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Archivo para la Categoría "Economía"

Lucro en la educación

Me gustaría que alguien me explicara qué es “el lucro en la educación”. Este es un tema que ha estado muy de moda en los últimos años en Chile, y tiene que ver con las demandas de un grupo de estudiantes de poner fin al lucro en la educación y al mercado como forma de autoregulación de las instituciones educativas.

Tomada en su forma literal, buscar que nadie lucre en la educación es simplemente absurdo ¿Quién podría pedir que un profesor eduque sin recibir un pago? ¿o que un auxiliar limpie las salas por amor a los niños que reciben en ella instrucción? todo pago que recibe una persona es un aumento de su patrimonio, y por lo tanto todos lucran con su actividad ¡y tienen derecho a ello! Si quieren terminar con el lucro en la educación ¿Quién dejará de recibir su sueldo por su trabajo?

Respecto del mercado, sería bueno que nos vayamos haciendo la idea que mientras exista dinero y libertad existirá el mercado, si no es mercado abierto, será mercado negro. En el caso de la educación, esto significa que los padres siempre querrán la mejor educación que esté a su alcance para sus hijos: si sólo existe oferta estatal, el dinero se usará para comprar bajo cuerdas el ingreso a determinados colegios, o para contratar profesores particulares que remedien los defectos que se perciban en la educación, o para enviar a los alumnos al extranjero. En cualquier caso, el resultado será que los hijos de padres ricos (sean empresarios, latifundistas o miembros del partido X) recibirán mejor educación que los hijos de padres pobres.

Puede que este resultado no nos guste, pero ¿cuál es la alternativa? Si alguien quiere terminar con el mercado en cualquier ámbito, sería bueno que se dejara de hipocresías y nos dijera qué quiere quitarnos, nuestro dinero (con lo que volveríamos al trueque) o nuestra libertad (lo que nos deja un Estado totalitario).

Como la mayoría de la gente no está dispuesta a renunciar a ninguno de los dos, lo que le queda al Estado es desgastar inútilmente sus recursos tratando de combatir contra las tendencias de las personas o usar el mercado a su favor, influyendo en aquellas áreas críticas donde resulta más eficiente hacerlo. Se ha identificado que una de esas áreas críticas, que marca la diferencia entre buenos y malos alumnos es el apoyo familiar. Además, la tendencia y el deseo de formar una familia estable y cariñosa es natural en el ser humano, y ambos factores combinados hacen que sea una opción evidente para que el Estado intervenga y obtenga una mejor educación.

Que la educación sea una de las actividades más importantes para la existencia y permanencia de una comunidad, no implica necesariamente que sólo el Estado debe proporcionarla. Por poner un caso análogo, una ciudad sin un suministro permanente de comida perece en pocos días, y sin embargo, todas nuestras necesidades de alimentos son satisfechas por particulares. Otro ejemplo, nada influye más en nuestra forma de ver la vida y a los demás que los medios de comunicación social, y sin embargo los privados juegan un rol más importante que los entes públicos en esta función. Desde luego, estas ámbitos están sujetos a importantes regulaciones, que deben ser cumplidas por las personas que quieran trabajar en ese ámbito, pero aún así la participación del Estado en la prestación misma del servicio es menor, y algo similar debería implementarse en la educación.

Creo que contribuye a la popularidad del movimiento contra el lucro en la educación, es la idea muy arraigada en el alma chilena que el Estado debe hacerse cargo de la educación y la salud de los chilenos. Esto han prometido los políticos desde mediados del S. XX, y creo que  tiene que ver mucho con el ambiente en que crecieron quienes ahora ejercen el poder, años 50 y 60. En esa época la sociedad y los tratamientos médicos se iban haciendo progresivamente más complejos, y sólo el Estado parecía contar con los fondos necesarios para afrontar esos desafíos. Se olvida entonces, que la educación de la prole ha sido labor primordial de los padres en la mayoría de las culturas (y por eso los oficios se transmitían de padre a hijo) al igual que el cuidado de los enfermos. Más aún, hoy en día ya no es sólo el Estado quien tiene con los medios para proporcionar educación y salud, así que no se ve por qué debe ser el Estado quien monopolice estas funciones.

Los cristianos, después de haber visto la persecusión sufrida por nuestros hermanos de parte del Estado, debemos tener una sana desconfianza de dar más poder a los órganos estatales, y tender hacia la cordura, que no es el otro extremo de una autonomía individualista a ultranza, sino la subsidariedad.

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Cristianismo y capitalismo

A propósito de la conversación acerca de la peso de la Iglesia en la cultura occidental y algunas comentarios anteriores en la categoría de economía, han sugerido que exagero esa influencia. Al menos, parece que no soy el único.

Cómo el cristianismo creó el capitalismo

Fue entonces la iglesia medieval la que creó las condiciones que describe el economista F. A. Hayek como el “orden espontáneo”, necesario, para que un mercado pueda surgir. Eso no puede ocurrir en tiempos caóticos sin leyes. Para que el capitalismo funcione, necesita de reglas que permitan una actividad económica predecible. Bajo estas reglas, por ejemplo, si Francia necesita lana, la prosperidad llega al criador de ovejas en Inglaterra quien primero incrementa sus rebaños, sistematiza la esquilada y mejora el transporte.

Como es de esperar, el artículo concluye llevando agua a su propio molino de libre empresa y capitalismo, pero de todas formas hace alguno puntos importantes acerca de la influencia del cristianismo sobre occidente.

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La piedra filosofal y el mercado

La piedra filosofal es una sustancia legendaria que permitiría a quien diera con la fórmula adecuada, convertir en oro los metales vulgares, de acuerdo con los principios de la alquimia.

La economía tiene muchos postulados que resultan contrarios a la intuición. Por ejemplo, los alquimistas que buscaban encontrar la fórmula de la piedra filosofal, perseguían en definitiva aumentar la cantidad de oro disponible y así terminar con la pobreza: si todos tenemos más oro, todos viviremos como los ricos ¿cierto?

“Falso” nos dice la economía, si la cantidad de bienes en una comunidad se mantiene igual y aumenta el dinero circulante (en este caso el oro filosofal) el resultado no es un incremento en la riqueza de las personas, sino un aumento o inflación de los precios, por acción de la leyes de oferta y demanda con las cuales se rige el mercado.

Otros han recurrido a la imagen de la piedra filosofal, no ya como sustancia sino como idea, tiene una interpretación mística, en el sentido que apunta a una situación donde es posible obtener un mal a partir de un bien.

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John C. Wright está de acuerdo conmigo

En Econ 101, John C. Wright explica que si las mujeres en promedio ganan menos dinero que los hombres, no es a causa de una vasta y multisecualr conspiración masculina para privarlas del poder que gozaban cuando la humanidad adoraba a “la diosa”, sino consecuencia necesaria de que son diferentes a los hombres, y tienen vidas diferentes.

Que es lo que había intentado explicar aquí. Es simplemente cuestión de la forma en que se comporta el mercado.

John C. Wright está de acuerdo conmigo, y, como dijo Gandalf, ese es un pensamiento reconfortante.

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El mercado funciona

Hace mucho tiempo que no hacía una entrada sobre economía.

Cuando el gobierno militar liberalizó la educación universitaria, la sensación general en nuestro país fue de rechazo. La principal crítica era que la educación se convertiría en un negocio, cosa que en Chile, en la tracidición francesa, es una de la mayores herejías. Como corolario, se decía que, presionados por el hecho de recibir un pago, las universidades privadas producirían profesionales “marmicoc” (marca que fabricaba ollas a presión) es decir, demasiado rápido y mal preparados.

Los defensores de la igualdad aducían lo mismo que dice hoy Carlos Peña, que los ricos recibirían educación universitaria desplazando a los pobres con méritos, y que eso produciría que se perpetuaran las desigualdades.

En esa época yo estaba en 6° ó 7° básico y no me preocupaba el tema, pero cuando llegué a 3° y 4° medio ciertamente que tuve en cuenta el postular a una universidad tradicional, pensando que al salir, sería una de las últimas generaciones en las que eso importaría.

Todo eso, antes de convertirme a las bondades del mercado.

Ayer fui a mi escuela, la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, y encontré que estaba muy cambiada. Se está construyendo un edificio de cinco pisos de altura, donde antes había un casino de dudosas condiciones de salubridad, el patio prinicpal lo están haciendo de nuevo y están construyendo estacionamientos subterráneos. La biblioteca ha incorporado catálogos electrónicos (yo alcancé a buscar y pedir libros con tarjetas índice), conexión a internet y climatización para conservar los libros.

Vimos un libro con la programación académica (en mi época eran 15 hojas carta anilladas) y los cursos que se detallaban a los alumnos sonaban interesantes y novedosos. Estaban, claro, los clásicos de Derecho Civil, Derecho Penal y Derecho Procesal, pero además había cursos sobre derecho la empresa, análisis tributario, derecho musulmán, etc.

Estu fue muy significativo para mí, pues quería decir que, luego de haber enseñado durante 150 años lo mismo, la Escuela más tradicional de Chile había cambiado profundamente en 10. La explicación para este cambio es que la mayoría de las universidades privadas tienen la carrera de derecho, y muchas hacen serios esfuerzos, si no por mejorar, al menos por diferenciarse. Ante esto, la opción es renovarse o morir, y la Escuela ha escogido renovarse, con excelentes resultados a la vista.

A pesar de las aprensiones que tenía, el mercado ha demostrado su capacidad para llevar al hombre para buscar lo mejor.

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Trabajo de mujer

Siempre se dice que en Chile las mujeres ganan un 30% menos que los hombres por el mismo trabajo. Lo que nunca se dice es qué estudio se hizo para llegar a esta conclusión, pero aceptémoslo para efectos de análisis.

Desde un punto de vista económico, este hecho sólo nos puede llevar a una conclusión:

El trabajo de una mujer vale menos que el de un hombre

Ya sé que esto suena a herejía, pero en el mercado las cosas valen lo que la gente está dispuesta a pagar por ella, y respecto al trabajo, ese valor se expresa en el salario.

Entonces ¿Por qué se paga mejor por el trabajo de un hombre que de una mujer?

La respuesta “políticamente correcta” es que hombres y mujeres hemos sido educados en una sociedad machista y tradicionalista, y que por eso oprimimos a las mujeres, pagándoles menos por el mismo trabajo. ¡Que vergüenza!

Un análisis económicó (siempre amateur, ténganlo presente), puede darnos una respuesta diferente.

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Cristianismo y economía

Un lector escribe:

La doctrina social de la Iglesia me parece a mí que tiende bastante a la socialdemocracia con ese apoyo al cooperativismo, no sé, pero me encantaría escuchar una defensa de una nueva visión del capitalismo pero con sentido cristiano ¿podrá existir eso?

Primero que nada hay que tener en claro que la economía es un tema sumamente espinudo y lleno de opiniones personales. Hecha la advertencia de rigor mis opiniones sobre el cristianismo y las corrientes económicas. (A cada frase hay que agregar “en mi opinión”, “me parece”, según yo lo veo”, etc)

Comunismo

A pesar de presentarse como una teoría económica, el comunismo es una ideología que va mucho más allá, y que dentro de sus características básicas está el ser ateo. Cristianismo y comunismo, son esencialmente incompatible, no sólo por el ateísmo de este último, sino además porque el comunismo describe la historia en términos de poder (quien es capaz de tener más o menos poder en un momento determinado), en tanto que el cristianismo pone al amor como el centro de la historia. Puede que alguien trate de poner a Cristo de su lado, sin asumir el cristianismo (como parecían hacerlo los de la fotografía), pero cualquiera que conozca los datos que tenemos sobre Cristo sabe que eso no es más que manipulación

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Cómo me convertí al mercado

A propósito del huracán Katrina, Thomas Sowell se ponía un ejemplo parecido a este:

A causa del huracán un número importante de familias se ven forzadas a huir de sus casas, lo que produce una demanda explosiva por las escasas habitaciones de alquiler que se encuentran disponibles en las áreas cercanas a la catástrofe. La ley del mercado dicta que ante un aumento de la demanda, los precios suben proporcionalmente, y en este caso deberían subir también explosivamente. El gobierno, previendo este efecto y con la buena intención de evitar un enriquecimiento abusivo, decreta que se congelan los precios de las habitaciones de alquiler.

Juan Rico entonces llega al hotel, y se encuentra con que hay un soldado en la puerta vigilando que no se produzcan disturbios y no haya mercado negro, y con los precios igual que si no hubera ocurrido nada. Entonces acuerda con el posadero tomar habitaciones, al precio que ha impuesto el gobierno, y como es rico, toma una para sí y su señora, otra para sus dos hijos hombres y una para su hija mujer. Como no es un mal tipo, también toma otra para la familia de su chofer y su empleada particular. Total: 5 habitaciones tomadas.

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Distributismo.

Chesterton decía que la gloria de la Iglesia Católica es que libera a los hombres de la humillante esclavitud de ser hijos de su tiempo. Cuando uno lee esta explicación acerca del distributismo, puede darse cuenta de qué quería decir.

En la época de Chesterton había dos grandes teorías económicas opuestas y que son conocidas por todos en el día de hoy: capitalismo y socialismo. El capitalismo decía que la propiedad privada no debería tener ninguna limitación, porque sólo así los individuos tendrían la libertad para producir la riqueza. El socialismo, por su parte decía que la propiedad de los medios de producción siempre debía ser pública porque sólo el Estado podía dar a cada cual según sus necesidades.
Ante estos dos sistemas, los distributistas defendían la propiedad privada, como los capitalistas, pero a diferencia de estos últimos, sostenían que tan importante como que sea privada era que tuviera ciertas limitaciones. Junto con esto se proponían medidas en pro de la distribución de propiedad privada y en contra de su concentración en pocas manos, y se insistía en la subsidiariedad del Estado.

Actualmente los hijos de esa generación han descubierto el comunismo por el horror que es y reniegan del capitalismo por las injusticias que produce, y se han vuelto a poner en práctica las mismas políticas en las que se basa en distributismo, pero por otro nombre. Hoy en día todos reconocen la importancia de la propiedad privada, pero el mismo tiempo admiten, salvo los más dogmáticos, que admiten ella tiene un papel social que cumplir ¡si hasta la constitución lo ha consagrado así!

Lejos de sentirnos huérfanos, en el mundo de la economía los hijos de la Iglesia Católica debemos cantar “!Hemos vencido!” (en vez de “venceremos”) porque los ideales por los que luchamos a principios del S. XX, hoy son los motores de la sociedad.

La tarea está lejos de haber sido cumplida, pero hemos logrado convencer a la comunidad acerca de la dirección correcta en la que debemos avanzar, y sólo podemos darnos cuenta de esta victoria si dejamos de ser hijos de nuestro tiempo.

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Más economía

El análisis de Álvaro Vargas Llosa, (que aparece en el mismo sitio de El Diario Exterior, de donde saqué mi anterior entrada sobre economía) , sobre la ayuda internacional de los países más ricos a los más pobres, menciona algunos puntos interesantes. Por ejemplo:

las causas de la riqueza de las naciones son bien conocidas: economías abiertas y derechos de propiedad protegidos.

Y pone de ejemplo a nuestro querido Chile. Yo al menos no lo tenía tan claro, pero ahora que lo ponen así, me parece una idea completamente razonable. Después de todo, sólo quien tiene su derecho de propiedad garantizado por la comunidad estará interesado en producir riquezas, y el producir riquezas para uno también implica producir riquezas para la comunidad. Si nuestras cosas pueden perderse o ganarse con facilidad, en el fondo se está premiando el golpe de suerte por sobre el esfuerzo.

En otro punto agrega:

La ayuda exterior se ha vuelto una herramienta de propaganda. No tiene tanto que ver con el alivio de la pobreza como con culpar a los países ricos por ser ricos.

En lo que a Chile respecta, no hablamos de ayuda exterior, que es muy poca, pero sí de “escandalosas diferencias entre ricos y pobres”. Este es un tema que la conferencia episcopal ha puesto de relieve en su última declaración y que ha sido tomado como bandera de campaña por todas las candidaturas, pero es muy fácil que un interés urgente de reducir la pobreza termine convirtiéndose en una política que culpa a los ricos por ser ricos. Debemos trabajar para reducir la diferencia entre ricos y pobres, pero no haciendo mas pobres a los ricos porque eso no es sostenible en el tiempo (al final los ricos se protegerán de todas formas), sino creando riqueza que permita hacer más ricos a los pobres.

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