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Política: Voto desde el extranjero

Al formarse una opinión sobre un tema es bueno partir por lo que las cosas son en su esencia. En el caso del voto, estamos ante un acto de la voluntad, porque al votar en una elección presidencial en realidad decimos “deseo que tal persona gobierne”. Ahora bien, no todo deseo político que pueda tener implica que tenga derecho a un voto, por ejemplo, puedo desear que Bush no gobierne a los EUA, pero es no significa que el gobierno estadounidense esté obligado a tomar en cuenta mi opinión. A pesar de que la elección del gobernante de la única superpotencia afectará tarde o temprano mi vida, sobre todo en la era de la globalización, las decisiones que el gobierno de Bush tome no me obligan directamente. Por eso es razonable que yo no vote cuando los gringos escogen presidente.

Es por eso que, junto con idea de la soberanía popular, es base a la democracia la idea de la legitmidad del gobernante, es decir, el hecho de participar en un proceso electoral hace que las decisiones que tome mayoría sean legitimas y por lo tanto obligatorias para mí. En otras palabras, si un gobierno es elegido democráticamente, las leyes que dicte me obligan, aunque yo no esté de acuerdo con ellas. Esto hace que el voto no sea una mera expresión de voluntad, sino que debe ser una voluntad informada, porque si las decisiones de un mal gobernante me afectarán personal y directamente, me preocuparé de saber por quien estoy votando, e incluso de participar a favor o en contra de un candidato.

¿Cómo aplicamos todo esto al voto en el extranjero? Para analizar esto, veamos los distintos vínculos que una persona puede tener con un país.

En general, estaríamos de acuerdo en que no basta un mero vínculo afectivo y/o familiar. Por ejemplo si un español tiene un primo, o abuelo chilenos, y tiene interés en votar por el candidato del equivalente del PP en Chile, no parece que ese solo hecho sea suficiente como para que el Estado chileno reciba su voto.

En los países europeos, donde predomina el ius sanguinis, se admite que la nacionalidad otorga derecho a voto, pero yo no estaría de acuerdo en aplicar esta solución. Sobre todo en el mundo moderno, la importancia de la nacionalidad como vínculo entre una persona y un Estado ha disminuido bastante, y son miles las personas que conservan su nacionalidad chilena por muchos años, sin tener ningún vínculo efectivo (más allá del sentimental) con Chile. Muchos de ellos trabajan en el extranjero, pero ni siquiera se relacionan con el consulado o embajada local, porque nunca han necesitado la ayuda del Estado chileno. Estos compatriotas se definen como chilenos, pero no conservan bienes en Chile, nada a que puedan afectar las decisiones que tome la persona que resulte electa. Por eso no me parece que la mera nacionalidad sea un vínculo suficiente para darles el derecho a voto.

El siguiente vínculo a considerar es el domicilio. Hay muchas personas que salen al extranjero por períodos más o menos prolongados (por estudios, por ejemplo) pero conservan la intención de volver a Chile y muchos de sus bienes e intereses dentro del territorio nacional. A estos compatriotas yo les daría el derecho a voto por dos razones que no se encuentran en los casos anteriores: porque el resultado de la elección les afectará personalmente o en sus bienes y porque su mayor cercanía con la política local permite presumir un voto más informado. Este también es el criterio que emplea la ley electoral chilena, al permitir a los extranjeros votar luego de 5 años de vivir en Chile.

Además el hecho de conservar un domicilio en el país permite que esas personas no voten sólo en la elección presidencial, sino además en las elecciones parlamentarias correspondientes al domicilio que tengan en Chile y así participen plenamente del proceso político y no sólo simbólicamente.

En conclusión, este análisis me hace opinar que lo más lógico y coherente sería permitir que votaran en las elecciones a los chilenos residentes en el extranjero que acrediten tener domicilio en Chile.

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Categorías:Política y derecho
  1. 19/06/07 en 5:11 am

    Desde luego, cada ciudadano chileno tiene derecho a voto, independiente de dónde esté su domicilio. Si no tiene vínculo con Chile, lo lógico es que no esté interesado en votar.

    Tener domicilio, bienes raíces, ni andar en TranSantiago ni nada por el estilo son requisitos para votar, son “ciudadanos chilenos que hayan cumplido dieciocho años de edad y que no hayan sido condenados a pena aflictiva”, para ello deben estar inscritos en el registro electoral.

    Cualquier otro argumento no es más que un resabio de la dictadura católico-pinochetista.

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