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Carlos Peña, sobre los efectos del CDV

La verdad de las mentiras

Para los creyentes cultos y reflexivos su fe es independiente de la verdad histórica.

¿Cuántos quieren anotarse en el bando de “los creyentes cultos y reflexivos”? Al menos, yo no. Puede que sea un honor para otras religiones decir que su validez no depende de la contingencia, pero quitarle la verdad histórica al cristianismo equivale a embalsamarlo: Al parecer conservaría todos sus miembros y apariencia de vida, pero lo habrían matado, y convertido en una pieza de museo… ¡y vaya que al mundo le gustaría que el cristianismo fuera una pieza de museo!
Pero si eso se requiere para ser culto y reflexivo, no puede haber cristianos que acepten esa categoría.

Y que por lo mismo los descubrimientos historiográficos, o arqueológicos, como los del evangelio de Judas, o la ficción cinematográfica, como la de “El Código da Vinci”, no pueden hacerle ninguna mella. Después de todo, ¿cómo podría una creencia en lo sobrenatural reposar sobre la certidumbre de dos o tres hechos, como los que la película relata, que dependen de la falibilidad del conocimiento humano?

Esa es precisamente la yugular del cristianismo, córtala y seremos los más patéticos de los hombres, como dice San Pablo.
Nuestra fe no depende de creer en un profeta que dice haber conversado con Dios, sino de que Dios mismo se ha manifestado públicamente en un momento histórico. Incluso en cuerpo resucitado, NSJC se manifestó a las mujeres, a sus discípulos, de a uno y reunidos, e incluso a quienes sólo eran sus seguidores.
Por esto también es que decía San Pablo que el cristianismo es locura para los griegos: ellos eran los creyentes cultos y reflexivos de su época, y para ellos era una locura que la fe dependiera de cosas tan inciertas como el conocimiento humano. San Pablo le responde que “nosotros predicamos a Cristo crucificado”.

Addenda:
El Padre José Ibañez lo explica mejor aquí.

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Categorías:Libros y películas
  1. 26/05/06 en 3:02 am

    Me da una bronca que ese señor tan liberal y obsesionado con lo religioso pueda escribir ¡dos columnas el domingo en “El Decano de la prensa chilena” y durante la semana cartas para “aclarar” o enredar más sus dichos! Por ese tipo me dan ganas de suspender mi más que añosa suscripción, total, yo ya casi ni lo leo, y mi marido lo lee online. Está hecho un asco irreconocible el tal Mercurio.

  2. 27/05/06 en 11:32 am

    La situación de los medios de prensa en Chile es tan lamentable que uno no puede darse el lujo de dejar pasar lo que aparece en El Mercurio. Al menos es un diario que conserva cierto pluralismo, todos los demás están sólo para hacer avanzar su agenda particular, o hablar de farándula.

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