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MM1: Transubstanciación

El primer misterio de la misa que vine recién a comprender cuando era adulto es la transubstanciación, es decir, el milagro mediante el cual el pan y el vino dejan de existir para dar lugar al cuerpo y la sangre de NSJC.

De mi catequesis infantil, recuerdo que Dios está presente en el pan y el vino, y que luego de comulgar uno debía tener un momento de oración íntima con Dios. Sin embargo, se insistía mucho más en el carácter comunitario de la celebración, y como todos comíamos del mismo pan (cosa por demás simbólica, porque cada ostia era claramente un pan separado). Que yo recuerde (que no es mucho, porque tengo mala memoria) nunca se habló de la consagración del pan y el vino como un milagro en que NSJC se hiciera presente, que el cuerpo que comíamos era el mismo que había muerto por nosotros en la cruz o que debíamos dedicar el más profundo culto de adoración a la santísima eucaristía. Sí recuerdo que se insistía bastante en que comunión venía de “común-unión” con nuestros hermanos. Está bien que nos hicieran catequesis para niños pero ¿era eso lo mejor que podían entregarnos?. En definitiva, nunca tuve duda respecto a que lo que había en el altar eran nada más que pan y vino.

A pesar de esto, algo deben haberme dicho, porque cuando a los 25 años escuché a la madre Angélica en EWTN hablar sobre la adoración eucarística, algo hizo clic, algo había que me decía que esto era una enseñanza por la cual los mártires morirían y los reinos irían a la guerra, con tal de no negarla. Porque si Dios está presente en toda su infinita divinidad en cada altar, no sólo no estaremos nunca más solos en el universo, sino que conoceremos nuestra ubicación en el orden cósmico, de forma absoluta. Esto hace que la religión pase de ser una mera “opción personal” a ser lo más importante del universo.

La tragedia es que a la mayoría de mis hermanos católicos (compañeros de curso, familiares y compatriotas) se les ha negado este conocimiento, que es capaz de dar sentido a la vida, por el sólo hecho de no tener acceso a internet o al excelente canal EWTN. Es admirable, entonces que ellos sigan yendo a misa cada domingo por gratitud y amor a Dios, a pesar de que no entienden la mitad de lo que está ocurriendo. Por otro lado la juventud tiende a rechazar los ritos y simbolismos, para acoger lo auténtico y verdadero, y por eso no es raro que dejen de ir a misa, si les dicen que los católicos nos reunimos en torno a un mero símbolo de comunidad. Estoy seguro que si les dijeran que el más grande milagro ocurre ante nuestros ojos (ojos de la fe, pero ojos, al fi y al cabo) muchos irían con más entusiasmo a misa.

Puesto que este conocimiento está oculto a la gran mayoría de los chilenos que se declaran católicos (70%), e incluso a muchos de los que van regularmente a misa, y consderando que la eucaristía es la base y resumen de la vida de la Iglesia, me parece indudable que este es el primer y más grande misterio de la misa.

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