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El argumento cosmológico

BigBang[4]A juzgar por los comentarios a la entrada anterior, cuando se trata de conversar acerca de las pruebas de la existencia de Dios, todos nos sentimos más cómodos conversando acerca del argumento cosmológico. A pesar que de eso, una revisión rápida de las páginas que lo mencionan nos muestra que no existe unanimidad acerca de qué argumento en concreto estamos hablando.

En muchas páginas, entre ellas la wikipedia, se llama “argumento cosmológico” a la segunda vía de Santo Tomás, fundada en las causas eficientes; en otras ocasiones se usa ese nombre en relación a la tercera vía, que discurre en base a los seres necesarios y contingentes; y en otras, en fin, al argumento sobre en ajuste fin del universo.

Para saltarnos esa polémica, pasamos a explicitar el argumento del cual vamos a hablar, y que llamamos argumento cosmológico:

  1. Todo cuanto comienza a existir en el tiempo, lo hace por una causa anterior a sí mismo.
  2. El universo comenzó a existir hace trece mil millones de años, en un big bang.
  3. Luego, existe una causa fuera del universo, que lo creó. A esa causa se le llama Dios.

Este argumento también es conocido como “argumento kalaam”, por la palabra árabe para “enseñanza”. Su principal ventaja es su sencillez, y que los términos que usa coinciden con lo que la ciencia actual nos dice acerca del origen del universo. Desde luego, este no es el argumento que propone Santo Tomás en su segunda vía, pero ya volveremos sobre este punto.

Dado que el argumento cosmológico hace referencia al big bang, es natural tratar de vincular ese evento con el relato de la creación que encontramos en el Génesis, pero es indispensable recordar que de ningún modo esa es una relación necesaria. El relato de la creación no intenta enseñar ciencia o historia, sino la posición del hombre en el universo, y no conviene mezclar los argumentos sobre la existencia de Dios, con temas de interpretación bíblica.

Objeciones al argumento cosmológico, y sus respuestas

Si todo tiene una causa, entonces Dios también debería tenerla. Si no la tiene, tu argumento se contradice a sí mismo.

O dicho de otro modo “Si Dios creó el universo ¿quién creo a Dios?”. El problema con este planteamiento, es que nadie que proponga el argumento ha dicho “todo tienen una causa”. Quien lo hiciera efectivamente estaría presentando un argumento inválido. Pero nosotros no hacemos eso.

Lo que decimos es que “todo cuanto comienza a existir” tiene una causa. La diferencia es sutil pero importante, pues si hubiera algo eterno, naturalmente que eso no necesitaría una causa. Precisamente, Dios cabe dentro de esta última categoría, porque no ha comenzado a existir.

Lo que ha existido siempre no tiene por qué ser Dios. Tal vez el universo ha existido siempre.

Esta es una posición razonable. De hecho era la respuesta de científicos y filósofos tan importantes como Isaac Newton, que veía al universo como un reloj en eterno funcionamiento, de acuerdo a leyes eternas. Esta visión, sin embargo, tuvo que ser desechada una vez que se observó el desplazamiento de las galaxias, y fue reemplazada por la teoría del big bang.

También se ha propuesto que el universo podría ser eterno pero oscilante, es decir, estar sujeto a una serie infinita de expansiones y contracciones, pero nuevamente las observaciones más recientes han descartado esa posibilidad. Con ello, el big bang se mantiene como el comienzo absoluto del universo y con ello se mantiene también la validez del argumento cosmológico.

El big bang no es realmente el comienzo. Tal vez solo es uno más en un vasto “multiverso” donde hay miles de universos.

Desde que el P. Lamatrie propuso la teoría del big bang en 1938, y ésta se impuso rápidamente como la única compatible con las observaciones cosmológicas, comenzaron a surgir teorías acerca de un multiverso, es decir, un estado anterior de la realidad, cuyas condiciones determinarían la aparición de otros universos, de los cuales el nuestro sería solo uno más.

Sin embargo, para efectos de este argumento, es indispensable recordar que la posibilidad de que exista un multiverso no es más que una especulación, sin ningún respaldo de evidencias. Además, los físicos dedicados al desarrollo de estos modelos nos dicen proponer un multiverso no hace más que retrasar la necesaria intervención de un ser de poder infinito. Para estos efectos, recomiendo encarecidamente el podcast God and Modern Physics del P. Robert Spitzer, especialmente el cuarto módulo. También lo encuentran en Youtube.

Según la mecánica cuántica, a nivel subatómico, las partículas aparecen y decaen sin ninguna causa. Por eso, no es cierto que todo necesita una causa.

Richard Feynman, uno de los físicos más importantes del S. XX, dijo “creo poder decir con seguridad que nadie entiende la mecánica cuántica” [fuente]. Desde luego, eso no ha impedido a conocidos charlatanes como Deepak Chopra vender millones de libros sobre la curación cuántica. Ahora bien, cada vez que alguien quiera invocar la mecánica cuántica a su favor, debería preguntarse “¿A quién me parezco más hablando de esto? ¿A Feynman o a Chopra?”

Lo que quiero decir es que en un debate serio no basta con decir “¡mecánica cuántica!”, sino que es indispensable demostrar un conocimiento que justifique esa mención, y tener la capacidad de explicar de qué forma esa mención relevante para este asunto.

Incluso si estas condiciones se cumplen, nada asegura que la mecánica cuántica sea relevante para invalidar el principio de causalidad. Por ejemplo, cuando el físico teórico y cosmólogo Lawrence M. Krauss propuso que el universo podría haber surgido del vacío, esa tesis fue rápidamente denunciada por los filósofos, por confundir el vacío cuántico con la nada filosófica.

Límites del argumento cosmológico

Es evidente que el argumento cosmológico que revisamos aquí de ningún modo corresponde a los planteados por Santo Tomás en su Suma Teológica, y si a la vez decimos que es un argumento válido, naturalmente cabría preguntarse por qué él no lo consideró.

En primer término debemos recordar que la opinión común durante buena parte de la historia de la humanidad es que el universo se extiende indefinidamente en el pasado. El propio Santo Tomás nos recuerda que la creación del mundo es artículo de fe, y que por lo tanto no se puede arribar a esa conclusión a través de la filosofía. Pero precisamente ese es el punto, porque la validez del argumento cosmológico no depende de una cuestión filosófica, sino de una observación empírica, como lo es la inflación del universo.

Por otro lado, debemos reconocer que si se trata de demostrar la existencia de Dios, este argumento cosmológico solo nos puede llevar a postular un ser de enorme poder, fuera del universo y que existía en su origen, pero que luego podría haber dejado la creación a su propia suerte. Una especie de demiurgo o relojero divino.

Los argumentos de Santo Tomás, en cambio, no se basan en observación de eventos ocurridos hace millones de años, sino en los cambios que observamos directamente, o en las cadenas causales que son evidentes a la razón, aquí y ahora, y desde esa perspectiva, apuntan a un primer motor o causa eficiente, que existe aquí y ahora.

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Profundizando en la segunda vía de Santo Tomás

AquinoEn los debates sobre religión, es habitual traer a colación las cinco vías o demostraciones de la existencia de Dios, que Santo Tomás de Aquino expone en la Suma Teológica, suponiendo que son pruebas exhaustivas y auto suficientes, para luego ser rápidamente refutadas y desechadas, generalmente suponiendo que han sido superadas por la ciencia moderna.

Esto, sin embargo, es un grave error, porque en realidad cada una de las cinco vías no es más que el esqueleto de un argumento, que el santo suponía que sus lectores ya conocían en su contexto y eran capaces de explicar en detalle por sí mismos. La Suma, después de todo, no es más que lo que dice su nombre: un resumen para estudiantes de teología.

Dada nuestra distancia temporal y cultural con el ambiente en que se formularon estas demostraciones, es necesario explicar ese contexto, para que las 5 vías sean entendidas en su verdadero valor.

Eso es lo que intentaremos hacer a continuación, en relación a la segunda vía. Ya antes habíamos hecho un artículo similar respecto a la primera vía, que pueden revisar en este enlace.

Santo Tomás sostiene:

La existencia de Dios puede ser probada de cinco maneras distintas.[…] La segunda es la que se deduce de la causa eficiente. Pues nos encontramos que en el mundo sensible hay un orden de causas eficientes. (Suma Teológica Ia c.2 A.3)

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El Jesús Karateca y el Cristo de la fe

KarateJesus[6]Basado en las más reciente investigaciones históricas acerca de la figura de Jesús, llega la aclamada y controversial obra John Bultmann Crossier “el Jesús Karateca y el Cristo de la Fe”. En ella el filólogo y entomólogo y ex seminarista , retoma los tópicos explorados en sus previas publicaciones académicas como el conocido ensayo Das Kristenichen Kutlen und Karatespielenrechtkotenwurstchuckrut. Por primera vez disponibles para los borreg… para el publicó general, su famosa investigación, que enfrenta las Escrituras Sagradas del cristianismo con capa tras capas de análisis sociológico, antropológico e histórico, para llegar a develar la figura de Jesús (de Nazaret?) que tanto impresionó a sus contemporáneos.

Con una humildad admirable, el autor reconoce que “desde que era acólito en la parroquia de mi pueblo hablaba con Jesús, y le decía que si quería ganarse mi fe y admiración, debía al menos poder derrotarme en combate”. Esto dio paso a una búsqueda incesante de la verdad que los cristianos han ocultado desde la muerte de Jesús, proyecto vital que culminó con una experiencia que no puede menos que calificarse de epifánica.

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La Búsqueda del Jesús Histórico (Anexos)

Otro Jesús HistóricoEn la primera entrada de esta serie, un visitante dejó un comentario, planteando varias consultas relativas a este tema, que pueden no haber sido respondidas en las dos posteriores, así que retomaremos aquí estos temas:

1)Según la crítica histórico literaria de los Evangelios, disciplina que comenzó a partir del año 1768, Jesús mismo nunca dijo ser Dios.

2)La cantidad de veces que el Nuevo Testamento, con claridad, llaman Dios a Jesús son entre 6 y 8, de las aproximadamente 1325 veces en las que supuestamente se diría que Jesús es Dios. Y más encima, esos 6-8, son textos tardíos como el Evangelio de San Juan y 2da epístola de Pedro, por lo que su credibilidad es baja.

Esa hipótesis tiene una motivación clara: zafarse del llamado “Trilema de Lewis” (Jesús era loco, mentiroso o Dios), haciendo trampa. Para ello, se hace de una lectura superficial de los evangelios sinópticos, y se niega toda veracidad al evangelio de San Juan, y se supone que mientras NSJC no dijera “Hey, a propósito, soy Dios”, entonces él no sabía que lo era.

¿Es esta una exigencia razonable? Pensemos, a modo de comparación, cuántas veces el Presidente de la República se refiere a sí mismo con ese título y cuántas los demás se refieren a él así. Ni siquiera en la vida cotidiana, un cargo civil necesita ir por la vida recordándoles a todos que él es el Presidente (a menos que tenga graves problemas de inseguridad), aunque todos hablan de Presidente y lo reconocen como tal, y él simplemente ejerce los poderes de ese cargo.

Es claro que a Jesús lo encontramos atribuyéndose poderes divinos en todos los evangelios. Por ejemplo, en el famoso episodio de la curación del paralítico que relata san Mateo, se dice claramente que solo Dios tiene el poder de perdonar pecados, y cuando Jesús perdona los pecados, él ratifica esa autoridad haciendo el milagro. Decir que aquí Jesús no dice nada respecto a su divinidad, es apegarse a una lectura totalmente obtusa.

 

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Sobre la Búsqueda del Jesús Histórico (Parte III)

Destrucción del temploEl tercer pilar que sustenta la distancia entre el Jesús de la historia y el Cristo de la fe, es la idea de que los evangelios con los que contamos hoy, además de haber tenido por autores a cristianos anónimos, fueron escritos mucho después de los hechos que relatan, y que la predicación original de los apóstoles fue severamente alterada para responder a necesidades particulares de cada comunidad.

Para desacreditar los evangelios, es esencial decir que las versiones con que contamos hoy solo alcanzaron su forma actual cuando la primera y/o segunda generación de cristianos ya había desaparecido, porque eso permite hablar de capas tras capas de mitificación, tradiciones orales y falsa atribución de milagros a la figura histórica de Jesús. Esta tendencia alcanzó su máxima expresión a comienzos del siglo pasado, cuando se ubicó la redacción de evangelio de San Juan a mediados del S. II, pero en general hoy se propone que Marcos se escribió entre 65-75, Mateo y Lucas entre 90 y 100, suponiendo que ellos se copiaron de Marcos, y San Juan hacia el año 120, porque el manuscrito más antiguo con que contamos se ha datado en 125.

Pero ¿por qué comenzar esa cuenta alrededor del año 70?

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Sobre la Búsqueda del Jesús Histórico (Parte II)

FuenteQDecíamos ayer, que en los últimos siglos se ha llevado a cabo una empresa de revisión histórica bajo el lema de la “Búsqueda del Jesús histórico”, y uno de los presupuestos de esa tarea ha sido afirmar los evangelios fueron escritos por testigos secundarios de los hechos, y desconocidos para nosotros.

Con esto se nos da a entender, si bien nunca explícitamente, que debemos desconfiar de los evangelios , y que si existió o no Jesús, es en definitiva irrelevante, porque su persona y su mensaje están enterrados bajo montañas de interpretaciones teológicas. Básicamente lo mismo que veíamos hace un par de semanas, al conversar acerca de la teoría de Jesús como un mito pagano más.

Como si fuera un la novedad del siglo, se nos dice que no sabemos quién escribió los evangelios, porque ninguno de ellos está firmado (en la forma “yo, Mateo, escribí esto”). Esto puede tener cierto peso en la tradición protestante, que rechaza toda tradición que no se encuentre en la Biblia, pero no para los católicos, porque para decir que no sabemos quién escribió los evangelios es necesario ignorar conscientemente toda la enorme evidencia, externa e interna, con que contamos acerca de su origen.

Así en los manuscritos más antiguos de  los evangelios, no hay ninguno que no estén encabezados “Según Mateo” o “Según Lucas” o lo que corresponda. A eso se suma el testimonio de los primeros escritores cristianos, como San Ireneo de Lyon, que defendió la autoridad de estos y no de otros evangelios, y de Teófilo de Antioquía, que a mediados del S. II hizo la primera armonización de los cuatro evangelios, y escribió contra la herejía de Marción.

Obviamente, los que dudan de los evangelios, deben explicar la existencia de los evangelios, y la explicación más popular entre los académicos es la hipótesis de las dos fuentes, o hipótesis Q.

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Sobre la Búsqueda del Jesús Histórico (parte I)

HistoricoHace más de dos siglos que se inauguró la “Búsqueda del Jesús Histórico” y a pesar que esta empresa ha construido carreras académicas y la publicación de muchísimos libros, sus resultados han sido francamente decepcionantes, por no decir completamente negativos. Todos conocemos los sesudos tomos que se han escrito, intentando separar “el Jesús de la historia del Cristo de la fe” como si este último no fuera más que el producto de un gran engaño religioso multisecular, pero no muchos se dan cuenta de lo débiles que son los fundamentos de toda esta investigación.

La principal fuente de información con que contamos acerca de Jesús son los evangelios canónicos –tan conocidos por todos y respetados por los cristianos como Palabra de Dios–, y en ellos, la figura de Jesús es claramente divina, tal como lo observó el rabino Jacob Neusner. Por eso es natural que, quien busca reducir el cristianismo a una obra meramente humana, comience por minar la confianza en lo que ellos nos cuentan. No nos engañemos: ese, y no otro, es el motor tras los numerosos libros y publicaciones realizados bajo el emblema de la “Búsqueda del Jesús Histórico”.

Por lo tanto, el punto de partida para desacreditar los evangelios es afirmar:

  1. Que ni Jesús ni sus apóstoles escribieron nada,
  2. Que, por lo mismo, los evangelios fueron escritos por testigos secundarios, y
  3. Que fueron severamente alterados con posterioridad a los hechos, según intereses particulares.

A continuación nos haremos cargo de la primera de estas afirmaciones, dejando las restantes para las entradas siguientes.

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