The evolution of divorce es un artículo muy interesante acerca de la forma en que el llamado divorcio sin culpa cambió el significado del matrimonio, desde que su establecimiento en los EUA a fines de los 60. Se refiere al “divorcio sin culpa” , que puede demandar un cónyuge contra el otro, sin expresar causa alguna, y que se estableció por primera vez en Californa en el ‘69 como una forma de evitar la mentira judicial, que llevaba a que los cónyuges inventaran acusaciones mutuas para poder divorciarse .
La tesis del artículo, respladada con abundante estadística como suelen hacerlo los gringos, es que si bien el divorcio había existido antes, la aprobación de esta norma marcó un cambio sustancial de la actitud de la sociedad hacia el matrimonio.
Se sostiene que antes predominaba el modelo de “matrimonio institucional”, que miraba a la familia a traves del prisma del deber y el sacrificio, donde un hogar exitoso era aquel donde la intimidad era una ventaja importante, pero no lo único a tener en vista, y donde un buen trabajo, un hogar bien mantenido, el auxilio mutuo y la buena educación eran los bienes casi universalmente tenidos en consideración. En contraste, los años 70 contemplaron la introducción de un nuevo modelo de “matrimonio de auto realización”, en el cual la principal obligación del cónyuge es consigo mismo, y el matrimonio es un vehículo para la búsqueda de la auto satisafacción, el romance, la intimidad y la felicidad; y el éxito marital ya no se medía por el éxito en satisfacer las oblgiaciones con el o la cónyuge, sino por el sentido subjetivo de felicidad en el matrimonio.
Lo interesante es que este enfoque explica muchas cosas, mirando al cambio de mentalidad que ha ocurrido en la sociedad, comenzando por la inestabilidad del matrimonio actual. Por ejemplo, si un amigo viene y nos dice
-Me voy a divorciar, ya no soy feliz en mi matrimonio – tal vez le digamos
-¿Y qué piensa ella?
-No le he dicho todavía, pero siempre hemos tenido una buena relación, yo sé que no será feliz conmigo así, y ella también quiere que yo sea feliz”
¿Qué le podríamos decir? no mucho en realidad, porque es nuestro amigo y naturalmente queremos lo mejor para él, pero debemos darnos cuenta que estamos operando en el contexto de un matrimonio de auto realización, hecho para la felicidad de los cónyuges. La respuesta será, entonces, “conversen, vean a un psicólogo, vuelvan a enamorarse” pero en el fondo estamos callando la segunda parte: “y si eso no resulta, puedes divorciarte tranquilamente”.
La otra respuesta es más díficil, porque debería empezar con algo así como “debes darte cuenta que has estado equivocado durante todo este tiempo, que tu matrimonio con X es algo más grande e importante que tú o incluso que Uds. dos juntos, hay un deber de permanecer juntos que tienen ante sus hijos y ante la comunidad ¿la felicidad? eso vendrá por añadidura, si sabes encontrarla”. Pero ¿quién tiene la confianza para decirle a un amigo “conviertete”?
Este marco de referencia también permite explicar la actitud tibia de la sociedad ante algo tan absurdo como un “matrimonio homosexual”, pero que sin embargo rechaza mayoritariamente la adopción por parte de homosexuales. Claro, porque pensando en un modelo de matrimonio de auto-realización se entiende que dos personas del mismo sexo puedan “casarse”, sean felices entre ellas, sin afectar a nadie, pero cuando se introduce el tema de los hijos en el modelo, ya nos acercamos más a un matrimonio institucional, y en ese marco es evidente que no puede haber cabida para las parejas del mismo sexo.
Más importante aún es preguntarnos si una nación puede soportar un matrimonio en estas condiciones. Mi primera respuesta es que sí, no hay necesidad de ser catastrofistas y si una sociedad puede soportar la esclavitud o sistemas de castas y permanecer en el tiempo, la prevalencia de un matrimonio en tales condiciones no traerá el colapso de la civilización. Lo que molesta es el costo que esto tendrá, en violencia, sufrimiento, suicidios, pobreza material y espiritual, sobre todo en una cultura que conoció mejores tiempos.
Entonces, si defendemos el matrimonio institucional no es por motivos religiosos, sino para evitar el dolor, por que el matrimonio es un medio efectivo para tener hogares felices y estables.
The evolution of divorce es un artículo muy interesante acerca de la forma en que el llamado divorcio sin culpa cambió el significado del matrimonio, desde que su establecimiento en los EUA a fines de los 60. Se refiere al “divorcio sin culpa” , que puede demandar un cónyuge contra el otro, sin expresar causa alguna, y que se estableció por primera vez en Californa en el ‘69 como una forma de evitar la mentira judicial, que llevaba a que los cónyuges inventaran acusaciones mutuas para poder divorciarse .
La tesis del artículo, respladada con abundante estadística como suelen hacerlo los gringos, es que si bien el divorcio había existido antes, la aprobación de esta norma marcó un cambio sustancial de la actitud de la sociedad hacia el matrimonio.
Se sostiene que antes predominaba el modelo de “matrimonio institucional”, que miraba a la familia a traves del prisma del deber y el sacrificio, donde un hogar exitoso era aquel donde la intimidad era una ventaja importante, pero no lo único a tener en vista, y donde un buen trabajo, un hogar bien mantenido, el auxilio mutuo y la buena educación eran los bienes casi universalmente tenidos en consideración. En contraste, los años 70 contemplaron la introducción de un nuevo modelo de “matrimonio de auto realización”, en el cual la principal obligación del cónyuge es consigo mismo, y el matrimonio es un vehículo para la búsqueda de la auto satisafacción, el romance, la intimidad y la felicidad; y el éxito marital ya no se medía por el éxito en satisfacer las oblgiaciones con el o la cónyuge, sino por el sentido subjetivo de felicidad en el matrimonio.
Lo interesante es que este enfoque explica muchas cosas, mirando al cambio de mentalidad que ha ocurrido en la sociedad, comenzando por la inestabilidad del matrimonio actual. Por ejemplo, si un amigo viene y nos dice
-Me voy a divorciar, ya no soy feliz en mi matrimonio – tal vez le digamos
-¿Y qué piensa ella?
-No le he dicho todavía, pero siempre hemos tenido una buena relación, yo sé que no será feliz conmigo así, y ella también quiere que yo sea feliz”
¿Qué le podríamos decir? no mucho en realidad, porque es nuestro amigo y naturalmente queremos lo mejor para él, pero debemos darnos cuenta que estamos operando en el contexto de un matrimonio de auto realización, hecho para la felicidad de los cónyuges. La respuesta será, entonces, “conversen, vean a un psicólogo, vuelvan a enamorarse” pero en el fondo estamos callando la segunda parte: “y si eso no resulta, puedes divorciarte tranquilamente”.
La otra respuesta es más díficil, porque debería empezar con algo así como “debes darte cuenta que has estado equivocado durante todo este tiempo, que tu matrimonio con X es algo más grande e importante que tú o incluso que Uds. dos juntos, hay un deber de permanecer juntos que tienen ante sus hijos y ante la comunidad ¿la felicidad? eso vendrá por añadidura, si sabes encontrarla”. Pero ¿quién tiene la confianza para decirle a un amigo “conviertete”?
Este marco de referencia también permite explicar la actitud tibia de la sociedad ante algo tan absurdo como un “matrimonio homosexual”, pero que sin embargo rechaza mayoritariamente la adopción por parte de homosexuales. Claro, porque pensando en un modelo de matrimonio de auto-realización se entiende que dos personas del mismo sexo puedan “casarse”, sean felices entre ellas, sin afectar a nadie, pero cuando se introduce el tema de los hijos en el modelo, ya nos acercamos más a un matrimonio institucional, y en ese marco es evidente que no puede haber cabida para las parejas del mismo sexo.
Más importante aún es preguntarnos si una nación puede soportar un matrimonio en estas condiciones. Mi primera respuesta es que sí, no hay necesidad de ser catastrofistas y si una sociedad puede soportar la esclavitud o sistemas de castas y permanecer en el tiempo, la prevalencia de un matrimonio en tales condiciones no traerá el colapso de la civilización. Lo que molesta es el costo que esto tendrá, en violencia, sufrimiento, suicidios, pobreza material y espiritual, sobre todo en una cultura que conoció mejores tiempos.
Entonces, si defendemos el matrimonio institucional no es por motivos religiosos, sino para evitar el dolor, por que el matrimonio es un medio efectivo para tener hogares felices y estables.
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