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Archivo para la Categoría "Política y derecho"

Naturalismo y positivismo

Jorge pregunta

¿La propiedad sobre uno mismo, depende de una ley escrita o de unos juristas de momento?

Y seguramente él sabe que la respuesta es mucho más extensa de lo que se podría hacer en los comentario de un blog. Esta es una pregunta que ha acompañado a las disciplinas (que no ciencias) jurídicas y sociales desde el primer momento en que alguien se planteó qué es lo justo.

¿De qué depende la justicia? ¿de una ley? ¿de unos juristas de momento? ¿o hay alguna realidad detrás de aquello a lo que los hombres llaman “justo”? Conceptos tan básicos como la propiedad sobre uno mismo, la autodeterminación y la libertad ¿son meras convenciones sociales? ¿se pueden limitar o eliminar por un simple acto de la mayoría?

La respuesta a todas estas preguntas necesariamente debe ser una y la misma, y las posibles soluciones se han agrupado en dos grandes campos: los naturalistas y los positivistas.

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Buenas noticias

A la excelente noticia acerca de la aprobación de la enmienda Stupak, que bloquearía el uso de fondos fiscales destinados a practicar abortos en el marco de la reforma a la salud propuesta por Barack Obama, se suma la modificación a la ley que autoriza la distribución de la Píldora del Día Después, que propuso la Senadora DC Soledad Alvear.

La propuesta decía:

No se considerarán anticonceptivos, ni serán parte de la política pública en materia de regulación de la fertilidad, aquellos métodos cuyo objetivo o efecto, directo o indirecto, sea impedir la implantación del óvulo fecundado o, en general, afectar negativamente el normal desarrollo intrauterino del ser humano ya concebido

Desde luego José Antonio Gómez del Partido Radical y Pedro Muñoz del Partido Socialista se opusieron ¿por qué? pues porque, a pesar de lo que dicen sus propios expertos, saben que la PDD tiene un efecto anti implantación.

Producto de la negociación se cambió el texto y se dejó en que se excluían sólo los métodos “cuyo objetivo o efecto directo sea provocar un aborto”.

En su redacción inicial, no veo inconveniente en que se apruebe una política de este tipo, porque reafirma la protección al ser humano desde su concepción (a lo que se comprometió el Estado chileno al ratificar la Convención Americana sobre Derechos Humanos), y lo reconoce como sujeto de desarrollo y bienestar.

Tal vez todavía quede alguna esperanza en la DC, y si sus senadores tiene la valentía de reponer la indicación en la sala, tendríamos una interesante visión acerca de quienes están realmente por proteger al ser humano, y podrían recurperar mi voto.

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Maine rechaza el matrimonio homosexual

El 6 de mayo de 2009 la cámara de representantes del Estado de Maine, en los EUA pasó una ley de matrimonio homosexual, con una votación de 178 a favor y 167 en contra. Ante esto, un grupo de ciudadanos reunión las firmas necesarias y activó las provisiones en la legislación vigente para someter dicha ley a votación, e impedir así que entrara en vigencia.

El 3 de noviembre se llevó a cabo la votación y la opción que rechazaba la ley de matrimonio homosexual obtuvo una mayoría del 53% de los votantes.

Más importante aún es que, días antes de la elección se reportó que los grupos a favor del matrimonio gay habían reunido la suma de 4 millones de dólares en donaciones para su campaña, en tanto que sus oponentes sólo habían alcanzado los 2,5 millones.

Lo que muestra esta evidente diferencia entre los dineros reunidos y el resultado de la elección es que el matrimonio gay sigue siendo una preocupación de la élites, que están dispuestas a invertir dinero en su implementación, pero no de la mayoría de la gente.

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Acuerdo de vida en común

Se acercan las elecciones presidencial en Chile, fijadas para el 11 de diciembre de 2009, y, para nosotros, la posición de los candidatos acerca del aborto tienen el efecto de descartar inmediatamente a 3 de ellos. Jorge Arrate, candidato de la izquierda a la antigua, propone legalizar el aborto por voluntad de la madre, Marco Enríquez Ominami, al estilo del socialismo europeo, promete legalizar el aborto terapéutico, y Frei Ruiz Tagle, de la concertación gobernante, dice estar a favor de legalizar el aborto terapéutico (y cualquier otro que le pidan, al parecer). Sebastián Piñera es el único de los 4 candidatos que se declara “pro vida”, a pesar de apoyar la distribución masiva de la píldora del día después, lo cual lo hace, si no deseable, al menos el que menos perjuicio podría causar.

Por lo tanto resulta necesario reflexionar acerca del otro tema esencialmente valórico que se discute en esta campaña, cual es la regulación legal a las de parejas del mismo sexo.

Al respecto, se discutió un proyecto de “Acuerdo de Vida en Común”, que algunos miembros del comando redactaron y pusieron en conocimiento del candidato Sebastián Piñera, y este se manifestó conforme con el mismo. Leer más…

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Pena de muerte

En el año 2001 el Estado chileno eliminó de sus leyes la pena de muerte para delitos comunes. Hace algunos días, en la ciudad de Valparaíso nuestro hermano Juan Saavedra violó a nuestra hermana Francisca, de 5 años y que era su vecina, luego la golpeó hasta dejarla inconciente, la puso en una bolsa y, aún estando ella viva, la arrojó al mar, donde falleció ahogada. Naturalmente, la reacción de la mayoría de los habitantes de nuestra patria ha sido pedir que se le imponga la pena de muerte al responsable.

Son este tipo de situaciones las que relacionan con muchos temas de este sitio, y por lo tanto no podía menos que consignar algunas reflexiones.

Primero, hemos hablado en este blog acerca de la pena de muerte y el respeto a la vida de todos los seres humanos como presupuesto básico de la convivencia en una nación civilizada. Por lo mismo soy contrario a la pena de muerte y opino que al derogarla, el Estado chileno dio un paso importante en la dirección correcta.

Sin embargo, no puedo decir que la  reacción de quienes sostienen que la pena justa al mal causado es la muerte del responsable, sea incoherente con una postura contraria al aborto.

¿Es posible ser anti aborto y pro pena de muerte? Sí, es posible, porque la norma ética que nos impide matar a un ser humano no  se extiende a todo ser humano, sino sólo un ser humano inocente. A su vez, esta distinción entre humanos inocente y los que no lo son  no es antojadiza, como si sólo se hiciera para resguardar la facultad de que el Estado imponga la pena de muerte, sino que resulta necesaria para que queden amparados quienes actúan en legítima defensa propia o de su familia o de otros.

Ahora bien, dado que la excepción en razón del sujeto se encuentra justificada, es posible decir que el Estado conserva la facultad de imponer la pena de muerte (cumplidos otros requisitos además) a aquellos que no resultan “inocentes”. Yo no estoy de acuerdo con tal aseveración, pues sostengo que aunque exista la excepción, se debe mantener la misma razón original, cual sería la legítima defensa del propio Estado o de terceros, cosa que en este caso no ocurre, pero eso no implica que exista una contradicción directa con el principio en que se funda la oposición al aborto.

Dicho de otro modo, si bien ambas situaciones son comparables en cuanto tienen que ver con la vida y dispensar la muerte, es claro que no los son en cuanto al sujeto, pues el bebé es un inocente y el responsable de una muerte no lo es, por lo que no se encuentran justificadas las acusaciones de inconsistencia entre una y otra situación. Leer más…

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Armas ¿derecho o privilegio?

El subsecretario [del Interior, Patricio Rosende] insistió en que “tener un arma no es sólo un derecho, es un privilegio que se le entrega a algunas personas, y por lo demás debe estar, en consecuencia de ello, sujeto a restricciones, a limitaciones importantes y a controles”.

La Tercera- 14/05/2009

Debo reconocer que no me agradan las armas de fuego, por causa del trabajo he tenido algunas en mis manos, nunca una cargada, y, a pesar de que uno como abogado conoce de cerca la realidad de los delitos, jamás tendría una en la casa, porque me siento razonablemente seguro de que nadie se arriesgaría a entrar en mi casa con gente dentro (“claro”, me dirá alguien, “hasta que te pase”).

Esta actitud, que creo es compartida en su mayoría por mis compatriotas, encuentra su base en que Chile todavía goza de una cultura relativamente pacífica, producto de una comunidad cohesionada.  Sin embargo, con una bonanza económica mantenida ya por más o menos dos décadas y mayores libertad en múltiples ámbitos, esto ha comenzado a cambiar, se hace más común el ver al otro como un extraño, y por lo mismo, un peligro, y con ello la gente empieza a pensar que no sería mala idea tener un arma en la casa, sólo como protección.

La discusión acerca de las armas no se debe abordar exclusivamente como un problema de seguridad pública –del tipo “¡Debemos defendernos de los delincuentes!” versus “¡Debemos impedir que las armas lleguen a manos de los delincuentes– porque eso es andar pegando palos de ciego: puede que un año bajen o suban las estadísticas de delitos cometidos o repelidos con armas, pero no mira al problema subyacente, cual es la realidad cultural en que uno está dispuesto a disparar contra otro.

En este contexto, el subsecretario del Interior (la más alta repartición encargada de la paz interna del país) señala que poseer un arma “no es un derecho, es un privilegio”.

Preliminarmente, tiendo a pensar que el subsecretario se equivoca, y que tener armas no es un derecho ni un privilegio, sino una libertad. ¿Qué quiero decir con esto? que lo propio de un derecho, lo que lo diferencia de una libertad o de otro tipo de relación, es que lleva aparejado una obligación correlativa y positiva que se encuentra impuesta a otra persona: si tengo derecho a que se me entregue una cosa, es porque alguien, el deudor, tiene el deber de entregármela; si tengo derecho a recibir atención de salud, es porque una persona determinada, generalmente el Estado, tiene la obligación de proveer los medios para que yo reciba esa atención.

Ya sé que hoy en día parece que todo fuera un derecho: la vida, la muerte, el placer, el medio ambiente, la educación, la salud, la TV y la conexión a internet; pero aquí estamos hablando entre gente seria y conviene mantener categorías claras para pensar con claridad. Leer más…

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El eterno debate

Nunca es moralmente aceptable procurar la muerte de un ser humano inocente.

¿Alguna duda? Excelente, vamos entonces a algo más interesante que ha surgido a propósito del griterío (ya que no debate) formado a partir  de las palabras del candidato Frei acerca del aborto terapéutico.

Luego de que sus declaraciones no fueron apoyadas ni siquiera por su partido, Eduardo Frei ha intentado la detestable maniobra de “¿Aborto, yo? ¡jamás! sólo me interesaba que debatiéramos un tema importante”. Para luego traer a colación esa palabra tan útil: tabú.

Mark Shea decía que a veces la gente pregunta, no para recibir información sino para avanzar una agenda. Así por ejemplo, si un agente de seguridad en un juicio dice “Pero después de todo ¿Qué hay tan malo con la tortura?” nadie espera que estas palabras sean seguidas de una equilibrada exposición de aspectos históricos y morales de la tortura en occidente; al  contrario, todos entendemos que este sujeto intenta justificar sus actos, por los cuales se encuentra en juicio.

¿Por qué entendemos eso? pues por el contexto, porque se espera que un agente policial tenga opiniones claras y definidas acerca de aspectos que afectan a su profesión, y que dichas opinines se encuentren dentro de un rango aceptable. En occidente no es aceptable que un policía sostenga la licitud de la tortura, aunque exactamente la misma pregunta, en cambio es perfectamente lícita y aceptable en otro contexto, como el académico.

Lo mismo pasa con el candidato Frei:  luego de abrir el tema acerca del aborto, no es honesto de su parte, pretender que sus palabras eran sólo una invitación a debatir. Se supone que, si está en la arena política y es cristiano, debe tener claros algunos conceptos, como el que encabeza esta entrada, y que si bien en ciertos ámbitos son debatibles, no hay dudas que una campaña presidencial no es el contexto para hacerlo.

Luego, es una conclusión perfectamente válido concluir que nos encontramos ante un intento de legalizar el aborto terapéutico o al menos obtener el apoyo político de quienes están a favor de esa postura.

Lo que hace que esta maniobra resulte aún más injuriosa es terminar con las palabras “En una democracia todos los temas se deben discutir, no puede haber temas tabú”. ¡Por favor! ¿alguien piensa en lo que está diciendo? no hay sistema político (democracia, monarquía, república, etc.) que soporte estar en una permanente discusión de todas las cuestiones éticas que le sirven de fundamento. ¿O alguien puede concebir  que estemos siempre discutiendo el sufragio universal o censitario? ¿Si hay que legalizar la posesión de esclavos? ¿Si se puede emplearla tortura ? Hay tantas cosas que se discuten una vez, y luego se adoptan como parte integrante del sistema, que es obvio que hay temas que no pueden ser simplemente “debatidos” en política, y si alguien lo propone, es evidente que tiene una agenda.

¿Aborto? conversemos, debatamos, que para eso existe este blog, pero no mientan, pretendiendo que un candidato que pregunta “¿Qué tienen de malo el aborto?” no lo quiere legalizar, sino que se las está dando de profesor universitario y sólo quiere “abrir el debate”.

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El argumento libertario

A propósito de la píldora del día después, se ha vuelto a emplear el “argumento de la libertad”. Ya resulta majadero, pero cada vez que un gobierno decide apoyar un mal, basta con decir “el gobierno no impone nada, sólo da la opción a los ciudadanos para que ellos tomen libremente una decisión”. Aborto, divorcio, poligamia, matrimonio homosexual, todo cabe aquí, en nombre de la libertad.

Desmontar este argumento no es fácil, porque la democracia asegura que una ley no se dicta en el vacío, sino que es producto de las tendencias en una comunidad, y cuando una comunidad ha dejado de percibir como mala o socialmente relevante una conducta, es fácil que caiga en el truco de “es su vida, es su opción, yo no me meto”. En una comunidad cada vez más individualista, el argumento de la libertad es una carta ganadora.

La respuesta más rápida y fácil, como generalmente ocurre, es una reductio ad absurdum: si el gobierno quisiera permitir que la gente hiciera lo que quisiera en su matrimonio, tampoco impondría que fuera sólo entre dos personas, o entre dos adultos, o entre personas de diferente sexo. Otro caso: si el gobierno no quisiera imponer una moral determinada, tampoco impediría que la madre pudiera matar a su hijo hasta los 5 años, por ejemplo, cuando no tiene medios para mantenerlo.

Lamentablemente, la réplica de la contraparte no es racional sino puramente emocional: “¡Es que nadie está proponiendo el infanticidio! ¿Estás tú proponiendo que matemos a los niños? Qué clase de monstruo pensaría tal cosa cuando hay decisiones tan dolorosas en juego ¡Qué falta de respeto a las mujeres pensar que tomarán estas opciones tal livianamente!”. El problema es que la experiencia en otros países demuestra que, legalizado el aborto se busca la eugenesia, y un feto de raza negra en los E.U.A. tiene 30% más de posibilidades de ser abortado que uno de raza blanca.

Sin embargo, luego de esa ráfaga de emociones, no es posible explicar que lo que se que se quería mostrar es que apelar a la libertad no basta, porque sirve para justificar cualquier cosa, incluso aquellas tan terribles y que los propios proponentes de la libertad rechazan. Debemos buscar otra forma de enfrentar el argumento libertario.

Veamos qué les parece esta posible respuesta al argumento libertario:

En el S. IV San Agustín estableció las bases para toda convivencia en sociedad: En lo esencial, unidad; en lo no esencial, libertad; en todo, caridad. Nuestros oponentes han recurrido a la libertad para pedir que se permita el aborto (por ejemplo), es decir, no lo consideran esencial. Nosotros, en cambio creemos que defender la vida de las personas es un principio esencial de la vida en comunidad, y por eso llamamos a que todos no unamos en la protección del más débil, sin olvidar que en todo debe haber caridad, es decir, acoger a la joven o mujer en las dificultades que naturalmente le corresponde enfrentar en esa situación, e incluso sancionar duramente al padre de la criatura o al familiar que la induce al aborto.

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Fundamentalista

Lo que son las coincidencias, justo hoy que Nicolas manifiesta su temor a que los cristianos hagamos un estado fundamentalista, conocemos la noticia de que el Estado Español ha ordenado a la Iglesia alterar la información que aparece en sus registros.

Es decir, si la Iglesia se mete en política se le acusa de fundamentalista, pero si es el Estado el que se mete en los registros de bautismo, entonces hay que someterse. En el fondo no hay un principio equitativo operando sino una aversión hacia la Iglesia.

Y eso es fundamentalismo. El día que tengamos que volver a celebrar la misa en catacumbas, habrá gente aplaudiendo y otros llamando a cerrarlas, todo en aras de la separación entre vida pública y cristianismo.

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Desencanto con la política

Desde los Estados Unidos, Mark Shea se queja:

¿Por qué nuestra opción tiene que ser entre la derecha de la manguera de goma (en referencia a la tortura) y la izquierda de las tijeras en la nuca de los niños?

En coincidencia, Embajador en el Infierno, desde España, nos cuenta acerca de la intervención del PP (partido supuestamente cercano a la Iglesia) en el financiamiento de una exposición blasfema en Ibiza.

Está visto que los católicos hoy en día no tenemos lugar en la política.

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