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¿Ofende a Dios el divorcio?

Hace algún tiempo ojeaba una revista con artículos de teología en una librería, y me llamó la atención uno donde el autor proponía seriamente que la Iglesia dejara de considerar al matrimonio un sacramento y dejara su regulación únicamente en manos del Estado. Mi reacción fue de completa incredulidad, después de todo, se supone que una persona que escribe un artículo en una revista seria sabe de lo que está hablando ¿Acaso se trata que dejáramos los 7 sacramentos en 6? ¿Que quitemos eso de “los que Dios ha unido…” y lo dejemos en “lo que la ley ha unido”?

Durante la controversia sobre los matrimonios homosexuales en España mucha gente se preguntaba por qué la Iglesia se metía en política y en la vida privada de las personas, y este comentarista en Argepundit decía ser católico pero no creer que el divorcio ofendía a Dios.

Lo relevante detrás de estas 3 anécdotas es una idea que actualmente se encuentra impregnada en nuestra cultura pero que pocos identifican y nadie se atreve a decir: para nuestra época el matrimonio no es gran cosa. Usando un poco de exageración retórica, podríamos decir que es un poco más que un aumento de sueldo.

“¿Te subieron el sueldo? ¡felicitaciones! juntémonos el sábado en la tarde a tomarnos unos tragos; ¿Te vas a casar? ¡bien por tí! juntémonos el sábado en la noche y te llevo un engañito.”

En otras palabras, el matrimonio es un evento privado, se celebra con familiares y amigos y no pasa nada.

Sin embargo, hasta hace poco la sociedad entendía (y la Iglesia todavía entiende) que el matrimonio era un evento qe cambiaba tu posición en la sociedad, el Estado Civil era un factor que definía a los individuos, aún más que su profesión u origen social. Los compromisos matrimoniales estaban rodeados de una serie de formalidades que duraban meses, la ley exigía que se manifestara la intención de casarse ante el Estado mucho tiempo antes y la celebración misma del matrimonio duraba días. En este proceso participaba la familia de ambos cónyuges, había intercambio de regalos entre los suegros, todo reflejaba un evento social, algo que iba más allá de los novios.

¿Qué fue lo que cambió? para entender el cambio hay que establecer por qué las familias hacían tanto aspaviento al casar a sus hijos: cada matrimonio implicaba la unión de los patrimonios de los novios (que en gran parte pertenecían a la familia de la que venían) y además implicaba que vendrían hijos, los que a su vez implicaba la unión de ambas familias .

Esta idea también se puede ver en la leyes que reglaban las relaciones familiares. Hasta hace poco el Código Civil contemplaba el parentesco legítimo, que se producía por el matrimonio, y el parentesco ilegítimo que se producía cuando la unión no había sido sancionada por la ley.

Hasta hace poco, el sólo hecho de tener relaciones sexuales con una mujer sin estar casados generaba un parentesco entre el hombre y todos los pariente de la mujer, y viceversa. Esta regulación, que hoy en día parece extraña, se explica si consideramos que el mantener relaciones sexuales resultaba normalmente en la concepción de un hijo, con lo que el acto sexual, que hoy en día es visto como esencialmente privado, tarde o temprano se convertiría en un asunto público.

Así, lo que cambió en nuestra cultura es que el acto sexual dejó de ser un acto fecundo. Cuando desapareció la fertilidad, el acto sexual pasó a ser un acto privado, llevando a ese ámbito no sólo al hecho en sí, sino también a su legitimación social, que era el matrimonio.

A consecuencia de este cambio, la Iglesia se ha quedado insistiendo en el sexo como un acto naturalmente fecundo y por lo tanto en el matrimonio como un acto socialmente relevante. La cultura actual, en cambio, y muchos católicos con ella, ha asumido que el matrimonio es algo privado, que interesa sólo a los novios. Desde este punto de vista, si el matrimonio sólo afecta a los novios, es lógico que los cónyuges se divorcien si quieren.

Lo que provoca entonces la incompresión hacia la Iglesia, y su oposición al divorcio, es esta idea diferente acerca de qué es y para qué sirve el matrimonio.

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Categorías:Matrimonio
  1. d
    30/08/06 en 2:38 pm

    Patricio: muy interesante y muy inteligente el artículo. Hay un sociólogo que elaboró el concepto de “sexualidad plástica”, y es justamente lo que vos estás comentando: La sexualidad desvinculada de la reproducción.

    Te hago un comentario: no me identifico como católico (como decís en el post), sino como cristiano.

    Tu artículo esclarece un poco la preocupación que tiene la Iglesia en estos temas, pero creo que se apartó del enunciado inicial. El divorcio, la “sexualidad plástica”, ¿ofende a Dios?.

    Porque convengamos que Dios no es la Iglesia, y viceversa. ¿O vos pensás que la Iglesia y Dios son la misma cosa?

  2. 30/08/06 en 8:34 pm

    Hola D, gracias por visitar.

    Dios no es la Iglesia, pero Dios quiso darse a conocer en una época determinada a un grupo de personas, y a ese grupo le enconmendó transmitir su mensaje. Entonces, la forma como hoy en día podemos conocer a Dios pasa por la Iglesia. No es que me guste más o menos ese arreglo, es simplemente como son las cosas.

  3. d
    1/09/06 en 12:38 pm

    Error.

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