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Iglesia y Estado otra vez

Hace alg�n tiempo consider�bamos c�mo la separaci�n de Iglesia y Estado, lejos de ser una desventaja o renuncia para la Iglesia, era un magn�fica libertad y beneficio, obtenido despu�s de muchos siglos control y supervisi�n estatal.
Sin embargo, hoy en d�a nos encontramos con que los enemigos de la Iglesia quieren dar la expresi�n “separaci�n de Iglesia y Estado” un nuevo significado: la idea de que este principio implica que la religi�n no debe ocupar ning�n espacio en el �mbito p�blico. As� la existencia de s�mbolos religiosos visibles en lugares p�blicos ser�a una ofensa a otras religiones; y la sola menci�n de Dios, una falta de respeto a los no creyentes.
Este “nuevo significado” de un principio que originalmente es una cosa buena, provoca el natural rechazo de los creyentes, principalmente porque los no creyentes pretenden usar precisamente el poder del Estado para expulsar del espacio com�n a todas las expresiones religiosas en general y a las expresiones cristianas en particular, muchas veces, incluso pasando por sobre el fundamento democr�tico del Estado (como cuando un tribunal ordena modificar el escudo de un Estado porque contiene una cruz). Entonces se producen los evidentes reclamos, porque el Estado est� actuando m�s all� de lo que le corresponde, al servicio de una ideolog�a y no de lo que las personas quieren.
En definitiva, quieren hacer del espacio p�blico un desierto religioso, y luego llamar a eso “convivencia pac�fica de las religiones”.
Un ejemplo es este art�culo por Pato Navia en donde reclama por la presencia de demasiados sacerdotes cat�licos en los medios de comunicaci�n, cuando falleci�n Juan Pablo Magno. Evidentemente en este caso no estaba involucrado el Estado y la importancia del evento justificaba la cobertura period�stica y los comentaristas cat�licos. Sin embargo para este columnista era m�s religi�n en el �mbito p�blico de lo aceptable y le parec�a una ofensa personal que otros expresaran opiniones que �l no compart�a, junto con el cari�o y admiraci�n hacia un gran hombre.
Pero el espacio p�blico no es el Estado y la Iglesia no es toda religi�n, por eso las expresiones de religiosidad popular deben presentarse y ser recibidas en el �mbito p�blico, sin que ello implique vulnerar la separaci�n Iglesia y Estado. Quiera Dios que el Estado nunca llegue a copar todo el espacio p�blico, porque hacia all� se encuentra el Estado Totalitario.

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Categorías:Política y derecho
  1. Aún no hay comentarios.
  1. 11/11/07 en 9:31 pm

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