Mariana Loyola es una actriz muy conocida en Chile, que durante esta semana fue entrevistada en la Radio Cooperativa, y contó cómo el programa de TV “La Liga” le cambió la vida. Al igual que en otras entrevistas, decía que, invitada por el programa, visitó las poblaciones más pobres de Chile y se manifestó profundamente impactada por la el desamparo y el sufrimiento.
Cuenta Mariana Loyola, una de las nuevas incorporaciones, que “bien heavy me ha tocado, porque uno se da cuenta de la realidad del país donde uno vive, que es mucho más tremenda de lo que uno pensó. A mí lo que más me tocó fue la pobreza, sin duda. Y he visto cosas bien terribles”.
- Creo que lo peor fue en la población El Volcán de Puente Alto, tuve que ir unas cuatro veces y la realidad es bien terrible. Está súper lejos de lo que uno está acostumbrado a ver, efectivamente están marginados de Santiago y tienen condiciones que no son humanas, casi. Eso da mucha pena, impotencia, porque uno no puede hacer mucho. Son cabros jóvenes, niños que no tienen esperanza, niñas casi todas con dos o más hijos, embarazadas hace tiempo, casi todas violadas… entonces ahí uno se pregunta millones de cosas.
La actriz aseguró que lo que le hace falta a Chile “es control de la natalidad” e insistió en que “esta campaña no sólo habla del embarazo, sino que también del pre embarazo y de los niños hasta los cinco años”.
“Creo que tener un hijo no deseado es terrible” y sobre la llamada “píldora del día después”, Loyola indicó “que si está la opción de querer, tiene que estar la opción de no querer, y estamos en 2009 y somos uno de los tres países que sigue luchando entre una cosa religiosa, político y moral, que a mi me parece que es decisión de cada mujer”, sentenció.
Me atrevería a decir que todos los que leen esto, al igual que el que lo escribe y que Mariana Loyola, pertenecemos a la élite nacional, y cualquier miembro de las élites de los países cristiano-occidentales que se enfrenta a la pobreza y el sufrimiento tiene naturalmente la misma reacción: mucha pena, y sobre todo culpa, culpa elitista. Eso es natural y bueno, y es producto del ambiente cristiano en que hemos vivido, que nos llama a aliviar el dolor del que sufre (cosa que, por ejemplo a romanos o espartanos les daba bastante lo mismo).
Frente a tal situación y la sensación de culpa consiguiente, lo lógico es preguntarse “qué puedo hacer” ¿y la respuesta natural que nos surge? nos la entrega la actriz Mariana Loyola, en la misma entrevista:
La actriz aseguró que lo que le hace falta a Chile “es control de la natalidad” e insistió en que “esta campaña no sólo habla del embarazo, sino que también del pre embarazo y de los niños hasta los cinco años”.
“Creo que tener un hijo no deseado es terrible” y sobre la llamada “píldora del día después”, Loyola indicó “que si está la opción de querer, tiene que estar la opción de no querer, y estamos en 2009 y somos uno de los tres países que sigue luchando entre una cosa religiosa, político y moral, que a mi me parece que es decisión de cada mujer”, sentenció.
Correcto, esa es la respuesta estándar, lo que diría cualquiera de nosotros como primera impresión, pero ¿es la respuesta adecuada? más importante aún ¿es una respuesta cristiana?
Puede que me equivoque, pero entiendo que la frase “control de la natalidad” es sinónimo de distribución masiva de píldoras anticonceptivas, en tanto que ”es decisión de cada mujer” lo es de legalización del aborto; y si tal es el caso, sabemos que no puede ser una respuesta correcta.
Más allá de las consideraciones estrictamente morales, no es una respuesta correcta desde el punto de vista estrictamente político, porque cono las píldoras y el aorto legal no estamos solucionando ningún problema (y no, los niños no son el problema).
El enfoque común parte de la intución de culpa, y trata de eliminarla, como un niño que cree que tapandose los oídos y gritando “lalala” soluciona algo. La culpa es como el sistema nervioso del alma, en palabras de Patrick Madrid, y en ese sentido es necesaria, porque, al igual que el dolor físico, su presencia es señal de que algo no anda bien. El dolor que sentimos al enfrentarnos al sufrimiento de otros nos dice que todavía estamos vivos, que podemos conmovernos y hacer algo.
Sin embargo, nuestra respuesta ante el dolor físico no puede ser simplemente “llenarnos de analgésicos”, o atacar el síntoma, sino que debemos ir a la causa final de la enfermedad. De igual modo, cuando se proponen planes masivos de control de la natalidad vía anticoncepción o de abortos, lo que hacemos es precisamente eliminar el síntoma que nos avisa que algo no funciona, pero en el fondo dejamos todo igual.
Por ejemplo, si a una niña llega a un consultorio embarazada, y nuestra respuesta es quitarle a su hijo y darle anticonceptivos ¡no estamos resolviendo nada! volverá a su casa donde el conviviente de la madre seguirá abusando sexualmente de ella, pero ahora con la ventaja que nadie vovlerá a sacar el tema, mientras la niña siga sin embarazarse.
Claro, nosotros hemos resuelto nuestro problema: la culpa. Ella nunca vovlerá a ser un tema para las élites, seguramente pasará de una relación abusiva a otra, y si sigue nuestro consejo, no tendrá hijos que nos roben o amenacen nuestra vida, hasta que la niña muera en la misma pobreza, y con el trauma de años de maltrato. Problema resuelto.
En el fondo es una solución egoista, que además tiene la ventaja de ser fácil de entender y con bajo costo de implementación, tres factores que son imbatibles a los ojos de nuestra cultura, propia de meros consumidores. Sin embargo, nuestra labor como élites, entendiendo que tenemos capacidad de reflexión, es ir más allá de lo que puede ver una actriz, y pensar verdaderas soluciones al problema, no nuestro, sino de la niñas que viven en las poblaciones.
No se imaginen ni por un momento que digo todas estas cosas porque conozca la realidad de la pobreza mejor de lo que la conoce Mariana Loyola, para nada. Pero sí conozco y admiro el silencioso testimonio de sacerdotes y monjas que viven toda su vida sirviendo a esos mismos pobres, y sobre todo miro a NSJC que siendo un obrero pobre (el único que ha fundado una religión) nos llama a ver en nuestros hermanos desamparados una persona,no un número o una amenaza.
Tampoco entiendan que mi opinión implica una prohibición absoluta a los anticonceptivos, puede haber situaciones en las que sea legítimo que el Estado los entregue, lo que digo es que nunca podrán ser “lo que le hace falta a Chile” ni mucho menos una “solución a la injusticia”.
Nuestro hermanos, nuestro Señor se merece algo mejor que una píldora que los borre de nuestra vista.
Nota: hablo de “culpa elitista” para distinguirla de la culpa normal, que es la que sentimos cuando nos damos cuenta que hemos hecho algo malo. La culpa elitista surge más bien de darnos cuenta que no merecemos muchas de las cosas de las que disfrutamos, sin que tampoco hayamos hecho nada malo para tenerlas
Comentarios recientes