ha conocido como Proyecto Gran Simio, no tiene ningún futuro, por que dotar de derechos a los simios por compartir un 95% de ADN perjudicaría al movimiento proabortista, por razones obvias.
Interesante observar la mentalidad racista que se encuentra tras este proyecto, porque se reconocen derechos no en base a un valor intrínseco en la calidad de simio que tienen los individuos, sino en razón de la similitud o diferencia que tienen con nosotros. Con esta misma mentalidad, los supremacistas arios miraban el color de la piel y el pelo, pero sin duda que habrían observado y manipulado el ADN de haber podido.
Es lamentable que después de tanto sufrimiento no hayamos aprendido nada.

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Categorías:Política y derecho
  1. 8/06/06 en 7:35 am

    A mí me parece esto de los derechos de los simios sintomático del “Zeitgeist”. Pero te confieso que en este punto me considero contigo y otras personas afortunada. Hay que dar la batalla.

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