Les invito a leer el post de Luis Fernando Pérez, sobre el caso del Padre Manuel Infante, párroco de Ciudad Real, España que defendió abiertamente el sacerdocio femenino.
¿Lo leyeron? ¿Se fijaron en el fundamento del curita para su opinión? Dice este sacerdote de Cristo:
No he encontrado razones teológicas profundas para pensar que una mujer no tiene cualidades o capacidad para ser sacerdote.
Este razonamiento es profundamente inválido, no sólo porque surge de la opinión personal que puede tener don Manuel sobre el tópico, en oposición a la doctrina definitivamente declarada por el magisterio ordinario de la Iglesia, como dice Luis Fernando, sino además porque supone que sólo si hay diferencias fundamentales a un nivel religioso entre hombre y mujer se justificaría que el sacerdocio se otorgue sólo a los hombres.
¡Pero no existen tales diferencias! Al menos desde un punto de vista teológico, hombres y mujeres somos iguales, y efectivamente hay muchas mujeres que tienen las cualidades y capacidades que para ser sacerdotes, y no todos los sacerdotes exhiben las características que deberían tener para ejercer como tales (yo tengo al menos uno en mente).
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Con interés y preocupación he seguido las recientes notas de infocatólica acerca de las conversaciones entre la Sociedad Sacerdotal de San Pío X, o Lefebvristas, y la Comisión Pontificia Ecclesia Dei.
Preocupación, pues monseñor Fellay ha dicho que, a pesar de las conversaciones, no se encuentra en condiciones de aceptar las proposiciones del Vaticano que les permitirían restablecer la comunión con el Papa. Esto es tremendamente grave, porque el cisma es una de las heridas más grave contra los sacramentos. En efecto, una comunidad eclesial cismática, a diferencia de otra simplemente herética, conserva la facultad de celebrar válidamente los sacramentos que NSJC confió a su Iglesia, especialmente la eucaristía, y por lo mismo es una herida permanente a la unidad del cuerpo de Cristo, que pone en peligro la salvación de muchas almas.
Pero no quiero extenderme hablando acerca de una situación que otros conocen mejor, sino que es más bien una excusa para hablar acerca de la realidad de la Iglesia. Me refiero a que los Lefebvristas denuncian algunas tendencias perniciosas que efectivamente existen en el seno de la Iglesia, como el silencio de algunos obispos en ciertos temas, los graves y dolorosos abusos litúrgicos cometidos en tantas misas, o la tolerancia a doctrinas y autores que coquetean con la herejía. Uno puede decir, “están equivocados, esas situaciones, a pesar de ser efectivas y deplorables, no pueden llevarnos a romper nuestro vínculo con la sede de Pedro”, pero al mismo, no puedo dejar de preguntarme qué ocurriría si en el futuro otras decisiones de la Santa Sede, nos dejaran a nosotros en análoga estupefacción.
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Leyendo la hermosa profesión de fe que deben emitir los llamados a ejercer un oficio en nombre de la Iglesia, en el blog La Puerta de Damasco, me ha surgido la necesidad de dejar aquí algunas notas acerca del concepto de herejía, pues lamentablemente se hace cada vez más necesario hablar con precisión respecto al tema. No soy especialista en derecho canónico, que es la disciplina encargada de explicar estas materias, pero espero que la preparación jurídica general me permita entregar al menos una información introductoria al tema.
A juzgar por las notas etimológicas, los autores cristianos fueron los primeros en usar la denominación de herejía para referirse a un error doctrinal, a partir del vocablo griego que se ha transliterado como hairesis, y que significa elegir, dividir o escoger. Esto es apropiado, pues el hereje no ha rechazado toda la doctrina cristiana (caso en que correspondería acusarlo de apóstata), sino que se limita a elegir un dogma en particular, una parte de la doctrina, y negarlo.
Los profesores de la Real Academia Española indican que herejía es un “Error en materia de fe, sostenido con pertinacia”, con lo que agrega un nuevo elemento, a saber, la pertinacia en el error, al que volveremos más tarde.
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Los católicos de Santiago se preparan hoy para asistir a la reunión “La Alegría de Ser Católico” a la que convocó un grupo de laicos, para expresar… bueno, eso, que estamos alegres de ser católicos. Se ha difundido en el portal de iglesia.cl, se ha mencionado en las noticias, estamos todos listos.
¿Todos? !No! Una aldea poblada por irreductibles jesuitas resiste todavía y siempre a la alegría.
Parece disonante, en el contexto en el que nos encontramos, llamar a mostrar la “alegría de ser católico” cuando constantemente nos vemos rodeados de signos de muerte e incertidumbre dentro de nuestra Iglesia. Signos que entristecen y confunden a un Pueblo de Dios que a momentos no comprende qué es lo que está ocurriendo. El ambiente parece no estar para esta clase de fiestas.
Y luego pasa a mencionar la demanda en La Haya contra el Papa, que los homosexuales y los divorciados se sienten marginados, y la desigualdad en Chile.
Los signos de muerte pueden ser inagotables, y, por lo mismo, parece mejor preguntarse ¿qué es lo que Dios nos pide en estos tiempos? ¿Será el momento de “mostrar” la alegría?, o ¿no será más bien el tiempo de hacer silencio?
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Hace unos días pedí, desde esta misma tribuna, una manifestación de los obispos católicos acerca del proyecto de ley que regulaba el Acuerdo de Vida en Pareja, patrocinado por el gobierno de Sebastián Piñera. Hoy amanecí contento, porque Monseñor Ricardo Ezzati, en conjunto con otros líderes cristianos de Chile, ha entregado formalmente al gobierno un documento manifestando la opinión de la Iglesia Católica chilena acerca de los proyectos de ley sobre aborto, regulación de las uniones de hecho y la discriminación. Aquí podemos leer la nota de prensa en el sitio de la conferencia episcopal, Iglesia.cl, y la declaración misma.
Hay varios puntos que destacar acerca de esta misiva, pero sin dudas el más importante, por lo novedoso, es el enfoque ecuménico, que permite demostrar que no se trata sólo de una cosa de los católicos, sino que la defensa de la familia, la vida y la libertad religiosa son esenciales para el mensaje cristiano. Debo reconocer además que me llamó profundamente la atención la participación del líder de la Iglesia Anglicana, ya que en otras latitudes esta comunidad eclesial es más parte del problema que de la solución. Por otro lado, al haberlo suscrito Monseñor Ezzati en conjunto con las cabezas de otras Iglesias y comunidades cristianas, es indudable que él lo hizo en su calidad de Presidente de la Conferencia Episcopal Chilena, de modo que no es sólo el arzobispo de Santiago, sino la Iglesia chilena la que habla a través de sus autoridades.
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Un lector ha llamado nuestra atención hacia el libro “Iglesia en Crisis: La Irrupción de los Laicos”, lanzado a inicios de Agosto en Chile, que reúne una serie de artículos de laicos católicos acerca de la “crisis actual” de la Iglesia.
A modo de referencia, el primero de los aportes lo suscribe Benito Baranda, a quien tal vez los lectores de Infocatólica recuerden por haber dicho que «El cardenal Medina y don Hédito Espinoza tendrán que responder por sus palabras ante el Señor» por su oposición al acuerdo de vida en pareja impulsado por el gobierno.
El problema con comentar sobre este tipo de publicaciones es que por un lado no corresponde hablar sólo “de oídas” de lo que puede decir el libro, pero por otro no queremos gastarnos tanto dinero en un producto que no nos da muy buena espina.
Me refiero a que ya desde el título parece expresarse una actitud negativa hacia la jerarquía, como quien dice “Los obispos y los curas tuvieron su tiempo, ahora nos toca gobernar la Iglesia”. Incluso el subtítulo “Iglesia en Crisis” insinúa que nuestra querida institución estuviera a punto de pasar a la historia, y la única vía posible de salvataje fuera que los laicos acudieran a rescatarla.
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Una calurosa invitación está extendiendo un grupo de laicos de diferentes edades y procedencias para juntarnos los católicos el sábado 15 de octubre en Plaza Italia, a expresar públicamente nuestra fe:
Como miembros de la Iglesia, tomamos conciencia de nuestra pertenencia a Ella, y damos un testimonio de nuestra fe y una muestra de cariño a la Iglesia, a los sacerdotes, a los Obispos y al Santo Padre.
Esta iniciativa se ha publicado en el portal de la Conferencia Episcopal y ha sido apoyada por el Arzobispo de Santiago, monseñor Ricardo Ezzati.
Nos piden además que difundamos el evento en las redes sociales, y que invitemos a amigos y personas interesadas en esta actividad, así que aquí les dejo los enlaces.
Página web del evento
Facebook del evento y de los organizadores
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Y para los comentarios ¿Por qué estás feliz de ser católico?
Para mí, ser católico significa la alegría de la verdad y la libertad de las mentiras del pecado. Es fuente de alegría también el saber que hubo uno que venció a la muerte y nos promete esa misma victoria a todos. Hay alegría en saber que no somos sólo lo que los otros ven, sino que es mucho más importante lo que Dios ve, y que ama eso que ve. Sólo resta que nosotros seamos capaces de conocernos como Dios nos conoce.
Lo que viene a continuación es una exhaustiva exposición acerca del desarrollo del celibato sacerdotal en la historia de la Iglesia Católica, sus fundamentos bíblicos y teológicos, para concluir en las múltiples y categóricas razones que justificación su mantención.
¡Hey, esperen! ¡No se vayan! ¿Qué dicen? ¿Que la red está llena a rebosar de esos artículos, de sus réplicas, dúplicas y contra dúplicas? ¿Que están hartos de explicaciones acerca del celibato sacerdotal (y, en mi caso, de un amateur, más encima)? Vale, pero tal vez quieran escuchar un par de ideas que tengo dando vueltas respecto al debate acerca de ese tema, y dejarme sus comentarios.
Pero antes, hay que cumplir con la ley y hacer las mismas aclaraciones que salen en esos miles de artículos: El escoger a los sacerdotes del rito latino exclusivamente entre varones solteros es materia de disciplina eclesiástica, no de institución divina; de modo que, si mañana el Vaticano decidiera escoger a varones casados para ordenarlos sacerdotes, nada cambiaría.
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En los años que llevo en esto del blog, ha sido mi política tácita no criticar a obispos o sacerdotes, pues tengo la impresión que ese rubro se encuentra suficientemente copado por los medios de comunicación seculares y algunos eclesiásticos. Lo que yo podría aportar en ese sentido sería siempre redundante y dependiente de lo que otros pudieran haber dicho o hecho.
Por eso espero que esta petición no sea leída como una crítica, pero creo que ha llegado el momento de que la Conferencia Episcopal de Chile no sólo emita un pronunciamiento ante las iniciativas del gobierno para debilitar la familia, sino que organice actividades para manifestar el apoyo a la familia tradicional, y llame directamente a los fieles a participar en ellas.
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No me canso de expresar mi gratitud a los comentaristas que se toman el tiempo de abordar las ideas que propongo en este blog, de un modo constructivo y respetuoso. La contingencia local no ha estado muy poblada de asuntos religiosos o éticos en los que me sienta autorizado a expresar mi opinión, así que los aportes de los visitantes se convierten en indispensables para dar algo de continuidad a este espacio.
Uno de esos comentarios apareció hace un par de semanas en la entrada más polémica que hemos tenido, y llegó precisamente cuando el polvo de la intensa disputa ya se había disipado, y yo no esperaba obtener nada más positivo de los comentarios disidentes. Ya ven como los visitantes nuevamente nos sorprenden.
Decía nuestro lector:
Hola a todos, la verdad es que me gusto el blog prque no se queda en el hacho o argumento clasicco de que la Homosexualidad “es un pecado” sino que analizan cada una de las razones y las perspectivas.
Muchas gracias, y me alegra mucho que este espacio te haya provocado esa impresión, porque es precisamente la idea que me gustaría que se llevara alguien que no esté de acuerdo con la Iglesia.
Ahora bien, dices que no nos quedamos en el argumento clásico de que la homosexualidad es pecado, y me siento obligado a expresar alguna precisión. La homosexualidad, entendida como la condición de aquellas personas que sienten atracción sexual hacia sujetos de su mismo sexo, efectivamente no es pecado. Pero por otro lado, tampoco lo es ninguna condición o predisposición en particular hacia el pecado que tengamos cada uno de nosotros. El pecado nunca es una inclinación o condición que suframos, siempre es un acto, y sobre todo es un acto voluntario.
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