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Feminismo y divorcio

Me cuesta entender c�mo, si las feministas dice proteger los derechos de las mujeres, tiene al divorcio como una de sus principales banderas de lucha. Me parece que el matrimonio como compromiso indisoluble es una de las mejores garant�as que puede tener la mujer de que, cuando ya no sea atractiva o capaz de “retener” al hombre, podr� contar con el apoyo necesario para tener una vida digna, y tranquila.
El divorcio es, en este sentido, peor que la poligamia, porque, si el hombre quiere a otra mujer, al menos la poligamia le obliga a mantenerlas a ambas, y generalmente concede un lugar de privilegio a la primera mujer. El divorcio en cambio, permite al hombre simplemente enamorarse nuevamente, dejar a la mujer que le entreg� los mejores a�os de su vida literalmente botada y dedicar todos sus recursos a la persecusi�n de un nuevo amor (“rehacer la vida” le dicen los sinverg�enzas, y no es m�s que tomar la miel y botar el envase).
Econ�micamente hablando, esto es desastroso para la mujer, porque normalmente en una relaci�n de pareja la familia en su conjunto ha invertido en potenciar a aquel miembro que es econ�micamente m�s rentable y ese es generalmente el hombre. El divorcio entonces, representa la p�rdida de todo el esfuerzo de la mujer, pr�cticamente sin compensaci�n a cambio.
Lo �nico que se me ocurre pensar es que las y los feministas, cuando hablan de defender los derechos de la mujer, se refieren a un solo tipo de mujer: Claudia Schiffer, es decir, una mujer bella, joven, saludable, adinerada, con carrera, sin hijos y sin compromisos.
El cristianismo, en cambio ha sido la tendencia que m�s a contribuido a lo largo de la historia a dignificar a la mujer. Ya en el antiguo testamento se dec�a (Mal 2:13-16):

13 Y esta otra cosa hac�is tambi�n vosotros: cubrir de l�grimas el altar de Yahveh, de llantos y suspiros, porque �l ya no se vuelve hacia la oblaci�n, ni la acepta con gusto de vuestras manos.
14 Y vosotros dec�s: �Por qu�? – Porque Yahveh es testigo entre t� y la esposa de tu juventud, a la que t� traicionaste, siendo as� que ella era tu compa�era y la mujer de tu alianza.
15 �No ha hecho �l un solo ser, que tiene carne y esp�ritu? Y este uno �qu� busca? �Una posteridad dada por Dios! Guardad, pues, vuestro esp�ritu; no traiciones a la esposa de tu juventud.
16 Pues yo odio el repudio, dice Yahveh Dios de Israel, y al que encubre con su vestido la violencia, dice Yahveh Sebaot. Guardad, pues, vuestro esp�ritu y no comet�is tal traici�n.

Esta es la ense�anza cristiana y la verdadera defensa de la dignidad de todas las mujeres.

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Categorías:Matrimonio
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