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Sexo en la persona

Tengo alguna experiencia con v�ctimas de abuso sexual y me he encontrado con que en algunas ocasiones ellas manifiestan que el hecho de no haber podido evitar el abuso les hace sentirse menoscabadas como mujer, menos persona, como que no tiene el control sobre su ser y se acercan m�s al estatus de una cosa. Esta emoci�n me hace intuir que la sexualidad est� muy cercana al n�cleo de la persona humana, mucho m�s que otros aspectos de la vida. Por ejemplo, si mi jefe me indica que debo trabajar en un cierto horario, efectivamente restringe mi libertad de una forma m�s o menos grave, pero uno lo asume sin m�s problemas, sin asumir que mi calidad de persona est� en juego. Cuando se restringe nuestra libertad sexual, en cambio, nuestra propia imagen, el valor que nos asignamos a nosotros mismos, se ve severamente afectado.
A trav�s de la historia s�lo los hombres han gozado de libertado sexual. Esto viene dado por la biolog�a, y se refleja en la cultura, de tal forma que un hombre puede forzar a una mujer a mantener conductas sexuales, pero no viceversa, y en el matrimonio como lo encontramos en muchas culturas, la voluntad de la mujer es efectivamente irrelevante.

Los te�logos cristianos, sin embargo, hicieron un cambio radical en esto: dijeron que para que hubiera verdadero matrimonio era esencial la libertad de ambos contrayentes. Al exigir la voluntad libre de la mujer, �sta gana el derecho de decidir si mantiene relaciones sexuales o no y con qui�n las mantiene. Con este peque�o cambio, la mujer se personifica, es decir, ya no es percibida por la comunidad como una “cosa”, sino que es una persona, un ser que se posee a s� mismo y cuya decisi�n debe ser respetada… porque posee la libertad sexual.
Esto, que en occidente es un atributo de todas las leyes civiles, representa un cambio esencial en la cultura y adem�s es un requisito previo a todas las reivindicaciones feministas de la historia… y lo hicieron los cristianos.

Obviamente hoy en d�a eso se ha llevado hasta el extremo precisamente opuesto, debido a la facilidad que tiene el ser humano para sacar cosas malas del bien que hace Dios, pero podemos darnos cuenta que si las feministas tienen la posibilidad de atacar a la Iglesia es gracias a la libertad que les dio a sus antepasados esa misma Iglesia.

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Categorías:Sexualidad
  1. 21/02/06 en 12:30 pm

    De Monachae supplicii
    Panfleto por el amor y contra las idolatras

    Una monja es una mujer como otra cualquiera. Si la despojsemos de su hbito encontraramos las mismas caractersticas fsicas presentes en el resto del gnero femenino: dos piernas, dos brazos, dos pies, dos manos, dos pechos, una boca, un cuello, una cintura, un culo y un coo clido y hmedo como el de cualquier mujer.

    Podemos llevar a cabo un experimento consistente en colocar a una monja y cualquier otra mujer una funcionaria, pongamos como ejemplo- una junta a otra, desnudas sobre una cama, con las piernas abiertas, con su sexo palpitando en espera de lo inevitable. No cabe duda de que seramos incapaces de discernir cul es una y cul es la otra.

    Si no hay ninguna diferencia fsica entre una mujer normal y una monja, qu es lo que las distingue entonces? La diferencia la encontramos en el aspecto psicolgico y, especialmente, en el plano moral. Las monjas so seres degenerados que padecen una patologa mental que las lleva a odiarse a s mismas, a la Naturaleza y a Dios.

    A s mismas porque detestan su condicin humana, rechazando lo ms hermoso que hay en el ser humano: el amor hacia otra persona. Es cierto que las monjas dicen amar a todos los seres humanos, pero mienten descaradamente, porque el nico amor posible es ese amor primario, brutal, sexual, que sentimos hacia otra persona, slo a partir de ese amor sexual se puede llegar a aprender a amar al resto del gnero humano, sin amor sexual no hay amor fraternal. Por eso una monja no puede llegar a amar a nadie ms que a s misma y a su degenerada idolatra.

    A la naturaleza porque odian reconocerse en ella. La naturaleza es ante todo el espacio en el que desarrollar ese amor, por lo tanto esas degeneradas no pueden sino renegar de la naturaleza, despreciando los bellos impulsos naturales que cualquier ser humano, orgulloso de serlo, reconoce, acepta y deja desarrollarse libremente.

    A Dios porque le niegan. Niegan a Dios y abrazan a un dios falso. Las monjas consagran su vida a ese dolo, se casan con l, pero jams llegan a consumar su matrimonio, porque su dios es un castrado y un cornudo. El verdadero dios es un dios con dos esencias que se complementan, es un dios hermafrodita que necesita de la complementariedad de los iguales distintos. Es el dios del amor, pero del amor salvaje y primario, no de cualquiera de las mltiples degeneraciones que en esta sociedad se hacen pasar por tal. Nuestro dios niega la religin y no admite sacerdotes. Nuestro dios es el dios de la libertad. Nuestro dios es la vida, frente a los falsos dioses del miserabilismo y el desprecio por la humanidad. Nuestro dios es todo y es nada. Nuestro dios somos cada uno de nosotros en tanto que seres humanos dotados de la capacidad de amar y crear belleza.

    Nosotros, seres humanos libres, herederos aquellos hombres y mujeres que han luchado desde el comienzo de los tiempos por una humanidad plena, libre y consciente de su ser, afirmamos: La castidad, la devocin, el aislamiento del resto de seres humanos, el sacrificio a cualquier fin que no sea la felicidad humana, la idolatra y el fetichismo mercantilista que reduce al ser humano y la vida al rango de cosas son crmenes contra la humanidad.

    El amor, la pasin, la poesa y la fiesta son las fuerzas que guan a la verdadera Humanidad hacia su libertad y su realizacin como tal. Sustraerse a esas fuerzas es renegar de la condicin de ser humano y asumir el papel de homicida. Una Humanidad libre no puede tolerar que existan criminales que atenten contra todo lo que hay de hermoso en la vida.

    Por eso, acusamos: monjas, curas, frailes y obispos son peligrosos criminales que han de rectificar o ser juzgados como tales. Renegad de vuestro falso dios, volved la cara a vuestra humanidad y asumidla, abrazad todo lo que de hermoso hay en el mundo, tomad la mano de otra persona, ya sea hombre o mujer, en pareja, en tro o en comuna, no importa el nmero, no importa la condicin, slo amaos, slo as amaris al ser humano, slo as seris seres humanos. Lo contrario es el crimen ms despreciable que existe. Fornicad o pereced!

    Y que nadie se lleve a engao, sabemos que hay muchos ms miserables que toman a otros falsos dioses como autnticos: el dinero, la ciencia, el poder, el espectculo A vosotros tambin os estamos vigilando. Tened cuidado, somos implacables y sabemos odiar tanto como amar

    Amor o barbarie!

    Firmado: Maese Huvi, Las Bacantes y Les filles perdues dLautramont

  2. Anonymous
    19/08/06 en 1:10 am

    Amn, amn, amen, Maese y aclito

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