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Enseñar religión en las escuelas

Este es un tema que aparece frecuentemente en la discusión con españoles, y recientemente en el blog de Mark Shea.

Opino que el Estado debe enseñar religión en las escuelas, por los siguientes motivos:

Parto de la base que el Estado está al servicio de las personas, y no al servicio de ninguna religión ni de ninguna ideología. A su vez, las personas tienen el derecho y el deber ineludible de educar a sus hijos de acuerdo a sus convicciones personales, siempre que no impliquen un daño inmediato y relevante a los niños. Este derecho de los padres comprende el de decidir qué religión profesarán sus hijos, y como el Estado está al servicio de las personas, tiene el deber de apoyar la decisión que los padres adopten a este respecto.

Consecuente con lo anterior, es posible, y hasta obligatorio, que el Estado destine recursos a financiar la educación religiosa que los padres elijan para sus hijos. No quiero decir que el Estado “enseñe” las doctrinas de una religión como si fueran objeto de estudio antropológico, sino que debe efectivamente hacerlo como lo harían los padres, es decir, con la convicción de que se enseñan verdades trascendentes. Así, el curso será impartido por personas que a su vez son creyentes de esa religión y calificados por la comunidad religiosa, que serán pagados por el Estado, pero eso no tiene nada de extraño, si nos mantenemos enfocados en que el Estado cumple este deber en obediencia a la voluntad de los padres, y normalmente los padres también serán creyentes de esa religión.

Esto no viola la separación de Iglesia y Estado, porque el Estado no impone una religión que a él le guste, sino que son los padres que, como ciudadanos, gozan de la cooperación del Estado en el ejercicio de sus derechos.

Esto tampoco implica compromiso con ninguna religión o sistema de creencias en particular, ya que cada comunidad religiosa podrá proporcionar los profesores de la respectiva religión. Puede darse el caso en que una comunidad sea tan minoritaria en un lugar que no resulte económicamente posible que el Estado financie la educación religiosa, en esos casos lo que prevalece es la demanda de un servicio que justifique la oferta. Evidentemente los padres podrían optar para que se enseñe a sus hijos ateísmo, con alguna forma de “ética humanitaria”, si se reúne la cantidad necesaria de alumnos.

Me parece que este es un acercamiento hacia la religión constructivo por parte del Estado, que no cae ni en la agresividad ni en el proselitismo.

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Categorías:Política y derecho
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