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Ciencia o negocio

Hace un mes enlacé a un artículo sobre el financiamiento de la ciencia, que, en inglés decía:

Así funciona el proceso de financiamiento
1. Determinas cuál es que tópico de moda (calentamiento global, superconductividad de cerámicos, tecnología furtiva)
2. Escribes una propuesta para financiar el trabajo que has estado haciendo por años, en tu área, pero con una perspectiva del tópico de moda.
3. Casi “demuestras” que el mencionado tópico de moda es afectado en una forma positiva hacia tu investigación.
4. Escribes una propuesta donde afirmas que un descubrumiento revelados ocurrirá en el siguiente ciclo de financiamiento.
5. Oh, y tratas de asociarta con entidades que siempre reciben financimiento gubernamental.

Funciona así: estudias las ranas en las colinas negras de Dakota. Nadie quiere financiar el estudios de las ranas ¿Por qué querrían? Así que a inicios de los ‘80 escribes tu propuesta para estudiar los efectos del agujero en la capa de ozono en la ranas. A medidados de los ‘80 tratas de oescribir una propuesta sobre ranas y defensas misilísticas, pero lo dejas. En los ‘90 escribes una propuesta sobre cómo la orina de ranas puede ayudar en ciertas fomas de cáncer [...] y a fines de los ‘90 escribes propuestas sobre cómo las ranas de Dakota pueden ser usadas para detectar gas nervioso como parte de la Guerra Global contra el Terrorismo.[...] En los 2000 se te otorgan fondos para estudiar la declinación de las poblaciones de ranas en las colinas negras debido al calentamiento global, a pesar de que las ranas estaban ahí durante media docena de eras de hielo, y han sobrevivido 8 períodos  desde la última era de hielo cuando la temperatura era muy superior a la actual.

Y ahora La Tercera  nos informa

Comprueban que el cambio climático encoge a las ovejas escocesas

Entonces lo que pasa por ciencia comienza a parecerse mucho a un negocio.

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Cómo me puse así III: la moral

Era callejero por derecho propio,
su filosofía de la libertad
fue ganar la suya sin atar a otros
y sobre los otros no pasar jamás.

Todos escuchamos cuando chicos esta canción, y de una u otra forma aprendimos que la regla de oro de la moral era no hacer daño a los demás. Sin duda que, así planteado, esa es una gran regla; el problema, como lo veo hoy, es que la gran mayoría no van más allá, y se quedan con esta moral de niños para toda la vida.

Puedo agregar aquí que el segundo tema que me marcó fue la lucha por los derechos humanos de mi madre. A pesar de ser de familia DC, ella defendía a los de izquierda, bajo el alero de la Iglesia y así ella me enseñó que los derechos humanos son para todo los seres humanos, no sólo para aquellos que nos parecen tolerables.

Estas cosas te dejan una marca indeleble, porque si bien puedo imaginarme siendo deísta (del tipo “Jesús fue un maestro sabio”) o incluso agnóstico (toda la historia es una gran conspiración), simplemente no puedo imaginarme negando los derechos humanos. Si se me demostrara que los DDHH son la idea más irracional del mundo, renunciaría a la razón.

Pero volvamos a nuestro relato: Primer año de la carrera de derecho, en el ramo de introducción al derecho, todos aprendemos sobre los diferentes sistemas normativos: moral, social y jurídico. Todos repetimos que la diferencia fundamental entre la moral y los otros dos ordenamientos es que ella mira además del acto interno, a la intención del sujeto que actúa. Dicho lo anterior, bastan dos segundos para darnos cuenta que esa regla de “no dañar a otro” no es una norma moral, sino jurídica.

Nota: Luego, quien diga “mi moral es no dañar a nadie” simplemente afirma que no tiene moral. Admitir lo contrario implica que moral y derecho se confunden, lo cual es absurdo.

Pero claro, estas cosas se escuchan, memorizan, repiten para la prueba y luego se olvidan… sobre todo en primer año de universidad. Creo que estaba en segundo año cuando fui a una conferencia para jóvenes líderes, en una fundación cuyo nombre no recuerdo. Después supe que solían hacer estas reuniones para “reclutar” (por decirlo de algún modo)pero conmigo no les resultó. Sí recuerdo que la charla que me interesaba era sobre el tema de la ética y la política.
En ella un profesor exponía acerca del estudio de la ética como si fuera un tema conocido por todos, así que yo quedé bastante colgado. Lo que luego logré rescatar de la charla fue un ejemplo de dilema ético que él mencionó. El caso era más o menos así.

Un grupo de prisioneros se encuentra en un campo de concentración. Como suele suceder en las relaciones humanas, uno de ellos establece una relación más cercana con uno de los oficiales del campo y se hacen amigos. Cambia el sentido de la guerra, y se les ordena a los celadores retirarse del campo de concentración, llevando consigo sólo a una parte de los prisioneros. El oficial ve una oportunidad de probar la lealtad y amistad de su amigo prisionero, y le ofrece una opción terrible: “Designa a uno de tus compañeros para matarlo, o de lo contrario yo dispondré que te maten antes de retirarnos”

¿Qué debe hacer el prisionero? Desde luego, matar a otro es malo, pero tampoco es que algo que el prisionero quiera o busque. Cierto, está presionado por la situación, y la recompensa no es sólo su vida ahora, sino ganarse la confianza del oficial y tal vez salvar otras vidas en el futuro.

Ya se pueden imaginar que la respuesta ética es “el prisionero no debe designar a nadie, aunque eso signifique su muerte”. Lo interesante, para mí al menos lo fue, era la lógica detrás de esta respuesta: la regla básica de la ética es “existe el deber de hacer el bien y evitar (o no hacer) el mal” y, por el contrario, no existe una exigencia ética de evitar sufrir un mal. En consecuencia, puesto en la disyuntiva de hacer un mal y recibir un mal, la ética debe inclinarse por recibir el mal, y no actuar inmoralmente.

La lógica es incuestionable, pero el resultado terrible. Creo que nadie reprocharía a ese pobre hombre por haber designado a uno de sus compañeros para la muerte, pero al mismo tiempo la razón exige afirmar la inmoralidad de su acto.

Para mí, este ejemplo fue la bala de plata para la moral utilitarista, porque su respuesta era claramente inferior. Un utilitarista diría que el resultado neto de vidas perdidas, sea la propia o la agena es el mismo, y por lo tanto el prisionero es libre para elegir cualquiera de las dos opciones, aún reconociendo que ninguna es óptima. En definitiva, la regla básica del utilitarismo es “debes buscar el mayor bien posible”, lo que deja sin contenido propio a la ética, porque nunca habría nada prohibido en tanto el resultado fuera bueno.

La verdadera respuesta ética, y lo inevitable que parecía me dejó confundido por un tiempo. Todos consideramos a la ética parte de la felicidad: nadie podría ser feliz si no se quiere a sí mismo, y nadie puede quererse si no estima que al menos la mayor parte del tiempo actúa correctamente. Es por eso que hasta los delincuentes intentan justificar su actuar.

Pero he aquí que la ética no ofrecía felicidad alguna, sólo exigía un deber, y por otro lado se me ofrecía una ética de cartón piedra, que sólo servía para justificar lo que yo ya había decidido

Entonces  ¿eso era todo? ¿Nada más que un viaje hacia Escila y Caribdis?

En este punto algo debió haber hecho “¡Clac!” en mi cabeza, porque, claro, Dios era la solución, si no el dios cristiano, al menos uno que pudiera recompensar los buenos actos y castigar los malos. Hay ciertas cosas que nunca serán aceptables. Todo el bien que haga un dictador no justifican la desaparación de una sola persona; todo lo que sufra en mi matrimonio no excusan el adulterio; ni las vidas que pueda salvar, la tortura de un terrorista. Cada vez que tomamos una decisión moral de este tipo, sabemos con total y absoluta certeza que sufriremos por ello, pero ¿Cuál es la opción? ¿Vivir sin moral? Desde entonces las ideas de derechos humanos, moral y religión han estado estrechamente unidas en mi cabeza.

A veces me pregunto cómo pueden vivir algunas personas con tan altos ideales éticos como “debemos conservar la tierra para nuestros nietos” o “ningún niño debe morir de hambre”, y al mismo tiempo no ver que todo eso, sin Dios, no es más que una moda. Supongo que es por mi temperamento, y a la mayoría de la gente le basta “saber” que es verdad.

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Cómo me puse así II: Todo sobre mi madre

En la última época de este blog se ha dicho en varias ocasiones que soy machista. No se necesita ser psicólogo para saber que la forma cómo un hombre se relaciona con las mujeres depende en parte importante de la relación con la primera y más importante mujer en su vida, así que espero que, conociendo los lectores mi historia con mi madre, entiendan que sólo me considero machista en el sentido más restringido de la palabra.

Chile es un país de mujeres. Entre el varón mapuche que sólo servía para la guerra, y el hidalgo español que sólo pensaba cuándo podría obtener los suficiente para volver a Europa, los hijos de esta tierra no les quedó otra opción que volverse hacia su madre, una mujer de voluntad de hierro, dispuesta a todo por sacar a adelante a sus retoños y con total estoicismo ante la vida, en busca de protección y estabilidad. Por eso el chileno no es un hombre de familia, como lo podría ser un italiano; es un hijo de mamá.

Mi madre es una fiel representante de la raza que describo: dejó a su familia en las provincias del sur para estudiar derecho en Santiago, en tiempos que llegar a la capital era sinónimo de total desarraigo, se casó muy joven, tuvo dos hijos, obtuvo su título de abogado mientras nos criaba a mí y a mi hermana menor, y luego de 5 años de matrimonio se separó. Con su profesión y su esfuerzo, con cierta melancolía, pero sin quejarse nunca ante nosotros, nos dio una niñez alegre y plena.

En lo religioso, mi madre pertenece a la religión mayoritaria en Chile, que son los católicos-a-mi-manera, curiosa mezcla chilena del alma católica con la mente de un hippie. Se separó cuando el divorcio no era legal en Chile, y volvió a casarse sólo por el civil, pero vio de encontrar un cura católico que bendijera su nuevo matrimonio, y va a misa más o menos una vez al mes, contando sus irregulares visitas al santuario de Santa Teresa de Los Andes. No está dispuesta a que su situación marital sea revisada por un tribunal eclesiástico (y creo que tiene fundamentos para una nulidad) pero de todas formas respeta la prohibición de la Iglesia en cuanto a no poder comulgar y sé que sufre por eso.

Como provenía de una familia Demócrata Cristiana de Linares, por ser abogado y vivir en Iquique durante los años ’80, le correspondió a mi madre, primero defender a personas detenidas ilegalmente por la dictadura de Pinochet y luego convertirse en dirigente político, hasta ocupar altos cargos en los gobiernos de Aylwin (el primero democrático) y Frei Ruiz-Tagle, y ser miembro del Tribunal Supremo del Partido Demócrata Cristiano, un cargo más de prestigio que político.

Por todo esto, ya se imaginarán la profunda gratitud que me une a mi madre y la admiración que siento hacia ella, y esta emoción ha afectado decisiones importantes de mi vida y afecta mi forma de relacionarme con las mujeres. Cuando llegó el momento de casarme, para mí era esencial que mi mujer fuera profesional, pero sobre todo que fuera una persona a quien no sólo respetar, sino admirar, por su esfuerzo y por las decisiones que había tomado en su vida. Así escogí a una mujer, todo lo diferente que pude de mi madre, pero que reuniera esas características esenciales.

Entonces, cuando en los comentarios se me acusa de querer mujeres llenas de hijos, que no salgan de la casa, que no estudien, que sólo vivan en función de su marido, etc., ni siquiera me tomo la molestia de responder ¿Qué sentido tendría? No saben cómo yo veo a las mujeres, y no están respondiendo a mis palabras sino a lo que ellos, sin conocerme, creen son mis intenciones ocultas.

Entonces ¿Soy machista? Sólo en el sentido más restringido de la palabra, como dije en un principio, es decir, que no voy por ahí recitando la letanía de la igualdad absoluta y total entre hombres y mujeres. Claro, si un psicólogo con sus papeles progresistas al día dice “los hombres son de Marte, las mujeres de Venus” se convierte en un Best Seller, pero si un católico dice “hombres y mujeres son diferentes” entonces es un machista y opresor de las mujeres. Lo que demuestra, una vez más, que lo que pasa hoy en día por conversación y debate frecuentemente responden a la lógica del “ad hominem”, y lo escasos que son los enfrentamientos sobre ideas.

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Cómo me puse así I

Siguiendo el antiguo consejo metodológico, comenzaremos hablando de lo general para luego ir a lo particular. Diremos entonces que tengo un temperamento filosófico.

Entiendo por temperamento filosófico una cierta disposición de la mente que resulta muy molesta, pues no te deja vivir tranquilo en este mundo (esperemos que en siguiente mejore la cosa) y que, enfrentado a un tema o cosa, me lleva a pensar sobre ella desde diferentes ángulos y puntos de vista, a buscar su lugar en el mundo y a seguir sus principios hasta sus últimas consecuencias.

Por ejemplo, los derechos humanos: la mayoría de la gente, sobre todo ante la historia reciente de Chile, tiene en muy alta estima el deber de respetar y promover los derechos humanos… y hasta ahí se queda. Puede que le sirvan para manifestar su justa indignación ante el abuso de los poderosos, pero no va más allá. El temperamento filosófico, en cambio, nos pide pensar ¿Existen realmente los derechos humanos? ¿de dónde surgen? ¿son sólo una convención cultural? si lo son ¿me obligan? Como lo he explicado en otra entrada, constatar que no puedo renunciar a la existencia de los derechos humanos como norma de vida, y la necesidad de llevar las ideas hasta sus últimas consecuencias, me pone en la necesidad imperiosa de afirmar la existencia de Dios, y no de cualquier dios, sino del dios cristiano, que dio lugar a la Iglesia, cuya influencia sobre la occidente fue determinante para que esta cultura (y no otra) afirmara “Todos los los hombres nacen libres e iguales en dignidad y derechos”.

Otro ejemplo, la democracia. Nuevamente influido por el contexto políticos chileno, tenemos un reflejo condicionado en nuestra comunicación que nos hace reaccionar ante la palabra “democrático” como algo bueno, y “dictador” como algo muy malo. Algo parecido ocurre en otras comunidades con palabras como “moderno” o “progresista” y “medieval” o “inquisición”. La mayoría de la gente funciona muy bien con estos parámetros, les sirven para saber de dónde viene, quiénes son, y quién forma parte de su grupo. Yo no tengo esa suerte, mi temperamento me dice que no debo conformarme con convenciones culturales, y me obliga a preguntarme ¿Qué es democracia? ¿Basta con que algo sea democrático para ser bueno? ¿Qué presupuestos tiene la democracia? ¿Son ciertos esos presupuestos o son míticos? ¿Cumple la democracia con lo que promete? Todas estas preguntas, y sobre todo sus respuestas, son tan inconvenientes en el Chile actual, como estudiar el nacional socialismo en Alemania, pero uno no puede evitar arribar a conclusiones, y seguirlas, aunque no las exprese.

La mayoría de la gente no es así, y está bien, el mundo necesita que las cosas se hagan antes de revisar todos los ángulos posible, pero ciertamente que uno se siente solo.

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Cómo me puse así

Desde que comencé a escribir en este blog, en noviembre de 2002 luego de encontrar y seguir por unos 6 meses el de Mark Shea, me propuse que no fuera un sitio “sobre mí”, como abundan en la blogósfera, sino un aporte a la Iglesia, para expresar sus ideas (evangelizar, que le dicen) de una forma diferente, que yo sentía que faltaba.

Luego de 6 años, he aprendido que este enfoque tiene una seria desventaja: la gente no me conoce, y por lo tanto, luego de leer lo que escribo, tienden a atribuirme ideas que no he expresado, llenando los blancos que sobre mí existen en su mente, con la imagen que tiene de lo que seguramente opina alguien fundamentalista o ultra conservador.

Así por ejemplo, si levanto un artículo diciendo “cuando la gente habla del matrimonio para toda la vida, no sabe lo que dice” muchos visitantes quedan con la idea que, según patoace, la mujer debe quedarse en la casa cuidando a los hijos.

Algún experto en publicidad me dirá “¡Obvio, patoace! todos saben que un 90% del mensaje es cómo se dice, y sólo un 10% es lo que se dice ¿Acaso no has visto nunca comerciales?”, ante lo cual sólo me queda confesar mi profunda incompetencia comunicacional. Al final, me encuentro con que termino muchas conversaciones con frases de tipo “por favor, comenta sobre lo que escribí, no sobre otras opiniones que a tí te parece que yo debería sostener”.

En ese contexto, uno no puede menos que admirar la paciencia de amigos como Ricardo, que una y otra vez nos entrega su (en general crítica) opinión acerca de lo que escribimos. Para él debo ser una especie de insecto que vive rodeado de crucifijos, que trabaja en alguna librería cristiana y sólo sale de su rutina casa-misa diaria, para desviarse a la confesión semanal. Gracias, Ricardo, por no perder la paciencia.

Pero no soy así: tengo  un trabajo en el sector público, una esposa que me acompaña a misa sólo cuando no tiene otras cosas que hacer, mis amigos más íntimos son en su mayoría agnósticos, liberales y uno ex masón y no conozco a ningún cura personalmente. Estoy plenamente conciente que soy un bicho raro, nadie en mi familia comparte las opiniones que expreso en este blog, y sólo mi esposa me escucha a veces también con paciencia de santa. No ando diciendo a la gente cómo debe vivir, ni abogo por leyes más duras contra todo lo que se opone a la virtud. Sin ir más lejos, mi madre nunca ha llegado por esta página, no tiene idea de las barbaridades que opino, e igual piensa que soy demasiado fanático ¡sólo por ir a misa cada domingo! (cuando puedo ;) )

En fin, no me gustaría dejar de llamar las cosas por su nombre (al menos en este blog), y seguir las ideas hasta sus consecuencias finales, pero eso me deja todavía con el problema: ¿Seré un comunicador más efectivo si la gente sabe cuáles son mis circunstancias? ¿Querrá alguien saber cómo me puse así?

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Novedades

Dos semanas. Casi dos semanas sin actualizar el blog, una vergüenza. Dios sabe que no es por falta de ganas o de temas, pero han sido dos semanas con bastante movimiento por acá. Como siempre, agradezco a los comentaristas del blog, a todos ellos, por mantener siempre algo interesante que leer por acá. Amigos, no sería lo mismo sin Uds.

Les cuento mientras tanto, que he renunciado a mi trabajo en el sector público, y que me dedicaré al ejercicio privado de la profesión de abogado. Si alguno necesita un abogado en Rancagua, puede contactarme a través de la página web de Consultores Asociados.

Espero tener más tiempo ahora que he dejado mi trabajo en el Ministerio Público, para dedicar a mi familia y a las conversaciones del blog.

Una nota especial para el Padre Cristián, que nos ha honrado con una nominación entre sus Thinking Blogger Award. Ya se imaginarán Uds. lo que significa para un laico que lo felicite un sacerdote: es como la felicitación de un oficial a un soldado raso, un verdadero honor.

Vamos a ver si nos ponemos al día con algunos temas.

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Intelectuales y dictadores

Los intelectuales tienden, por alguna razón, a amar a los socialistas y genocidas, Stalin, Che y Castro, cuyo primer acto una vez en el poder es matar a todos los intelectuales.

John C. Wright, que luego explica:

La mayoría de los intelectuales carecen de Thymos, el adecuado sentido del honor, una capacidad para ordenar sus pasiones de acuerdo a los que es proporcionado, bello y respetable. La naturaleza del intelectualismo les inclina, como a Prometeo, a despreciar las instituciones antiguas, y así el valor de los soldados, la piedad de los clérigos, y la dignidad de los caballeros, aparece ante su frío, desarraigado intelecto como mera vanalidad.

Careciendo de cualquier sentido del honor, carecen de humanidad: miran a la vida desde fuera, como un marciano que estudia desconocidas especies del Tercer Planeta, y toman decisiones basados en fundamentos que se oyen ingeniosos pero son esencialmente ingénuos. Careciendo de un sentido de naturaleza humana, no toman en cuenta la naturaleza humana en sus cálculos utópicos.

Mas sobre John C. Wright

Mi anterior entrada sobre intelectuales

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Embajador nos ha memado

El Embajador en el Infierno nos ha pasado un meme: Cinco cosas que desearía hacer:

1. Llegar al cielo (nadie dijo “en esta vida”)

2. Tener más hijos.

3. Escribir un libro, ya le tengo hasta el título: El Evangelio En Serio.

4. Visitar Atenas y las islas griegas.

5. Volver a jugar rol

¡Hey, eso no fue tan difícil!

Se lo paso a Apologética Histórica, Carlos Riquelme y Marta Salazar.

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Citas

Contra el pacifismo

No se dan cuenta que no sólo puede haber una guerra justa, también puede haber una paz injusta. (The Curt Jester)

Nuestra relación con Jesús

En esta época de estrellas pop y celebridades de pelícuals, somos, en el mejor de los casos, fans de Jesús, no seguidores. (Fr. John Dear, SJ)

Milagros

La gente es tonta cuando se trata de milagros… los que ocurren todos los días: el amanecer, el nacimiento de un niño, el amor… La gente no piensa que son milagros sólo porque ocurren todos los días. Y los que no ocurren todos los días: curarse, volar… La gente no cree en ellos porque no los ha visto, sólo porque no ocurren todos los días. (John C. Wright, El último Guardián de Everness, 5, II)

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Cuaresma

Luego del miércoles de ceniza empieza la cuaresma, y cambiamos el color del blog por el púrpura, color de arrepentimiento y solemnidad.

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