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Archivo para la Categoría "Sexualidad"

Miedo o desprecio

No era mi intención que el tema de la homosexualidad apareciera con tanta frecuencia en el blog, pero supongo que es inevitable, ya que nos encontramos en plena campaña electoral, y ha sido el asunto “valórico”, como decimos en Chile, de mayor importancia.

La columna de Felipe Veloso que comentábamos hace algún tiempo comenzaba relatando las peripecias del autor en su época escolar, cuando él, junto a su grupo de compañeros se mofaban de otro que les parecía afeminado, y señala:

Tal comportamiento (de la víctima de sus befas), manifiestamente homosexual a nuestros ojos, nos parecía inaceptable por una razón en ese momento poco clara: sentíamos miedo.

¿Miedo a qué? Continua el autor

Era que no. Para entonces ni siquiera alcanzábamos la edad de quince, y si bien la mayoría estábamos conscientes de nuestra atracción por las chicas, no menos conscientes estábamos de que las únicas que habíamos tenido desnudas sobre nuestras camas eran las impresas en papel cuché. Para colmo, el camino para hacerlas pasar de papel a carne y hueso nos parecía sumamente misterioso, así que nuestra ’solución’ fue: «si nuestro compañero parece homosexual —lo sea o no— agredámoslo y contémosle al mundo sobre él; eso mostrará lo machos de verdad que somos».

Ah, entonces era miedo a que se supiera que a los 14 años no habían mantenido relaciones sexuales, y que no eran tan machos ¿será eso? Pregunto sinceramente, porque parece una explicación extraña: se teme a lo que puede hacerte daño o a lo desconocido, pero un compañero de curso normalmente no caería en ninguna de esas categorías.

A partir de esta perplejidad, pemítanme adelantar una explicación alternativa: el comportamiento descrito y que es común en los escolares no es miedo, sino desprecio.

Verán, en los primates se han observado comportamientos sociales relacionados al fenómeno del macho alfa, referido a la tendencia de los individuos a asignarse una determinada jerarquía al interior de un grupo, y comportarnse de acuerdo a dicha jerarquía.

Aparte de la entrada en wikipedia acerca de los machos alfa, mi experiencia confirma esta realidad. En mis años de colegio, además del temperamento filosófico, que exhibo por el solo hecho de tener este blog y del que ya hemos hablado, sufría de un importante grado de miopía y, a pesar de ser alto, era muy malo en las actividades físicas en general y los deportes en particular. Ya se imaginarán que esta combinación, sumado a un buen rendimiento académico, me ponía en los últimos escalones de la escala social escolar. Vamos, que era un nerd, y eso que todavía no se conocía el D&D.

El punto es que fui blanco de bromas similares a las que se hacen en las escuelas a los afeminados, pero jamás se me ocurriría pensar que alguno de mis compañeros sintieran miedo hacia mí o mi “nerdidad”, a lo más un poco de envidia por mis mejores calificaciones. Más bien me parece que, comportándose como primates que somos, mis compañeros reafirmar su posición, en una jerarquía basada en la capacidad física, ya que no tenían posibilidad de ascender en la jerarquía basada en la capacidad escolar, y lo que realmente sentían no era miedo sino desprecio.

Por esto tiendo a pensar que las mofas que muchas veces reciben aquellos escolares que son percibidos como afeminados por sus compañeros, no tienen que ver con homofobia, sino con natural y común desprecio.

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Homosexualidad ¿natural?

Tanto en la conversación anterior acerca de la homosexualidad, como en la columna de Felipe Veloso que mencioné en la entrada previa, se mencionó la idea de que no correspondería considerar el comportamiento homosexual como una enfermedad, pues éste sería “parte de la naturaleza”, afirmación que luego se fundaba en el hecho de que se ha observado algunos animales de diversas especies manteniendo relaciones de este tipo.

Sin embargo el solo hecho de que un fenómeno ocurra sin intervención de una voluntad humana, no significa que sea “natural”. Por ejemplo, aunque una persona sea ciega de nacimiento, para él no es natural no poder ver; es posible que logre adaptarse a esa condición, que viva con ella, pero lo cierto es que pertenece a una especie que tiene una cierta capacidad visual y los miembros de esa especie que no cuentan con ella sufren una enfermedad.

No varía esta observación el hecho de que tal enfermedad tenga o no cura, es irrelevante y no por ello deja de ser un mal funcionamiento de algunos órganos que le impide cumplir su función. Por otro lado, nada se gana diciendo al ciego “eres normal, no puedes ver pero tú estás bien así”, cuando se deberían tomar las medidas para ayudarle.

Teniendo en mente esto, es fácil darnos cuenta que el argumento de “Yo no elegí, Dios me hizo así, por lo tanto, la homosexualidad es buena” no tiene ninguna validez: cualquier enfermedad tendría el mismo derecho a ser achacada a la intervención divina  y reclamar que no se investigue su tratamiento o, si es incurable, se aminoren sus efectos. Absurdo.

En segundo lugar, anotamos que el hecho de que una conducta ocurra en animales, aceptando que sea natural en ese sentido, no hace por sí solo que sea aceptable para los humanos. Por ejemplo, el hecho de que la araña viuda negra devore al macho una vez terminada la cópula no puede ser tenido como una justificación para los parricidos (aunque algunas amigas estén abiertas a discutir el punto) o que los animales no tengan ninguna regla respecto del incesto sea un argumento para que nosotros hagamos lo mismo.

Finalmente hay que mencionar un punto acerca de los animales observados en conductas homosexuales: no sabemos si el animal es homosexual. Pensemos en los reportes de violaciones al interior de las cárceles, actos que indudablemente son de carácter homosexual, ¿pondríamos a las personas involucradas, por ese solo hecho, en la categoría de “gay”? Ciertamente que no. Lo más común será que ambos prisioneros sean heterosexuales, con sus impulso sexual claramente desarrollado en tal sentido, pero se vean envueltos en tal actividad, uno contra su voluntad , y el otro para afirmar su dominio en lo que considera su “territorio”.

De igual forma con los informes de “animales homosexuales”, nada indica que esos sujetos no presenten ningún interés en mantener relaciones sexuales con el sexo opuesto, como ocurre en los homosexuales humanos, y por lo tanto su valor como argumento por la “naturalidad” de esas conductas es cuestionable.

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Homosexualidad como enfermedad

Dos son los instintos que se encuentran a la base de la conformación de todos los seres vivos: el de conservación individual y el de conservación de la especie. Estos se reconocen en el comportamiento de los seres vivos en que todos evitan la muerte y buscan reproducirse. En los humanos, esto se identifica con la aversión a la muerte, y el impulso sexual, tendencias que compartimos con todos los animales sexuados.

El objeto de atracción sexual puede manifestarse de diferentes formas en los individuos, dependiendo de sus condicionamientos biológicos y culturales, pero si esas impiden impiden alcanzar el fin biológico para cual existe el impulso sexual, cual es la conservación de la especie, propiamente nos encontramos ante una enfermedad.

Así por ejemplo, si una persona o grupo de personas estima sexualmente atractivo que los hombres tengan orejas pequeñas, esta es una simple preferencia, cuyo único efecto a largo plazo es que haya más individuos con orejas pequeñas.  Por el contrario, si un grupo importante de individuos de una especie (digamos, ballenas) altera su objeto de atracción sexual por individuos del mismo sexo, el efecto que esto produce es la disminución o desaparación de la especie en el término de algunas generaciones (dependiendo de lo extendido de la alteración), lo que a su vez contradice el instinto de conservación de la especie.

Luego, resulta adecuado considerar a las tendencias homosexuales una enfermedad que afecta el mecanismo de atracción sexual.

Advierto que este no es un juicio moral o legal acerca de lo bueno o conveniente que sean las conductas homosexuales o las personas que las practiquen o apoyen. Sólo se trata de reflexionar acerca de las razones en favor o en contra de poder decir “la homosexualidad es una enfermedad”.

Addenda: algunos visitantes han traído a colación la situación del celibato para sostener que, puesto que no se considera al celibato una enfermedad a pesar de tener el mismo efecto práctico que la homosexualidad (negar la reproducción), ésta tampoco lo sería.

Primero, aclarar que cuando hablo de homosexualidad me refiero no tanto a los actos en sí, sino a la condición que sufren las personas que experimentan una definida atracción hacia otros individuos del mismo sexo. Dicho de otro modo, no es algo que ellos eligen.

Esto es relevante, porque una enfermedad, por definición es una condición que uno no eligió, y así, si uno decide ignorar lo que oye no significa que esté sordo, o si quiere usar anticonceptivos, no por ello se puede decir que sufra un problema de fertilidad.

Entonces, si bien es discutible lo conveniente que pueda ser el celibato, o incluso que sea inmoral, no corresponde que sea considerado una enferemedad.

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Culpa elitista

Mariana Loyola es una actriz muy conocida en Chile, que durante esta semana fue entrevistada en la Radio Cooperativa, y contó cómo el programa de TV “La Liga” le cambió la vida. Al igual que en otras entrevistas, decía que, invitada por el programa, visitó las poblaciones más pobres de Chile y se manifestó profundamente impactada por la el desamparo y el sufrimiento.

Cuenta Mariana Loyola, una de las nuevas incorporaciones, que “bien heavy me ha tocado, porque uno se da cuenta de la realidad del país donde uno vive, que es mucho más tremenda de lo que uno pensó. A mí lo que más me tocó fue la pobreza, sin duda. Y he visto cosas bien terribles”.

- Creo que lo peor fue en la población El Volcán de Puente Alto, tuve que ir unas cuatro veces y la realidad es bien terrible. Está súper lejos de lo que uno está acostumbrado a ver, efectivamente están marginados de Santiago y tienen condiciones que no son humanas, casi. Eso da mucha pena, impotencia, porque uno no puede hacer mucho. Son cabros jóvenes, niños que no tienen esperanza, niñas casi todas con dos o más hijos, embarazadas hace tiempo, casi todas violadas… entonces ahí uno se pregunta millones de cosas.

La actriz aseguró que lo que le hace falta a Chile “es control de la natalidad” e insistió en que “esta campaña no sólo habla del embarazo, sino que también del pre embarazo y de los niños hasta los cinco años”.
“Creo que tener un hijo no deseado es terrible” y sobre la llamada “píldora del día después”, Loyola indicó “que si está la opción de querer, tiene que estar la opción de no querer, y estamos en 2009 y somos uno de los tres países que sigue luchando entre una cosa religiosa, político y moral, que a mi me parece que es decisión de cada mujer”, sentenció.

Me atrevería a decir que todos los que leen esto, al igual que el que lo escribe y que Mariana Loyola, pertenecemos a la élite nacional, y cualquier miembro de las élites de los países cristiano-occidentales que se enfrenta a la pobreza y el sufrimiento tiene naturalmente la misma reacción: mucha pena, y sobre todo culpa, culpa elitista. Eso es natural y bueno, y es producto del ambiente cristiano en que hemos vivido, que nos llama a aliviar el dolor del que sufre (cosa que, por ejemplo a romanos o espartanos les daba bastante lo mismo).

Frente a tal situación y la sensación de culpa consiguiente, lo lógico es preguntarse “qué puedo hacer” ¿y la respuesta natural que nos surge? nos la entrega la actriz Mariana Loyola, en la misma entrevista:

La actriz aseguró que lo que le hace falta a Chile “es control de la natalidad” e insistió en que “esta campaña no sólo habla del embarazo, sino que también del pre embarazo y de los niños hasta los cinco años”.

“Creo que tener un hijo no deseado es terrible” y sobre la llamada “píldora del día después”, Loyola indicó “que si está la opción de querer, tiene que estar la opción de no querer, y estamos en 2009 y somos uno de los tres países que sigue luchando entre una cosa religiosa, político y moral, que a mi me parece que es decisión de cada mujer”, sentenció.

Correcto, esa es la respuesta estándar, lo que diría cualquiera de nosotros como primera impresión, pero ¿es la respuesta adecuada? más importante aún ¿es una respuesta cristiana?

Puede que me equivoque, pero entiendo que la frase “control de la natalidad” es sinónimo de distribución masiva de píldoras anticonceptivas, en tanto que  ”es decisión de cada mujer” lo es de legalización del aborto; y si tal es el caso, sabemos que no puede ser una respuesta correcta.

Más allá de las consideraciones estrictamente morales, no es una respuesta correcta desde el punto de vista estrictamente político, porque cono las píldoras y el aorto legal no estamos solucionando ningún problema (y no, los niños no son el problema).

El enfoque común parte de la intución de culpa, y trata de eliminarla, como un niño que cree que tapandose los oídos y gritando “lalala” soluciona algo. La culpa es como el sistema nervioso del alma, en palabras de Patrick Madrid,  y en ese sentido es necesaria, porque, al igual que el dolor físico, su presencia es señal de que algo no anda bien. El dolor que sentimos al enfrentarnos al sufrimiento de otros nos dice que todavía estamos vivos, que podemos conmovernos y hacer algo.

Sin embargo, nuestra respuesta ante el dolor físico no puede ser simplemente “llenarnos de analgésicos”, o atacar el síntoma, sino que debemos ir a la causa final de la enfermedad. De igual modo, cuando se proponen planes masivos de control de la natalidad vía anticoncepción o de abortos, lo que hacemos es precisamente eliminar el síntoma que nos avisa que algo no funciona, pero en el fondo dejamos todo igual.

Por ejemplo, si a una niña llega a un consultorio embarazada, y nuestra respuesta es quitarle a su hijo y darle anticonceptivos ¡no estamos resolviendo nada!  volverá a su casa donde el conviviente de la madre seguirá abusando sexualmente de ella, pero ahora con la ventaja que nadie vovlerá a sacar el tema, mientras la niña siga sin embarazarse.

Claro, nosotros hemos resuelto nuestro problema: la culpa. Ella nunca vovlerá a ser un tema para las élites, seguramente pasará de una relación abusiva a otra, y si sigue nuestro consejo, no tendrá hijos que nos roben o amenacen nuestra vida, hasta que la niña muera en la misma pobreza, y con el trauma de años de maltrato. Problema resuelto.

En el fondo es una solución egoista, que además tiene la ventaja de ser fácil de entender y con bajo costo de implementación, tres factores que son imbatibles a los ojos de nuestra cultura, propia de meros consumidores. Sin embargo, nuestra labor como élites, entendiendo que tenemos capacidad de reflexión, es ir más allá de lo que puede ver una actriz, y pensar verdaderas soluciones al problema, no nuestro, sino de la niñas que viven en las poblaciones.

No se imaginen ni por un momento que digo todas estas cosas porque conozca la realidad de la pobreza mejor de lo que la conoce Mariana Loyola, para nada. Pero sí conozco y admiro el silencioso testimonio de sacerdotes y monjas que viven toda su vida sirviendo a esos mismos pobres, y sobre todo miro a NSJC que siendo un obrero pobre (el único que ha fundado una religión) nos llama a ver en nuestros hermanos desamparados una persona,no un número o una amenaza.

Tampoco entiendan que mi opinión implica una prohibición absoluta a los anticonceptivos, puede haber situaciones en las que sea legítimo que el Estado los entregue, lo que digo es que nunca podrán ser “lo que le hace falta a Chile” ni mucho menos una “solución a la injusticia”.

Nuestro hermanos, nuestro Señor se merece algo mejor que una píldora que los borre de nuestra vista.

Nota: hablo de “culpa elitista” para distinguirla de la culpa normal, que es la que sentimos cuando nos damos cuenta que hemos hecho algo malo. La culpa elitista surge más bien de darnos cuenta que no merecemos muchas de las cosas de las que disfrutamos, sin que tampoco hayamos hecho nada malo para tenerlas

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Se remata la virginidad

Estudiante remata su virginidad por ofertas de más de 2,5 millones de libras (3,7 millones de dólares) [en inglés, vía Mark Shea]

Desde luego, no vamos a detenernos en lo inmoral y perjudicial que resulta todo esto. Sólo quiero hacer 3 observaciones:

  • Quien diga que la virginidad ya no le interesa a nadie, ahí tiene: hay gente dispuesta a pagar millones de dólares por la de una sola mujer ¿Qué nos dice eso?
  • Si el consentimiento es la única regla de conducta, tarde o temprano acabamos consintiendo a nuestra propia esclavitud.
  • Es el feminismo el que sembró esta cosecha, y por eso le debe una explicación y una disculpa a las mujeres.

(Nop, nada anormal con Europa, bussiness as usual)

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Qué haríamos sin la ciencia

Recientes investigaciones sugieren que la incidencia del embarazo adolescente es mucho más alta entre aquellas jóvenes que miran programas con muchos diálogos o comportamientos de contenido sexual, que aquellas con gustos más moderados. [...] Investigaciones anteriores por parte de los mismos científicos muestran que mirar muchos programas de TV con refencias sexuales pueden influenciar a los jóvenes a tener sexo a edades más tempranas. [Fuente, en inglés, via Mark Shea]

En otras notas del fascinante mundo de la ciencia, recientes investigaciones demostrarían que las piedras caen hacia el suelo, y el agua suele mojar aquellos objetos con los que entra en contacto. Manténgase informados de los recientes descubrimientos científicos.

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El argumento genético II

Una de las gracias del blog es que es una obra en permanente construcción. Hay cosas en los archivos que escribí hace tiempo con las que ya no estoy de acuerdo, y muchas cosas más aún que diría de una forma totalmente diferente.

En la entrada El Argumento Genético un visitante nos comenta:

Ahora hay más homosexuales que antes sencillamente porque hay más gente. Homosexuales ha habido siempre, y los habrá. La gente no se hace homosexual para fastidiarte, la gente siente atracción, créeme. No has sentido alguna vez “la atracción sexual”, pues en un homosexual, por mucho que te repugne, ocurre que esa atracción es hacia otra persona de su mismo sexo, y eso es así. Ahora se puede discutir si el sexo homosexual es algo bueno, malo, o indiferente. Hay animales homosexuales, y lo son sin remilgos. Hace muy poco han descubierto el gen de los zurdos, quién sabe si no descubrirán el gen homosexual, yo no sabría qué apostar… Pero hay una cosa clara: mientras Dios nos siga mandando homosexuales, debemos tratarlos con respeto, porque suelen ser personas desfavorecidas por la sociedad.

A pesar de que efectivamente creo que las conductas homosexuales son intrínsecamente desordenadas, esta entrada no tenía que ver con eso. Tampoco tiene relación con el respeto que como hijos de Dios se merecen las personas que sufren de atracción por el mismo sexo. Finalmente, tampoco tiene que ver con la cantidad de homosexuales que hay actualmente, en comparación con otro momento pasado o futuro, ya que es un fenómeno bien documentado a lo largo de la historia.

A lo que se refería esta entrada era a la idea que la homosexualidad tiene origen en cierta configuración genética, y como, de ser cierto eso, la homosexualidad terminaría por desaparecer en pocas generaciones. Verán, no es lo mismo ser zurdo que ser genéticamente homosexual, porque las características genéticas se transmiten de una generación a la siguiente a través de la reproducción. De esto, resulta obvio que cualquier característica que haga imposible o limite seriamente la reproducción (la homosexualidad, si tuviera su origen en los genes) desaparecerá precisamente por no transmitirse a la generación siguiente. La calidad de zurdo, en cambio, no tiene un efecto directo en la capacidad reproductiva, y en ese sentido no es comparable al hipotético gen de la homosexualidad.

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Edad del consentimiento

La gloria de la fe católica es que libera a la gente de la degradante esclavitud de ser hijos de su tiempo.

Chesterton

En uso de esa maravillosa libertad que nos otorga la fe, que también se conoce como “perspectiva histórica”, John C. Wright comenta sobre el desastre que ha significado la revolución sexual para occidente, y lo compara a la caída del Imperio Romano.

En el mismo sentido, ¿Se han fijado como varía la edad en que una persona puede comenzar a mantener relaciones sexuales en los diferentes países? De acuerdo a la ley chilena, una persona puede tener relaciones sexuales a partir de los 14 años, y quien no respete esa edad, comete violación aunque no haya ejercido fuerza o intimidación alguna en contra de su víctima. Hasta hace poco esa edad era de 12 años, mientras que en Estado Unidos varía entre 16 y 18.

¿Qué conclusión podemos sacar de esta diferencia? Si uno fuera antichileno, fácilmente podría decir que el Estado chileno ampara la pedofilia, permitiendo que hombres adultos tengan relaciones con niñas que no están preparadas para comprender sus actos y proteger su autonomía y libertad sexual. ¿Sería eso justo para con los chilenos? ¿Sería una conclusión válida?

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Un argumento por la castidad

Amigo, durante el largo tiempo en que hemos compartido nuestra amistad he llegado a conocerte y a considerarte una gran persona. He conocido como tratas a tus amigos y a tus amigas, y así me he podido dar cuenta más que por palabras, por los hechos, de aquellos valores y virtudes que son relevantes para ti. No sólo puedo decir que los conozco, sino además que te respeto y admiro por ellos.

Particularmente, te considero un hombre de familia, alguien capaz de admirar la belleza de una mujer pero al mismo tiempo de respetarlas profundamente. Sé también, porque lo hemos conversado, que cuando una mujer reciba tu promesa de estar junto a ella hasta que la muerte los separe, los harás con pleno convencimiento de mantener esa promesa, y que quieres estar junto a tus hijos durante las etapas importantes de su vida.

Por eso, porque conozco todo esto de ti, quiero pedirte que consideres seriamente la necesidad de la castidad.

Ya sé que no compartes mi religión, también lo hemos conversado muchas veces, pero sabes que no te diría esto si fuera a darte un sermón. Sólo quiero que consideres lo siguiente:

La regla general en los mamíferos superiores es que la sexualidad se encuentre estrechamente relacionada a los periodos de fertilidad de las hembras y de celo de los machos y durante esa época el macho se encuentra irremediablemente atraído hacia la hembra, pero el resto del tiempo prácticamente no existe interés sexual. Los seres humanos, en cambio, viven en lo que podríamos considerar un periodo de celo permanente, es decir, no existe una época determinada en la que no les interese mantener relaciones. Si buscamos una explicación evolutiva a esta diferencia, podríamos relacionarlo con el hecho que la tasa de reproducción de la especie es muy baja: cada embarazo sólo produce un hijo, su período de gestación es ridículamente largo, el proceso del parto es extremadamente peligroso para la vida de la madre y su bebé, y la “cría de humano” es con mucho la que nace con menos capacidades para sobrevivir.

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Protestantes y anticonceptivos

Niños de la reforma: una breve y sorprendente historia de protestantismo y anticoncepción [en inglés]

Hasta 1930 todos los cristianos, católicos o protestantes, rechazaban completamente el uso de métodos anticonceptivos, situación que cambió rápida y radicalmente a mediados del S. XX, hasta que en 1975 prácticamente todas las denominaciones protestantes consideraban el aborto como una decisiones estrictamente personal de la mujer. ¿Cómo llegó a ocurrir este cambio?

Muy interesante análisis histórico.

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