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Archivo para la Categoría "Matrimonio"

Amor libre

Jorge comenta

Vaya, cualquiera podría pensar que tienes un argumento anarquista. La gente puede unirse y desunirse con quien quiera, cuando quiera, como quiera. Amor libre.

En realidad, trato de decir dos cosas:

Primero, que si los que se llaman liberales fueran coherentes con su proclamada “neutralidad ética”, no deberían instar por el reconocimiento del matrimonio homosexual, sino por que el Estado dejara de reconocer el matrimonio como una situación especial.

Segundo, puesto que no están dispuestos a abrazar esa posición, la mentada neutralidad es falsa, y simplemente son una fuerza política más, que al igual que otras, intenta que la comunidad acoja sus marco ético particular (en este caso, que la homosexualidad es igual que la heterosexualidad) usando las leyes y el Estado.

Políticamente eso no es reprochable, tú tienes tu agenda, yo tengo la mía; pero ¡por favor! dejen de decir que “nosostros no imponemos nada a nadie, Uds. nos quieren imponer sus ideas”.

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Entrevista a Pablo Simonetti

Quiero comentar un par de citas de la entrevista publicada en La Segunda al escritor Pablo Simonetti:

-¿Qué se busca? ¿Matrimonio?
-Lo que se busca es igualdad y legitimidad. Y para eso, los derechos y los deberes de los ciudadanos deben ser los mismos. La ley de matrimonio civil tiene que ser para cualquier pareja de personas que se amen y que quieran tener una vida juntas.

Llama la atención que no busca el matrimonio, en sí, o los bienes de la familia, sino de legitimidad para su estilo de vida, una herramienta para un fin político.

¿Pensará realmente que cualquier pareja que se ame y quiera vivir junta debe casarse? realmente me lo pregunto, porque lo tengo por una persona inteligente y que no usará las palabras con ligereza, pero por otro lado esa afirmación es evidentemente falsa para cualquiera que la considere sólo por un momento.

-¿Y la adopción?
-La gente que teme que los pobres niños sean pervertidos por sus padres homosexuales está partiendo de una premisa homofóbica. Una clara refutación de que se pueda influir en la orientación sexual de un niño es que la mayoría de los hombres gay nacimos y nos criamos dentro de un matrimonio heterosexual.

¿”Premisa homofóbica”? Que los niños aprenden cómo comportarse y qué esperar de los demás observando a sus padres y madres ¿es una premisa homofóbica? Supongo que todos los estudios sobre las conductas de violencia intrafamiliar, alcoholismo o embarazo adolescente perpetuadas a lo largo de generaciones también parten de una premisa homofóbica.

La premisa puede ser errada, y dado que no se conocen las causas de la homosexualidad, es perfectamente posible que se descarte en el futuro, pero ¿homofóbica? ¿sólo porque no coincide con su programa político? no me parece.

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La evolución del divorcio

The evolution of divorce es un artículo muy interesante acerca de la forma en que el llamado divorcio sin culpa cambió el significado del matrimonio, desde que su establecimiento en los EUA a fines de los 60. Se refiere al “divorcio sin culpa” , que puede demandar un cónyuge contra el otro, sin expresar causa alguna, y que se estableció por primera vez en Californa en el ‘69 como una forma de evitar la mentira judicial, que llevaba a que los cónyuges inventaran acusaciones mutuas para poder divorciarse .
La tesis del artículo, respladada con abundante estadística como suelen hacerlo los gringos, es que si bien el divorcio había existido antes, la aprobación de esta norma marcó un cambio sustancial de la actitud de la sociedad hacia el matrimonio.
Se sostiene que antes predominaba el modelo de “matrimonio institucional”, que miraba a la familia a traves del prisma del deber y el sacrificio, donde un hogar exitoso era aquel donde la intimidad era una ventaja importante, pero no lo único a tener en vista, y donde un buen trabajo, un hogar bien mantenido, el auxilio mutuo y la buena educación eran los bienes casi universalmente tenidos en consideración. En contraste, los años 70 contemplaron la introducción de un nuevo modelo de “matrimonio de auto realización”, en el cual la principal obligación del cónyuge es consigo mismo, y el matrimonio es un vehículo para la búsqueda de la auto satisafacción, el romance, la intimidad y la felicidad; y el éxito marital ya no se medía por el éxito en satisfacer las oblgiaciones con el o la cónyuge, sino por el sentido subjetivo de felicidad en el matrimonio.
Lo interesante es que este enfoque explica muchas cosas, mirando al cambio de mentalidad que ha ocurrido en la sociedad, comenzando por la inestabilidad del matrimonio actual. Por ejemplo, si un amigo viene y nos dice
-Me voy a divorciar, ya no soy feliz en mi matrimonio – tal vez le digamos
-¿Y qué piensa ella?
-No le he dicho todavía, pero siempre hemos tenido una buena relación, yo sé que no será feliz conmigo así, y ella también quiere que yo sea feliz”
¿Qué le podríamos decir? no mucho en realidad, porque es nuestro amigo y naturalmente queremos lo mejor para él, pero debemos darnos cuenta que estamos operando en el contexto de un matrimonio de auto realización, hecho para la felicidad de los cónyuges. La respuesta será, entonces, “conversen, vean a un psicólogo, vuelvan a enamorarse” pero en el fondo estamos callando la segunda parte: “y si eso no resulta, puedes divorciarte tranquilamente”.
La otra respuesta es más díficil, porque debería empezar con algo así como “debes darte cuenta que has estado equivocado durante todo este tiempo, que tu matrimonio con X es algo más grande e importante que tú o incluso que Uds. dos juntos, hay un deber de permanecer juntos que tienen ante sus hijos y ante la comunidad ¿la felicidad? eso vendrá por añadidura, si sabes encontrarla”. Pero ¿quién tiene la confianza para decirle a un amigo “conviertete”?
Este marco de referencia también permite explicar la actitud tibia de la sociedad ante algo tan absurdo como un “matrimonio homosexual”, pero que sin embargo rechaza mayoritariamente la adopción por parte de homosexuales. Claro, porque pensando en un modelo de matrimonio de auto-realización se entiende que dos personas del mismo sexo puedan “casarse”, sean felices entre ellas, sin afectar a nadie, pero cuando se introduce el tema de los hijos en el modelo, ya nos acercamos más a un matrimonio institucional, y en ese marco es evidente que no puede haber cabida para las parejas del mismo sexo.
Más importante aún es preguntarnos si una nación puede soportar un matrimonio en estas condiciones. Mi primera respuesta es que sí, no hay necesidad de ser catastrofistas y si una sociedad puede soportar la esclavitud o sistemas de castas y permanecer en el tiempo, la prevalencia de un matrimonio en tales condiciones no traerá el colapso de la civilización. Lo que molesta es el costo que esto tendrá, en violencia, sufrimiento, suicidios, pobreza material y espiritual, sobre todo en una cultura que conoció mejores tiempos.
Entonces, si defendemos el matrimonio institucional no es por motivos religiosos, sino para evitar el dolor, por que el matrimonio es un medio efectivo para tener hogares felices y estables.

The evolution of divorce es un artículo muy interesante acerca de la forma en que el llamado divorcio sin culpa cambió el significado del matrimonio, desde que su establecimiento en los EUA a fines de los 60. Se refiere al “divorcio sin culpa” , que puede demandar un cónyuge contra el otro, sin expresar causa alguna, y que se estableció por primera vez en Californa en el ‘69 como una forma de evitar la mentira judicial, que llevaba a que los cónyuges inventaran acusaciones mutuas para poder divorciarse .

La tesis del artículo, respladada con abundante estadística como suelen hacerlo los gringos, es que si bien el divorcio había existido antes, la aprobación de esta norma marcó un cambio sustancial de la actitud de la sociedad hacia el matrimonio.

Se sostiene que antes predominaba el modelo de “matrimonio institucional”, que miraba a la familia a traves del prisma del deber y el sacrificio, donde un hogar exitoso era aquel donde la intimidad era una ventaja importante, pero no lo único a tener en vista, y donde un buen trabajo, un hogar bien mantenido, el auxilio mutuo y la buena educación eran los bienes casi universalmente tenidos en consideración. En contraste, los años 70 contemplaron la introducción de un nuevo modelo de “matrimonio de auto realización”, en el cual la principal obligación del cónyuge es consigo mismo, y el matrimonio es un vehículo para la búsqueda de la auto satisafacción, el romance, la intimidad y la felicidad; y el éxito marital ya no se medía por el éxito en satisfacer las oblgiaciones con el o la cónyuge, sino por el sentido subjetivo de felicidad en el matrimonio.

Lo interesante es que este enfoque explica muchas cosas, mirando al cambio de mentalidad que ha ocurrido en la sociedad, comenzando por la inestabilidad del matrimonio actual. Por ejemplo, si un amigo viene y nos dice

-Me voy a divorciar, ya no soy feliz en mi matrimonio – tal vez le digamos

-¿Y qué piensa ella?

-No le he dicho todavía, pero siempre hemos tenido una buena relación, yo sé que no será feliz conmigo así, y ella también quiere que yo sea feliz”

¿Qué le podríamos decir? no mucho en realidad, porque es nuestro amigo y naturalmente queremos lo mejor para él, pero debemos darnos cuenta que estamos operando en el contexto de un matrimonio de auto realización, hecho para la felicidad de los cónyuges. La respuesta será, entonces, “conversen, vean a un psicólogo, vuelvan a enamorarse” pero en el fondo estamos callando la segunda parte: “y si eso no resulta, puedes divorciarte tranquilamente”.

La otra respuesta es más díficil, porque debería empezar con algo así como “debes darte cuenta que has estado equivocado durante todo este tiempo, que tu matrimonio con X es algo más grande e importante que tú o incluso que Uds. dos juntos, hay un deber de permanecer juntos que tienen ante sus hijos y ante la comunidad ¿la felicidad? eso vendrá por añadidura, si sabes encontrarla”. Pero ¿quién tiene la confianza para decirle a un amigo “conviertete”?

Este marco de referencia también permite explicar la actitud tibia de la sociedad ante algo tan absurdo como un “matrimonio homosexual”, pero que sin embargo rechaza mayoritariamente la adopción por parte de homosexuales. Claro, porque pensando en un modelo de matrimonio de auto-realización se entiende que dos personas del mismo sexo puedan “casarse”, sean felices entre ellas, sin afectar a nadie, pero cuando se introduce el tema de los hijos en el modelo, ya nos acercamos más a un matrimonio institucional, y en ese marco es evidente que no puede haber cabida para las parejas del mismo sexo.

Más importante aún es preguntarnos si una nación puede soportar un matrimonio en estas condiciones. Mi primera respuesta es que sí, no hay necesidad de ser catastrofistas y si una sociedad puede soportar la esclavitud o sistemas de castas y permanecer en el tiempo, la prevalencia de un matrimonio en tales condiciones no traerá el colapso de la civilización. Lo que molesta es el costo que esto tendrá, en violencia, sufrimiento, suicidios, pobreza material y espiritual, sobre todo en una cultura que conoció mejores tiempos.

Entonces, si defendemos el matrimonio institucional no es por motivos religiosos, sino para evitar el dolor, por que el matrimonio es un medio efectivo para tener hogares felices y estables.

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Yo odio el divorcio, dice el Señor

Libro del profeta Malaquías, Capítulo 2:

13 Y esta otra cosa hacéis también vosotros: cubrir de lágrimas el altar de Yahveh, de llantos y suspiros, porque él ya no se vuelve hacia la oblación, ni la acepta con gusto de vuestras manos.

14 Y vosotros decís: ¿Por qué? – Porque Yahveh es testigo entre tú y la esposa de tu juventud, a la que tú traicionaste, siendo así que ella era tu compañera y la mujer de tu alianza.

15 ¿No ha hecho él un solo ser, que tiene carne y espíritu? Y este uno ¿qué busca? ¡Una posteridad dada por Dios! Guardad, pues, vuestro espíritu; no traiciones a la esposa de tu juventud.

16 Pues yo odio el repudio, dice Yahveh Dios de Israel, y al que encubre con su vestido la violencia, dice Yahveh Sebaot. Guardad, pues, vuestro espíritu y no cometáis tal traición.

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Para toda la vida

El Mercurio del 27 de enero publicó una nota acerca de la situación del matrimonio y el divorcio en Chile. Señala:

El número de divorcios que se concretaron en Chile durante 2008 corresponde al 34,9% de la cifra de matrimonios que se celebraron en el mismo período. La tendencia desde la aprobación de la ley en 2005 es clara: el divorcio va en alza.

“Todos los datos actuales indican que este proceso continuará”, dice el decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Central, Luis Gajardo. Para él, la idealización cultural del matrimonio como el enamoramiento permanente es un factor de riesgo. Cuando “se debilita la pasión, se termina por desmoronar toda la relación y se busca una nueva”.

Este dato se obtiene de fuentes oficiales, con seguridad el Registro Civil. Fíjense que “la idealización cultural del matrimonio como el enamoramiento permanente es un factor de riesgo”. Lo siguiente, en cambio proviene de una encuesta.

Según la Encuesta Nacional Bicentenario UC-Adimark-”El Mercurio” 2008, el 70% de las personas encuestadas opina que el matrimonio es para toda la vida. Sólo dos años antes, esa idea la avalaba el 77% de los entrevistados.

Parece una cifra baja, pero mi percepción es que si la gente supiera lo que está diciendo, sería aún menor.Cuando se pregunta “El matrimonio ¿es para toda la vida?” el 98% de las personas pensarán que le están preguntando algo así como “¿Se puede estar enamorado toda la vida de una misma persona?”. Ahí el 30% te dirá que no, pensando que el enamoramiento es una emoción pasajera y que, terminado, es bueno separarse; mientras que el 70 restante, con una visión más optimista responderá que en las condiciones adecuadas, una pareja puede llegar junta a los años dorados.

Pero, amigos míos, la pregunta no es esa, no versa sobre la naturaleza del amor, o la capacidad de los adultos de cultivar una relación de respeto y cariño a lo largo del tiempo. La pregunta es “El matrimonio ¿es para toda la vida?” y eso es una cosa muy diferentes.

Como decía el decano entrevistado, la idealización del matrimonio es una trampa terrible, concebir las relaciones al modo de las películas de Meg Ryan y Tom Hanks le hace muchísimo daño a la sociedad, pensando que lo difícil es encontrar a la persona correcta y luego todo será más fácil, felices para siempre, es un factor de riesgo. Cuantas veces, los que se divorcian dicen “pensé que todo sería diferente, más fácil; él era diferente cuando nos casamos ¡yo era

Pero no es así. El matrimonio no es un ambiente seguro, donde cada día es igual y todo está bajo control. Un verdadero matrimonio es una gran aventura, y como toda gran aventura comienza con un voto terrible y ominoso. Como Frodo que se compromete a llevar el Único al Monte del Destino, o Ulises que parte de vuelta a su hogar a pesar de la inquina de Hera, el novio pronuncia un voto terrible: “Estaré junto a ti, hasta que la muerte nos separe”.

En todas las aventuras, los eventos posteriores se mueven al borde del fracas y la muerte es una posibilidad cierta y el resultado más probable para el héroe. Sin embargo, a pesar de todo ello el aventurero abandona su hogar (Gn 2, 24) para iniciar el viaje, sin saber dónde le puede llevar, mucho menos si tendrá éxito, sólo sabe que su promesa acabará cumplida o con la muerte.

¿Se imaginan qué tipo de protagonista sería Luke, si llevara los planos de la Estrella de la Muerte sólo hasta la cantina de Mos Eisley? ¿O si le dijera al viejo Ben “Te acompañaré mientras tenga ganas o no haya muchos soldador imperiales”? y cuando nuestro héroe duda ¿Acaso Yoda no le responde “Intentos no. Hazlo. O no lo haces. No hay intentos.”?

Igual el novio, ante el altar. Como el icónico héroe medieval, ante Dios y los hombres, el novio jura solemnemente que nada menos que la muerte, nada en este mundo, le hará separarse de la mujer que se encuentra ante él. Esta es una promesa terrible como ninguna, porque dice “sólo la muerte me separará de tí; no dejar de amarte, ni la infidelidad tuya o mía, no el que me golpees, o que yo sea infeliz, ni que seas drogadicta o abuses de mí o de nuestros hijos, ni que enfermes hasta convertirte en otra persona. Nada, sino hasta que solo la muerte nos separe… para toda la vida”.

Ahora díganme ¿Cuántas personas estarían dispuestas a hacer esta promesa? ¿Quién diría “el matrimonio es para toda la vida”?

Yo creo que no más del 5%.

Y sólo una vez que estamos de este lado del voto, podemos ver lo importante que es el amor. Pero no ese amor con sucralosa y tartrazina, sino el verdadero amor, el que te obliga a salir de ti mismo y en el que hay que crecer cada día. Porque si eso es lo que hemos prometido y queremos cumplir esa promesa, se hace indispensable poner todo nuestro empeño y ser cada vez más cuidadosos en que esa mujer a quien estamos unidos sea feliz, y eso nos permita a nosotros ser feliz.

Hay católicos que lamentan el alto número de nulidades eclesiásticas que se conceden actualmente, como si los tribunales canónicos estuvieran afectados por una falsa misericordia frente a un tema tan importante como es el matrimonio, un sacramento e imagen del amor de Cristo y la Iglesia. Yo creo que no es ese el tema preocupante, lo grave es que nuestra cultura ya no sabe qué es el matrimonio, que todas las personas se casan pronunciando “para toda la vida” pero diciendo mientras te ame”, y lo mismo entienden los testigos del acto, y quién sabe si hasta el cura. En ese caso no queda más que reconcer un vicio de la voluntad.

Que aumenten los divorcios no es el problema, es el síntoma. Está bien atacar síntomas que pueden matar al paciente, pero lo verdaderamente importante es sanar la enfermedad. Y tratándose del matrimonio, estamos frente a una enfermedad del espíritu.

PD: Si alguna mujer soltera lee esto, le pido con mucho cariño que le explique a su novio qué implican las promesas del matrimonio y le diga que ella no merece otra cosa de él. Al menos mi mujer no acepta nada menos de mí, y tú no mereces nada menos que ella.

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De votos, matrimonio y decadencia

En el debate acerca del voto obligatorio o voluntario, me parece distinguir un fenómeno muy interesante, que se relaciona con los temas de este blog, cual es la confrontación entre el paradigma de los derechos y el de las responsabilidades (o democrático y republicano).

El primero de ellos pone el énfasis en los derechos y libertades del individuo, destacando que el voto es antes que nada un derecho y el voluntarismo de decidir si se vota o no, en algunos casos apelando a que la negativa a votar es una forma válida de participación política. El segundo enfoque, en cambio, sostiene que la relación entre individuo y comunidad da lugar no sólo a derechos sino también a obligaciones, y en consecuencia, para quien participa de los beneficios de vivir en sociedad, surgen ciertas obligaciones correlativas, que dan cuenta de su responsabilidad ante los ciudadanos.

En términos de este debate, esto se traduce en que el paradigma de los derechos propone el voto libre y voluntario, y el paradigma republicano insta por el voto obligatorio.

Ahora bien, si aplicáramos los principios democráticos de gobierno de la mayoría, no me cabe que el voto voluntario ganaría sin contrapeso. Basta pensar que pasaría si se somete a votación el pagar impuestos: “¿Debe Ud. pagar impuestos?” a no dudarlo, la opción “Sí” obtendría un apoyo ínfimo (probablemente de aquellos sectores más concientes); lo mismo ocurriría si se pregunta “¿Debe Ud. estar obligado a votar?” Todo esto nos lleva a pensar que existen ciertos deberes indispensables para mantener en funcionamiento nuestra comunidad política, la simple democracia no entrega los mecanismos para asegurar su propia supervivencia. Leer más…

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Igualdad y matrimonio

Hace unos días conversaba con Ulises acerca del aborto y por esas cosas del debate, terminamos hablando del matrimonio homosexual.

Ulises decía que los cristianos podíamos tener objeciones a admitir el matrimonio entre homosexuales, pero un Estado laico debía considerarlo como un contrato con contenido esencialmente económico, y por lo tanto no había motivo para que dos hombres o dos mujeres se casaran, tal como lo pueden hacer un hombre y una mujer.

Mi respuesta en ese momento fue que el matrimonio si bien tiene efectos económicos, no son los esenciales, que precisamente el problema de en que se encuentra la sociedad hoy en día surge porque occidente ha perdido la capacidad de definir el matrimonio y su esencia. A causa de esto pasa por tal cualquier cosa que un grupo con suficientes votos pueda hacernos creer.

Sin embargo, hay otra línea de argumentación contra el matrimonio homosexual, aún aceptando que no sea más que un contrato.

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¿Ahora, Ministra? es demasiado tarde

Yasna Provoste, ministra de educación:

Nosotros queremos hacer un llamado a la responsabilidad, pero también un llamado muy firme a los padres y a la madres: nuestra primera preocupación es saber dónde están nuestros hijos, saber qué están haciendo [Fuente]

¿Ahora, ministra, que los menores tienen derecho a la anticoncepción, sin que los padres se enteren? ¿Que celebramos como un triunfo cada familia que se divorcia? ¿Que da lo mismo estar juntos o no? ¿Que se ha negado el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos? ¿Que les dijo a los jóvenes que podían denunciar ante carabineros a sus padres?

No, ministra, es demasiado tarde. El Estado reclamó para sí las funciones que por largos siglos había cumplido la familia, y ésta dejo de cumplirlas.

Ahora que tiene a nuestros hijos en su casa, no venga a pedirle a las familias que los controlen. Obtuvo lo que quería, ahora los jóvenes son suyos, vea cómo lo hace.

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Incesto, pronto en su barrio

Hermanos alemanes, que tienen 4 hijos, luchan contra las leyes que sancionan el incesto. [Vía Mark Shea]

Estimados visitantes, me gustaría conducir una encuesta en los comentarios:

¿Cuál, creen Uds., será la próxima legalización que preparan nuestros adalidades de la igualdad?

a) Matrimonio incestuoso

b) Matrimonio poligámico

c) Matrimonio animal

Addenda: Varios comentarios han sugerido que esta sería una encuesta burlesca o irónica. Cuando trato de ser sarcástico, suelo ponerlo en la categoría de humor. Lamentablemente en este caso no es así, no es con burla sino con desesperación.

Sinceramente creo que cualquiera de estas tres opciones podrían legalizarse con los mismos argumentos del matrimonio homosexual, y los enlaces, si lo siguen, no hacen más que confirmar eso. Léanlos con atención.

Esto ocurre porque occidente ya no es capaz de diferenciar entre un matrimonio y una relación sexual cualquiera, y la única regla es el consentimiento. Puesto que no hay visos que eso vaya a cambiar, no tengo dudas de que se legalizará cada uno de los casos que he puesto como opción.

La pregunta es cuál será el primero

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La crisis del matrimonio

Para los que creemos que la familia occidental está en crisis (y hay mucha gente que cree que no hay nada de qué preocuparse) es natural preguntarnos acerca de las causas de esa crisis y la forma de enfrentarla.

Una análisis superficial apunta a las leyes que se están dictando hoy sobre matrimonio homosexual, como antes sobre divorcio, y las fuerzas ideológicas que están detrás de ellas. El problema con esta perspectiva es que las leyes en nuestras naciones son apoyadas por la población, y si se dictaron no es satisfactorio atribuirlo sin más a la habilidad de nuestros adversarios para maniobrar en la arena política. Hay algo más profundo detrás.

Mi opinión es que ese “algo” es la anticoncepción. Hasta la aparición de la píldora anticonceptiva, los métodos para evitar eran muy ineficaces, con lo que la relación entre sexo-hijos era evidente, y con ello la relación hijos-matrimonio. Esto producía por simple lógica que las mujeres aspiraran a un matrimonio estable, sostenido en el tiempo, que les permitiera educar a los hijos y mantenerse ellas mismas ante las limitaciones que impone la maternidad. La otra opción era renunciar al sexo, algo que los seres humanos rara vez han visto como deseable.

Desde luego, con una fuerte relación sexo-hijos-matrimonio, a nadie se le ocurriría pensar que lo que hacen los homosexuales tuviera algo que ver con el matrimonio.

En el artículo El Significado del Matrimonio, Benjamin D. Wiker va más atrás aún. Su tesis es que la crisis que hoy explota con un divorcio a voluntad, matrimonios homosexuales y polígamos, se viene preparando hace mucho más tiempo… siglos. En el Siglo 17 Hobbes y Locke dieron forma a la teoría contractualista y la popularizaron, con tanto éxito que actualmente los occidentales entedemos toda nuestra vida política como una “sociedad” es decir, un contrato.

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